
Domingo 16 de diciembre de 2007
Mientras "Fiebre de sábado por la noche" aparecía en cartelera, Alfredo Castro debutaba totalmente desnudo en el teatro con la obra "Eqqus". Era 1977 y el actor no recuerda bien si vio el filme en el cine o si bailó "Stayin alive", de Bee Gees. Sencillamente, la película de John Badham no le movió el piso. Sin embargo, hace dos semanas terminó de filmar "Tony Manero", la nueva cinta de Pablo Larraín ("Fuga") que trae de vuelta al ícono encarnado por John Travolta, 30 años después.
Fueron seis semanas rudas, física y emocionalmente, donde no hubo espacios para la actuación, las muecas, voces teatrales y repitiendo hasta 15 veces las escenas del guión escrito por Mateo Iribarren, Larraín y él. Y, claro, bailando como Manero, luego de tres meses de ensayos con la coreógrafa Francisca Sazie.
"Ahora la vi cuatro veces, pero más por la parte del baile, que es muy difícil. Cuando Travolta vio la coreografía dijo que no haría la película", explica Castro, quien revela que "pasé por muchos procesos, desde memorizarla hasta hacer cosas que correspondieran a nuestra realidad e imaginario: cumbia, guaracha y una pretensión de hacer estos pasos sofisticados. No era posible que el tipo la imitara tal cual, porque en ese tiempo no había devedés, tú ibas al cine y veías la película".
Ahí empieza "Tony Manero" en el cine, específicamente en el Normandie. Y a Raúl, el sicópata personaje de Castro, la cinta sí le mueve el piso. Tanto que después de verla varias veces se obsesiona con la ropa y peinado de Manero, pero sobre todo con el piso de vidrio donde baila, al punto de matar "a mucha gente", revela para conseguirlo.
En palabras del actor, su personaje no es Tony Manero, sino "un hombre viejo que vive de bailar. Llega la película a Chile, se obsesiona, le enseña el baile a su grupo y aspira a ser el doble oficial de John Travolta en Chile. Lo imita sólo para bailar, es el único rigor de un hombre que vive en la frustración y quizás el único cruce que tiene con Fiebre de sábado por la noche , aparte del baile".
FILME POLÍTICO
Raúl vive en una casa esquina del barrio Brasil con su pareja (Amparo Noguera) y dos amigos interpretados por Héctor Morales y Paola Lattus. Allí venden desayunos, comida y en la noche apagones, bombazos y toque de queda mediante transforman el boliche en una boite sin patente, donde cantan y bailan canciones de Frecuencia Mod para poder parar la olla.
Fuera de la pista de baile, la situación política de Chile en 1977 está marcada por el ingreso de los primeros civiles al régimen militar, algo que paradójicamente no atenuó el ejercicio de la violencia de Estado y pasó a la historia como uno de los años con mayores crímenes y atrocidades.
"Fue uno de los años más fuertes de la dictadura y este tipo no está ni ahí con lo que pasa en el país, no tiene ningún arraigo político o social. La película está atravesada sutilmente por varias escenas que van contando el entorno social de lo que se vivió esos años. Se ven las calles, hay escenas con milicos, panfletos y rayados", recuerda Castro.
Sin embargo, a lo largo del filme no hay epifanías que asomen en su conciencia. "Pertenece a ese tipo social fuera de ética que pasó la dictadura sin saber ni ver nada. No es una historia romántica y ridícula de un tipo pobre que quiere cumplir el sueño americano bailando. Es una película absolutamente política: el que un tipo de una clase que sufrió los mayores rigores de la dictadura sea incapaz de ser solidario con su entorno más próximo y vive en torno a una obsesión, es muy político", remata.
SICÓPATA SIN REDENCIÓN
La escena del baile se filmó, como toda la cinta (1.900 horas en celuloide), en plano secuencia de entre ocho y tres minutos y cámara al hombro. Se hizo sin carritos ni trípodes, pero sí muchos extras. "Fue genial porque Pablo trabajó en crudo. Empezó la música, salimos a bailar, la gente se rió, aplaudió entre medio y pasó lo que tenía que pasar".
El trabajo de arte estuvo a cargo de Rodrigo Bazaes ("Machuca"). Son insinuaciones estéticas que apelan a la época y se manifiestan en peinados, ropas, muebles y electrodomésticos. Las imágenes de archivo sólo aparecen catódicamente en las escenas en que los personajes ven televisión.
Aunque Castro adelanta que la última escena es muy política "de soplonaje, bien fuerte" , prefiere reservarse el final de la película. Lo que sí cuenta es que termina en el concurso de dobles del "Festival de la una", previa mención comercial de "Sabrosalsas Deyco", premiación con una manta "Poncholindo" y con cameo del mismísimo Enrique Maluenda: "Fue muy generoso y lo hicimos con una escenografía calcada", dice.
Pero la última filmación, en rigor, fue en soledad. Salieron todos, incluido Maluenda. Sólo la cámara, el equipo y Castro improvisando el baile con música de Frecuencia Mod (hay un video similar en YouTube): "Fue tremendo, conmovedor, casi me morí. Me provocó mucha compasión el desarraigo de Raúl, su pobreza intelectual, su falta de humanidad para entender el momento político... su miseria". LCD