
Miércoles 12 de diciembre de 2007
Hace unos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó su Informe "Trabajo Decente y Juventud - Chile". Según este estudio, en el país el desempleo juvenil triplica la tasa de desocupación nacional en los últimos 10 años. Además, señala que el 11,5% de los jóvenes no estudia, no trabaja ni busca empleo y que el aumento en el desempleo se debe en parte a la falta de oportunidades y de políticas coordinadas, con un enfoque integral.
Cuando hay cifras que muestran que el 45% de los jóvenes vive en hogares pertenecientes a los dos quintiles más pobres del país y que cerca del 17% de ellos no estudia ni trabaja, se hace necesaria una política pública que promueva el empleo juvenil y "que agrupe, coordine y sistematice los programas e intervenciones existentes", señala el texto.
El documento fue elaborado por el proyecto Promoción del Empleo Juvenil en América Latina (Prejal) de la OIT y muestra que a pesar de las positivas cifras nacionales de indicadores económicos y sociales de Chile, la tasa de desempleo juvenil es tres veces la cifra general, lo que se hace más grave si se considera sólo a los segmentos juveniles más pobres. Esta situación, dice el estudio, es una clara señal de un problema estructural.
Para tener en cuenta: en 1997 la tasa de desempleo era del orden del 6,7% mientras la juvenil de un 15,9%. El año pasado, las cifras eran de 7,9% y 19,1%, respectivamente.
El estudio también muestra que la tasa de participación de los jóvenes en el mercado del trabajo en Chile es de las más bajas de América Latina. Lo que se relaciona con el crecimiento de la tasa de escolarización, pero también con la falta de trabajos adecuados jóvenes. Prejal hace mención al sistema de educación, señalando que en él se reproducen las diferencias sociales porque condicionan el acceso a otras oportunidades en niveles superiores de educación y ello a su vez, el tipo de trabajo.
El documento concluye que faltan políticas articuladas que fomenten el empleo digno entre los jóvenes porque la oportunidad de trabajo es clave para salir de la pobreza. Aunque reconoce que existen algunas intervenciones, el texto insiste en que no están hechas para ellos y no toman en cuenta las particularidades de su realidad.
Los programas, dice Prejal, son dispersos y desarticulados porque no existe un órgano que lidere y coordine todas estas iniciativas.
Por eso plantea una nueva hoja de ruta que fortalezca parte de las estructuras ya existentes pero que también cree otras nuevas, siempre promoviendo la coordinación de instancias público y privadas, con diseños pertinentes a mediano y largo plazo que permitan de verdad generan una política de empleo juvenil.
Para el Departamento de Estudios del Ministerio del Trabajo, "en el contexto actual y atendiendo a las enormes y rápidas
transformaciones sociales, toda política pública requiere rediseños y revisiones permanentes; sobre todo aquellas de capacitación y empleo". En ese sentido y en pos de reenfocar las actuales políticas de fomento al empleo juvenil "se han tomado diversas medidas, como el incremento (al triple) en cobertura e inversión pública de estos programas. También se estudian rediseños con el objeto de hacerlas más pertinentes a las particularidades juveniles, que les permitan complementar y desarrollar de manera paralela, estudios y trabajo".