Inicio

  El dueño de las curvas

  El dueño de las curvas

  Ayer cumplió cien años este comunista brasileño, que es catalogado como "el último de los modernos" y el arquitecto más longevo de Occidente. Acá, algunos trazos y conversaciones con el creador de los edificios más eróticos y voluptuosos que pueblan la tierra.

Domingo 16 de diciembre de 2007

Para quienes no lo conocen puede parecer extraño, pero para el legendario arquitecto brasileño Óscar Niemeyer la samba es mucho más importantes que la arquitectura. "Hay mucha miseria en este mundo y, en particular, en Brasil", me dice; "¿pero qué podemos hacer?". Niemeyer arde en deseos de mencionar a su viejo amigo Castro, a sus nuevos amigos Chávez y Morales, así como a su amigo brasileño Lula. Lo que todos esos insignes políticos tienen en común es, según Niemeyer, que actúan para mejorar la condición humana y, por lo tanto, son más importantes que los arquitectos. "Como la poesía, la arquitectura por sí misma no puede cambiar el mundo", afirma resignado.

¿Pero qué ha hecho o hace él para mejorar el mundo? Cuando tuvimos nuestro encuentro estaba diseñando un centro de congresos en Fortaleza, en el noreste del país, para el Movimiento Sin Tierra, una organización de trabajadores pobres de las zonas rurales. "Un arquitecto solo no puede solucionar sus problemas ni los problemas de la favela, porque eso es como luchar contra la naturaleza o contra la fuerza de una montaña. Sin embargo, podemos ofrecer mejoras paralelas, como construir escuelas, o nuevas infraestructuras deportivas o culturales".

Este año se ha hecho público el anuncio de que va a construir el estadio donde se celebrará el Mundial de Fútbol de Brasil 2014, y que si alcanza a inaugurarlo lo hará con 107 años. También se ha dado a conocer el proyecto de un gran complejo cultural y de ocio en Avilés, frente al mar, su primera obra en España. Por todo ello, Niemeyer aceptó que centráramos nuestra conversación en el futuro. Al fin y al cabo, cuando uno está a punto de cumplir cien años, "tienes que arreglar algunas cosas, como una llamada al orden".

UN BLANCO FÁCIL

Para algunos críticos, Niemeyer resulta un blanco fácil. Es un comunista de la vieja escuela, un auténtico estalinista, con cierta tendencia por populistas como Chávez y Morales. Se presenta a sí mismo como un personaje extraído de alguna epopeya ("soy un hombre sencillo"), controlando con cuidado el más mínimo detalle y reescribiendo en caso de que sea necesario su propia historia. Y, lo que es peor, sus recientes proyectos parecen repetitivos; en algunos casos (como en la escultura de Bush), incluso van más allá del kitsch sentimental. Sin embargo, la poco ortodoxa modernidad de Niemeyer es hoy inmensamente popular. "Es mies pasado por el ácido", declaró un famoso crítico de arquitectura en un artículo de "The New York Times" sobre Niemeyer, "el último de los modernos".

Sí, es muy fácil atacar con los argumentos expuestos al casi centenario arquitecto Óscar Niemeyer, ¡el arquitecto más longevo de la historia de la civilización occidental! Así que decidí adoptar un punto de vista moderado y escucharlo atentamente a él y a sus colaboradores. Me reuní con Jair Valera, el fiel jefe de su estudio, donde lleva ya trabajando más de 35 años. Visita a su jefe todos los días para repasar los bocetos que éste sigue realizando cotidianamente y que a un lego le parecen unos garabatos incomprensibles. Atrás quedaron los tiempos de las amplias curvas en los proyectos de edificios monumentales o los erotizantes dibujos ("La forma sigue lo femenino", le gusta decir) de voluptuosos desnudos femeninos. ¿Es la arquitectura de Niemeyer forma y sólo forma? "No, es tecnología engarzada con la naturaleza", afirma Valera. "Nos gusta calcular las sensuales formas de Óscar y convertirlas en edificios".

EL LEGADO DEL ÚLTIMO COMUNISTA

Acerca del legado arquitectónico de Niemeyer, las opiniones difieren. Hablé con uno de los historiadores de la arquitectura más importantes de Brasil, Lauro Cavalcanti, comisario de una exposición en el centenario de Niemeyer. Cavalcanti es autor de una lúcida guía arquitectónica titulada "Cuando Brasil era moderno". La exposición presentaba al visitante unas versiones ampliadas de los escritos de Niemeyer y luego se concentraba en los dibujos y las maquetas de los proyectos recientes, como la piscina de Potsdam, cuya finalización está prevista para el 2009. "Nadie entiende de verdad los dibujos arquitectónicos, todo tiene que ponerse en un texto. Los políticos sólo entienden el texto, en caso de que entiendan algo de arquitectura", admite Niemeyer. Tuvo que "simplificar un poco" la piscina de Potsdam para conseguir la aprobación final. El proyecto fue paralizado en mayo de 2006, cuando el ministro de Economía, Ulrich Junghanns, supo que el edificio iba a costar más de lo previsto. ¿Por qué una piscina de Niemeyer tenía que costar más que cualquier otra piscina?, preguntaron los políticos locales.

Sin embargo, ahora que Niemeyer está a punto de cumplir los cien años, todos están orgullosos de él. "Resulta sorprendente ver cómo Niemeyer sigue dibujando y construyendo, también en el extranjero", afirma Cavalcanti. "Es como si hubiera un resurgir de Niemeyer, a pesar de las múltiples críticas sobre la funcionalidad de sus edificios". Por ejemplo, se lo ha atacado muchas veces por la deficiente acústica de sus escuelas realizadas con bloques de hormigón prefabricado. No obstante, también la compañía Vitra, famosa por ser muy escrupulosa, le ha encargado un proyecto que pronto se edificará en su sede en Weil am Rhein. En realidad, estar presente ahí es como entrar en el hall de la fama de la arquitectura contemporánea. Aunque con ocasión de la búsqueda de un arquitecto para el ya frustrado proyecto para un Museo Guggenheim-Río, el alcalde de la ciudad consiguió ofender a Niemeyer al declarar: "Queremos un arquitecto, no un escultor". Por lo tanto, acudí a Niterói para visitar a Luiz Guilherme Vergara, un niemeyeriano creyente que dirige el museo inaugurado allí en 1996. Con todas sus curvas exteriores e interiores, ¿no resulta un edificio bastante difícil para exhibir obras de arte? "Hay que usar este edificio como una máquina para la percepción y presentar las muestras en consonancia", afirmó Vergara, quien también trabaja con Niemeyer para crear un centro comunitario orientado a promover la creatividad de los pobres de Niterói. Niemeyer siempre se ha mostrado generoso con los desvalidos, a veces haciendo incluso proyectos sin cobrar, como el caso reciente de una plaza para la Universidad de La Habana, su primer proyecto arquitectónico en Cuba. Su escultura de Bush se instaló en esa ciudad a finales de 2006, como regalo de cumpleaños a Fidel Castro. Castro suele decir que Niemeyer y él son "los últimos comunistas de este planeta".

"Al final, el capitalista es un auténtico perdedor", coincide Niemeyer con Castro. Le preocupa que "Fidel no está muy bien", sin mencionar en absoluto su propio estado físico tras haber sufrido una rotura de cadera. Luego, sonríe mientras me cuenta la siguiente anécdota, una historia que habrá contado mil veces: "Nunca he querido subirme a un avión [Niemeyer viaja desde hace décadas ha llegado incluso a Caracas con el mismo chofer, a quien ha construido como regalo una modesta casa cerca de la favela]. Así que Fidel vino a Río. Con ocasión de una visita a la oficina en Copacabana, era ya más de la medianoche, resultó que el ascensor no funcionaba. Tuvimos que despertar a un vecino para pasar por su apartamento y utilizar el montacargas. Mi vecino abrió la puerta y casi le da un ataque de corazón al encontrarse con un imponente Fidel que le ofrecía un puro a modo de disculpa". Presto atención a la débil voz de Niemeyer, y a su mezcla de francés y portugués. Quién sabe, quizá sea una de sus últimas entrevistas.

Niemeyer me ha recibido en el minúsculo dormitorio de su apartamento de Ipanema. La sala de estar estaba llena esa mañana de polvo y ruido, con operarios dedicados a abrir grandes agujeros en el techo. A lo lejos se oían las voces amortiguadas de criadas y cuidadores. No hay nada sofisticado en el hogar que comparte (¡acaba de casarse!) con su nueva esposa, Vera Lucía Cabreira, que ha cumplido 60 años. Tampoco hay nada sofisticado, salvo la espléndida vista, en la oficina situada en el apartamento de Copacabana, donde varios miembros de la familia, también arquitectos, mantienen vivo el legado arquitectónico del abuelo.

Me pregunto qué software utiliza José Carlos Sussekind, su ingeniero de confianza, para calcular los diseños de Niemeyer y enfrentarse a sus constantes peticiones de arcos cada vez más amplios y planos voladizos de hormigón reforzado. Niemeyer habla con toda naturalidad de abarcar más metros sin apoyo alguno, mientras cita a Le Corbusier diciendo "la arquitectura es invención" y "sólo me gustan las iglesias por los grandes espacios". Sin embargo, salvo por la mención al gran modelo Le Corbusier, tampoco hay nada religioso ni sofisticado en Niemeyer.

UN AGUJERO EN LA MODERNIDAD

No es posible pasar por alto la contribución de Niemeyer a la arquitectura del siglo XX. Hizo un agujero en la modernidad inyectando a la doctrina internacionalista las tradiciones y los lenguajes populares y en especial locales (brasileños), desde el barroco colonial hasta la naturaleza tropical. Niemeyer creó una sensibilidad lírica y populista. No sólo le gusta combinar curvas, sino que encuentra inspiración todos los días en las curvas de las montañas situadas cerca de Río y en las de las mujeres brasileñas. Su autobiografía publicada en 1998, "Les courbes du temps", está profusamente ilustrada con formas femeninas. Como dijo Rem Koolhaas tras una visita a la oficina de Niemeyer en Copacabana, "Niemeyer es la prueba viviente de que en la arquitectura interesante, el sexo y el comunismo van juntos". El propio Niemeyer es, por una vez, más realista: "El verdadero reto para la arquitectura del futuro sólo está planteado por la tecnología, y la tecnología nunca ha sido tan generosa con la arquitectura. Pero el arquitecto tiene que ser capaz de reflexionar también sobre otras cosas además de la arquitectura. Los arquitectos deberían querer ser ante todo intelectuales". En este punto, Niemeyer empezaba a cansarse, perdía la voz: "Quiero seguir construyendo para los seres humanos, para permitirles encontrarse con otros seres humanos. Una arquitectura que organice encuentros humanos, eso es lo que me interesa. Y la dibujo todos los días". Aquel día, Niemeyer sonaba como la samba. Pensé: ojalá que tenga una vida aún más larga. 

Redes Sociales »

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.