
Domingo 2 de diciembre de 2007
Don Roberto escucha hablar a las paredes de la abandonada salitrera de Chacabuco, lugar en el que alguna vez fue prisionero político de la dictadura. Escuchó desde el adobe el llamado que lo obligó a regresar al mismo sitio que generaba sus horribles pesadillas y se quedó a vivir ahí completamente solo, únicamente acompañado de su sombra alargada e independiente.
Un documento que trata el tema de la deuda de la memoria. "Una premisa que supone que la reconciliación es una cuestión muy mal tratada. La reconciliación en Chile ha sido una propuesta política en vez de ética. Para los involucrados, esa reconciliación se ha planteado como una necesidad pragmática de dar vuelta la página, y eso no es así. Es una propuesta que no tiene vuelta y que sólo el tiempo puede, si no curar, al menos desvanecer", asegura Spoerer, fustigando el concepto local del reencuentro, un constructo que para él es una ilusión política, filosófica y religiosa parecida a la sombra de don Roberto, el protagonista del documental del mismo nombre que se llevó el Gran Premio Embajada de Francia por votación unánime del jurado del Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs), finalizado el 24 de noviembre.
URGENTE UN BIDET
El documental de Juan Diego Spoerer y Hakan Engstr m es una coproducción sueca que se rodó en el desierto de Antofagasta y que en ese país es exhibido en el horario en que acá se transmiten las teleseries prime. "Respecto al repetitivo discurso de que la TV es una mierda, nosotros hacemos otra analogía y podemos decir que la TV es un water en donde se produce y evacua un producto desechable como la mierda", acusa.
Spoerer destaca el esfuerzo de la institucionalidad nórdica. "La TV sueca no es totalmente diferente a la nuestra, también produce mierda y soup operas y asimismo tiene un afán de rating. Pero se trata de una TV financiada por el Estado con una representatividad mínima. Es como si fuese un water, pero con bidet", aclara. Algo que acá no sucede aún, sostiene. "Y dentro de ese ámbito, en el que no se responde a esos temas que nos atañen a todos, el directorio de TVN debería renunciar, ir a lavarse el culo o instalar un bidé en sus respectivas oficinas", agrega.
EL HORROR
Don Roberto es un hombre libre, "sin fronteras", según él. No es casualidad que no tenga un televisor en su pequeño reino abandonado. De hecho, asegura que "lo más cercano a la felicidad es la soledad". La cámara simplemente interpreta, dice Spoerer, sobre lo que logra la imagen con escasos diálogos. Revela la influencia del cine de Tarkovski en su visión del vía crucis personal del anacoreta. "En algún sentido, la película quisiera narrar esta frustración que siente don Roberto por no haber sido escuchado en su momento, junto a otros miles de chilenos. No de una manera explícita, sino que se deja a la libre interpretación de cada persona. El cine es una cuestión mucho más interpretativa que la narrativa escrita".
Un fenómeno que el director reconoce como tendencia, pues hoy existe un tratamiento distinto para entregar las historias, cree. Cita el caso de Sebastián Moreno, con el documental "La ciudad de los fotógrafos". "Son otras las generaciones que están haciendo esta memoria histórica y la tratan de otra manera. Hasta ahora se ha hecho una lectura muy en blanco y negro de lo que pasó".
En un juego de memoria personal, recuerda una observación que el actor Patricio Contreras le hizo hace 20 años, cuando el discurso mediático respondía a otros cánones: "Me dijo que en Chile no había lenguaje para narrar el horror. El lenguaje es algo que el alma política otorga o no otorga y en este país no se ha entregado ese lenguaje político para que ocurra. Lamentablemente, debe emerger de manera bastante periférica, creo". LCD