
Miércoles 12 de diciembre de 2007
Fue casualidad, pero no por eso, menos interesante. El Spirit, el robot explorador que la NASA tiene en Marte, acaba de lograr lo que puede considerarse uno de sus mayores hallazgos desde que llegó a suelo marciano. Al remover la arena del planeta, descubrió un paraje rico en sílice, un compuesto que forma el cuarzo y es común en la arena de nuestro mundo, siempre asociado a microorganismos.
Una de las ruedas del robot, medio rota por el uso, iba removiendo la tierra a su paso sobre el rojizo suelo de Marte cuando los investigadores se dieron cuenta, el pasado mes de mayo, de que había dejado al descubierto un área de aspecto más brillante de lo normal.
Los ingenieros de la NASA decidieron reprogramar al rover y lo hicieron dar la vuelta para analizar con detenimiento la arena. Tras varios análisis llegaron a la conclusión de que está compuesta en gran parte por dióxido de silicio o sílice, lo que apoya aún más la conclusión a la que ya habían llegado el Spirit y su hermano gemelo el Opportunity: Marte fue un lugar apto para la vida.
La abundancia de sílice en ese terreno marciano puede deberse a dos posibles causas, según los investigadores: el lugar albergó un géiser (fuente de aguas termales) o bien allí había fumarolas (gases que escapan del interior del planeta). En ambos casos, son buenas noticias, pues tanto un fenómeno como el otro son propicios para el desarrollo de vida bacteriana.
"Cualquiera de estas condiciones que la produjeran, esta concentración de sílice es probablemente el descubrimiento del Spirit más significativo a la hora de revelar un nicho habitable que existió en Marte en el pasado", asegura Steve Squyres, geólogo de la Universidad de Cornell y principal investigador del programa Mars Rovers de la NASA.
El Opportunity y el Spirit están en Marte desde enero de 2004. Eso hace que algunas de sus piezas, como la ahora célebre rueda del Spirit comiencen a mostrar síntomas de fatiga, aunque en este caso resultó una suerte.