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  PSU: mayoría de alumnos tiene su suerte echada cuatro años antes de rendir test

  PSU: mayoría de alumnos tiene su suerte echada cuatro años antes de rendir test

  Dos académicas de la casa de Bello que analizaron los resultados del Simce de 8° año pudieron constatar cómo los alumnos con mejores y peores puntajes del test de básica se repiten en la PSU. No hay cambios. No hay opciones. Y la peor parte la sacan los más pobres. "Esto muestra cómo la PSU -lejos del discurso público- es un instrumento que legitima las desigualdades sociales".

Lunes 3 de diciembre de 2007

Hoy, más de 240 mil jóvenes van a rendir la Prueba de Selección Universitaria, requisito indispensable para acceder a la educación superior. Ninguno sabe, sin embargo, que gran parte de ellos ha determinado su fracaso o éxito en el test cuatro años antes de rendirlo. Así lo revela la investigación de Marisol Contreras y Francisca Corbalán de los equipos de Psicología y Educación de la Universidad de Chile (EPE), denominada "La suerte está echada. Estudio cuantitativo de los factores asociados al rendimiento en la PSU".

Realizado en los años 2005 y 2006, el trabajo -dirigido por Jesús Redondo, director del Observatorio Chileno de Políticas Educativas- se basa en los resultados del Simce de 8º básico del año 2000 y los de la PSU del 2004. Las conclusiones son claras: en primer lugar, el Simce surge como el mejor predictor para los puntajes de la PSU, pues se mantiene casi inalterable la lógica del desempeño en el tiempo. "Los niños a los que les fue mejor en el Simce son los mismos a los que le fue bien en la PSU, y a los que les fue peor en el Simce en su mayoría son los que sacaron los peores puntajes en el test de selección universitaria", dice Contreras.

Eso se explica porque el nivel de logro en educación básica aparece como una de las principales condicionantes para una buena PSU. Más que si en Educación Media se va a un liceo municipal o privado. El tema es que los alumnos más pobres están en colegios con peores Simce. A lo que se suma un hecho ya innegable: los ingresos familiares siguen incidiendo fuertemente en el éxito escolar.

"El análisis de datos demuestra que existen importantes diferencias entre estudiantes provenientes de familias con distintos ingresos en cuanto al nivel de escolaridad alcanzado por sus padres, el tipo de establecimiento al que asistieron (dependencia, si es urbano o rural y modalidad) y la calidad del contexto académico de educación básica. Mientras más pobres los estudiantes, peores resultados tuvieron sus escuelas en la enseñanza básica".

LOGRO Y FACTOR DINERO

En todos los niveles de ingreso familiar, los estudiantes con un logro en educación básica superior a la media nacional (es decir con puntaje Simce superior a 250 puntos, en 2000) obtuvieron mejores puntajes en la PSU que los con logro inferior a dicho puntaje.

Ahora si se desagrega el dato por ingreso familiar del escolar y se toma a todos los que tuvieron menos de 250 puntos en el Simce, la brecha se hace evidente. "Esto se traduce en que sólo el 20% de los estudiantes pobres que obtuvieron menos de 250 puntos en el Simce lograron más de 450 puntos en la PSU, versus 66% de los estudiantes provenientes de familias con un nivel de ingreso alto", precisa Marisol Contreras.

Contreras dice que si bien las diez variables estudiadas (ver dato) tienen un efecto significativo en la PSU, la que condiciona con mayor fuerza los puntajes (de matemáticas y lenguaje ) es el logro alcanzado en la educación básica (medido en el Simce). De hecho, este factor explica por si solo el 57,9% del rendimiento de la PSU.

"Esto no significa que lo aprendido hasta 8º sea causa única de lo aprendido en la Enseñanza Media, pues hay niños que escapan a esta determinación y porque sabemos que participan muchas otras variables. Pero sí se puede afirmar que, actualmente, en la gran mayoría de los jóvenes la suerte esta echada cuatro años antes de rendir la PSU", señala la investigadora.

LEGITIMADOR DE DIFERENCIAS

En ese sentido, para las investigadoras la PSU es un instrumento que legitima las desigualdades sociales y constituye una forma actualizada del fracaso escolar por el hecho de que sus condicionantes principales son de orden socioeconómico, de formación básica y de contexto académico. "La distribución de sus puntajes coincide estrictamente con la distribución del ingreso", explica Contreras.

"Lo que se dice públicamente de la prueba es que es una medición objetiva, válida y confiable del mérito personal, un ordenamiento legítimo de la capacidad y el esfuerzo de los jóvenes. Sin embargo, obteniendo puntajes sobre los 450, prácticamente todos los estudiantes de alto ingreso familiar ocupan plazas universitarias, mientras sólo un 23 % del resto de los estudiantes logra matricularse en las universidades del Consejo de Rectores. Así, la PSU aporta también a la reproducción de las desigualdades sociales y a su legitimación", sentencia la especialista.

La Nación

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