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  El renacimiento de las razas

  El renacimiento de las razas

  El ADN de dos personas es idéntico en al menos un 99%. Pero nuevas investigaciones están explorando cada vez más la fracción restante para explicar las diferencias entre la gente de distintos orígenes continentales.

Martes 11 de diciembre de 2007

Recientemente los científicos han identificado pequeñas variaciones en el ADN que son responsables de la piel pálida de los europeos, la tendencia de los asiáticos a sudar menos y la resistencia de los africanos occidentales a algunas enfermedades.

Al mismo tiempo, la información genética está saliendo en forma inadvertida del laboratorio y en la vida diaria, llevando con ella el ineludible mensaje de que la gente de distintas razas posee distintos ADN. Pruebas de ascendencia le dicen a los clientes que porcentaje de sus genes son de Asia, Europa, África y las Américas. La droga para las enfermedades al corazón BiDil es comercializada exclusivamente entre afroamericanos, que parecen estar genéticamente predispuestos a responder a ella. A los judíos les ofrecen pruebas prenatales para desórdenes genéticos raramente hallados en otros grupos étnicos.

Tales desarrollos están proveyendo algunos de los primeros beneficios tangibles de la revolución genética. Aunque algunos críticos sociales temen que también le estén dando una nueva fuerza a los largamente desacreditados prejuicios raciales. La noción de que la raza es más profunda que la piel podría socavar los principios de tratamiento igualitario y oportunidad que se han sustentado en la presunción de que todos fuimos creados iguales.

"Estamos viviendo una era de la ascendencia de la biología, y tenemos que ser muy cuidadosos", dice William Henry Gates Jr., director del Instituto WEB Du Bois para la investigación africana y afroamericana de la Universidad de Harvard. "Todos estaremos caminando sobre una delgada línea entre usar la biología y permitir que se abuse de ella".

Base genética

La afirmación de que existe una base genética para la raza está saliendo a la superficie en blogs que dominan la escena, en las aulas universitarias y en el seno de una creciente comunidad de examinadores. A causa de la ubicuidad del ADN, pareciera, la idea se le ocurre a muchos que antes rechazaban o que nunca antes habían considerado la posibilidad. Los no científicos ya están comenzando a armar conclusiones altamente especulativas sobre el históricamente cargado tema de la raza y la inteligencia a partir de nuevos datos biológicos.

El mes pasado, el dueño de un blog en Manhattan describió un estudio recientemente publicado que relacionaba varios pedazos de ADN con un alto coeficiente intelectual (CI). Una base de datos genética utilizada por investigadores médicos, dice a los lectores, mostró que dos de los pedazos eran hallados más frecuentemente en europeos y asiáticos que en africanos.

Sin importar si el vínculo entre el CI y aquellos particulares pedazos de ADN no estaba confirmado, o que otros pedazos de alto CI son más comunes en africanos, o que cientos o miles de otros quizás afecten la inteligencia, o que su influencia combinada podría parecer ser enana debido a factores ambientales.

La simple existencia de tales diferencias genéticas entre razas, proclama el autor del blog Half Sigma, un creador de software de 40 años de edad, significa que "la teoría igualitaria", según la cual todas las razas son creadas iguales, "resulta ser falsa".

A pesar de que pocos pedazos del código genético humano que varía entre individuos ha sido vinculado con rasgos físicos o de comportamiento, los científicos han encontrado que más o menos 10% de ellos son más comunes en ciertos grupos europeos, y que pueden ser empleados para distinguir a gente de distintas razas. Dicen que al estudiar las diferencias, las cuales surgieron durante las decenas de miles de años en que las poblaciones humanas evolucionaron en continentes separados siguiendo la dispersión de sus ancestros desde la cuna de la humanidad en el este de África, es algo crucial para cartografiar las bases genéticas para la enfermedad.

Momento muy delicado

Muchos genetistas son reacios a discutir sobre las implicaciones sociales de sus hallazgos. Aún así, algunos reconocen que sus datos y métodos se extienden a rasgos no médicos, el ámbito se encuentra en lo que un investigador líder recientemente llamó "un momento muy delicado y peligroso".

"Existen claras diferencias entre gente con ancestros de distintos continentes", dice Marcus Feldman, profesor de ciencias biológicas de la Universidad de Stanford. "Todavía no se trata de cosas como el CI, pero lo veo venir. Y tiene el potencial de desencadenar una nueva era de racismo si no comenzamos a explicarlo mejor". Feldman dice que cualquier hallazgo relativo a la inteligencia tiene posibilidades de ser excesivamente difícil de precisar. Pero dado que tal vez alguno surja, él desea crear "equipos de respuesta rápida" de genetistas para tales descubrimientos cargados de peligros en perspectiva.

Los científicos advierten que existe gente que teme que la autoridad derivada del ADN ha hecho posible liberar a presos injustamente encarcelados, prevenir enfermedades y reconstruir lazos familiares, y que ello hace que se eleve erróneamente a la genética por encima de otras explicaciones para las diferencias entre grupos.

"He pasado los últimos 10 años de mi vida investigando cuanta variabilidad existe entre las poblaciones", dice el doctor David Altshuler, director del Programa de Genética Médica y de las Poblaciones del Broad Institute de Cambridge, en Massachusetts. "Pero viviendo en Estados Unidos, es tan claro que la economía y las diferencias sociales y educacionales tienen una influencia mucho mayor que los genes. La gente simplemente tiene una fijación en la genética, incluso si su influencia es muy pequeña". Pero en Half Sigma, y en todas partes, la conversación ya está anticipando e imaginando el futuro y lo que quizá suceda si se identificaran las diferencias codificadas genéticamente en rasgos deseables, o no deseables.

"Si tuviera que creer los hechos en este momento, qué debería hacer"?, contesta una lectora. ¿"Debiera yo abogar en favor de la discriminación en contra de los negros porque son menos astutos"? ¿Debiera dejar de contratarlos en mi compañía porque podría encontrar una persona blanca más inteligente? Dejemos de intentar probar que un grupo de personas son genéticamente inferiores a nuestro grupo. Simplemente dejémonos de eso".

Validar prejuicios

Renata McGriff, de 52 años, una consultora en salud afroamericana que ha estado alentando a clientes negros para entregar voluntariamente información genética a científicos, dice que ella y otros afroamericanos han estado discutiendo sobre "decidir o no participar en la investigación genética hasta que esté claro que no se va a usar la ciencia para validar prejuicios".

Tales discusiones son parte de las miles que siguieron a la afirmación del genetista y premio Nobel James Watson, que dijo el mes pasado que los africanos son innatamente menos inteligentes que otras razas. Watson se disculpó subsecuentemente y dejó su puesto en el Laboratorio Cold Spring Harbor en Long Island.

Pero el incidente se ha sumado a la inquietud sobre si la sociedad está preparada para manejar las consecuencias de la ciencia que quizás revele diferencias apreciables entre las razas en los genes que influyen rasgos socialmente importantes.

Aunque incluso algunos autodenominados liberales afirman que el hecho de aceptar que tal vez hay diferencias genéticas entre las razas es importante para prepararse a enfrentarlos políticamente. Otros esperan que los datos genéticos puedan provocar un vuelco en nociones preconcebidas de superioridad racial al mostrar, por ejemplo, que los africanos son innatamente más inteligentes que otros grupos. Pero de cualquier manera, el reciente flujo de conversaciones sobre el tema normalmente tabú de la raza y la genética ha causado que algunos sugieran que las diferencias innatas deben ser aceptadas pero -hasta cierto punto- ignoradas. "Sin que importe alguna de tales variaciones genéticas, es nuestro deber moral tratar a todos por igual ante Dios y ante la ley", escribe Perry Clark, de 44 años, en un blog del New York Times. No es necesario, argumenta Clark, doctor retirado en Kansas City, para mantener la pretensión de que las diferencias raciales al nacer no existen.

International Herald Tribune
The New York Times Syndicate

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