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Martes 4 de diciembre de 2007
-Tus alumnos están montando "Soy de la Plaza Italia", obra basada en un libro de cuentos homónimos que publicaste en los 90. ¿Recuerdas cómo fue escribir en esa época?
-Sí y recuerdo que fue difícil porque había terminado la dictadura, la cual había sido mi motor para escribir y hacer teatro. En los 90, la voz era otra. Ya no había que hacer resistencia cultural y uno entraba en una especie de autismo camino a la democracia. Yo me preguntaba ¿Y de qué hablo ahora? Fue así como llegué a escribir esta serie de cuentos que en lugar de hablar de grandes pasiones y utopías, se detenía en los deseos de la gente común y corriente. Fue bonito porque me entregó otra mirada. Mal que mal, estábamos en transición.
-¿De qué hablan estos relatos?
-En este montaje son siete y hay diversos personajes: un prostituto gay que recorre el centro de Santiago y se enfrenta a las aprobaciones y rechazos sociales, una aseadora del Teatro Municipal que es evangélica y tiene premoniciones de futuros crímenes o una mujer que se vuelve presa de su pasado a través de su obsesión por mirar una y otra vez un álbum de fotos. Estos cuentos intentan darle mitología a la ciudad, siempre oscilando entre la tragedia y el humor.
-¿También están los lanzas o la señora Juanita de Ricardo Lagos?
-(Suelta una carcajada) ¿Existió alguna vez? No, no están. Pero sí la amiga que vende pepas y el volado punkie que se sienta en la vereda. La universalidad de los personajes urbanos no muere tan fácil. Las calles tienen memoria.
-Por último, ¿en qué consistirá el montaje sobre el teatro chileno que preparas para el 2009?
-Se va a estrenar en Matucana con motivo del bicentenario. Y la idea es reflexionar sobre los 200 años de Chile, que por cierto, no sólo están compuestos de batallas militares, sino de sus creadores, del espíritu de los ciudadanos y pensadores que están tan olvidados desde que creemos vivir en un mall y nos interesa la farándula. Quiero rescatar a nuestros primeros dramaturgos, ésos que hablaban sobre la independencia y que sufrían por amor en 1870, hacer repaso de lo que nos sucedía a nivel artístico, por lo menos hasta la guerra civil. Hay pensadores detrás de las batallas, héroes anónimos perseguidos y exiliados. Sin ellos, las batallas sólo serían anécdotas. Y yo quiero resucitar a gente como Camilo Henríquez o Infante. Volver al origen.