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  "El D.F. es una mala broma de Dios"

  "El D.F. es una mala broma de Dios"

  Acaba de publicar "Malacara", novela donde un hombre desea vivir con dos mujeres y cometer un crimen. "Pero probablemente sea otra cosa", dice, y asegura que en la vida "no aprendemos nada, esta es la historia que contamos todos los días". Adelanta que vendrá a Chile en 2008.

Domingo 16 de diciembre de 2007

"Los delirios de un loco, una digresión absoluta, un vagar por las obsesiones de un hombre que no acierta a construir nada perdurable. Es el desorden literario en persona, así que puede comenzarse más o menos desde cualquier página", recomienda Guillermo Fadanelli (1963) a quienes desean ingresar a su última novela, "Malacara", publicada por Editorial Anagrama, sello en el que aterrizó hace tres años con los libros "Compraré un rifle", "La otra cara de Rock Hudson", y el 2006 con "Educar a los topos".

Desde Berlín, donde se encuentra hace un año, deja por unas breves horas sus paseos por la capital alemana, para comunicarse con el cono sur. "El año siguiente iré a Chile por decisión propia, a conocer Santiago y Valparaíso. Espero ser un paseante que se comporte a la altura", dice Fadanelli con su voz cansada desde el otro lado del Atlántico.

"Mi nombre es Orlando Malacara. Al menos es el nombre que se encuentra registrado en los escasos documentos que poseo: un pasaporte que parece haber sido mordido por un perro, una antigua credencial de elector y un acta de nacimiento que contiene nombres escritos por medio de una caligrafía pasada de moda", escribe el autor en su última entrega; el autor que se pasea de gorra oscura para combatir la calvicie.

PRIMERA PELEA PERDIDA

En la contratapa de la serie de relatos "El día que la vea la voy a matar", se agradece a Fadanelli su aporte al género "realismo basura". Pero la etiqueta no fue más que otra de las invenciones del escritor, quien se autoeditó por varios años, estudió Ingeniería y se inventó una biografía nacida de las experiencias más delirantes y siniestras de su ciudad natal.

"El pasado lo inventas desde el presente, es un absoluto misterio. Han pasado tantos años desde que mi padre conducía un tranvía por las calles de Ciudad de México. Viví en un barrio de pobres y perdí mi primera pelea a los siete años contra el hijo del director de mi escuela. Fue la primera de una larga serie de derrotas en la escuela primaria. Después las cosas cambiaron, pero al principio fue así".

-Y las mujeres?

-En mi casa no había libros, pero a cambio mi madre maldecía a la humanidad con una imaginación prodigiosa; magnífica influencia para un escritor. Desde niño, el mundo femenino me atrapó en sus redes. Tuve una novia rubia a los diez años, pero me besaba con otras.

-¿Cuándo escribiste "Malacara"?

-La escribí recién fallecidos mis padres. Pasé de ser hijo sin hijos a un huérfano entrado en años. Nunca más volveré a escribir algo ni remotamente parecido. De cualquier manera, puedo decir que "Malacara" es la historia de un hombre que desea vivir con dos mujeres al mismo tiempo y que, además, desea cometer un asesinato para vengarse de la humanidad. Yo presento así la novela, pero probablemente sea otra cosa.

SOLITARIOS Y DESQUICIADOS

El autor de la novela "Lodo" dice no tener una rutina definida en Alemania. "Depende quién se queda en mi casa, el vino de la noche anterior o el efecto que me hagan las pastillas para dormir. Sin embargo, camino mucho, me gusta más beber en los bares que en mi casa. A veces salgo a correr a un parque cercano, es necesario porque sin ejercicio no hay cuerpo que destruir", cuenta para después de unas horas enviar una foto por correo electrónico sentado en la mesa de un boliche germano con una cerveza a un centímetro de sus manos cruzadas.

Y como si se mirara al espejo, asegura que "la persona que más detesto en el mundo soy yo mismo. Y no me falta razón. Me interesan los escritores solitarios, las islas, los desquiciados, los que no pueden dominar el estilo".

Fadanelli mide cerca de 1,90 y es demasiado delgado. Al desplazarse con su voz quebradiza y manos en movimiento parece que se fuese a desarmar. Pero no es justamente lo que llama la atención de los berlineses. "Ellos son por lo general amables, idealistas y trabajadores. Su idealismo es de origen agrario. Me he entendido bien con ellos, pese a que mi vagancia suele parecerles un tanto extraña", relata, para luego dejar en claro su idea de novela.

"Es en sí un universo abierto siempre a la interpretación, al gusto. Escribirlas es de por sí una actividad vanidosa como para que el escritor nos recite además su proyecto totalizador. No aprendemos nada, esta es la historia que contamos todos los días".

Y sobre proyectos futuros de escritura dice que existen dos personajes históricos que le interesan, "pero los mantendré en el anonimato para que descansen tranquilos en su tumba. Quizá más tarde, en el asilo de ancianos, me ocuparé de ellos".

-El D.F. mexicano es como Comala de Rulfo para tus personajes, ¿no?

-El D.F. es una mala broma de Dios, una droga que deja huellas perennes. No es un tema que haya elegido para sorprender o seducir al lector, sino que es un tema que me ha sido impuesto. Una ciudad que está siempre a punto de derrumbarse y sin embargo sigue de pie. En el D.F. el otro no existe, una invención que no nos concierne. Sólo basta darse un paseo por la periferia para saber que la ciudad no es un asunto resuelto. Y bueno, un escenario así es siempre propicio para el arte o la escritura. Así que cada uno sobrevive a su manera, es la ciudad de la rapiña. LCD

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