
Lunes 17 de diciembre de 2007
Las cámaras, siempre el terror se incubó en las cámaras. Lo sabía Hitchcock, ese gordo fantástico del susto. Una vez llegaba Hitchcock al aeropuerto de Londres y una niña despistada de la aduana leyó el pasaporte del director: "productor", decía. Miró a este caballero y le preguntó desganada: ¿Y qué produce usted? Y él le respondió acercándosele como en zoom al oído: "carne de gallina".
YouTube podría ser la mejor creación del universo hitchcockiano, la ventana indiscreta universal, el ojo puesto en todos atento a nuestros asesinatos, a los momentos de pasión, a los crímenes ajenos. Las cámaras escondidas en teléfonos celulares vuelan por millones en manos anónimas, Hitchcock las hubiera homologado con pájaros dispuestos a atacar sin razón aparente (aunque el espectador siempre sabía los motivos antes que el protagonista). Las cámaras, deliraría el inglés, nos sacarían los ojos lanzándose en bandada, pellizcarían las carnes, succionarían -negras, graznando- la sangre que nos correría por el cuello. De la cámara a Youtube. De Youtube al escándalo, la realidad y la muerte.
Pamela Díaz hizo su propia película de terror, una de venganza despiadada pero exquisita. Scorsese la aplaudiría, Coppola, también. Porque no sólo se queda en el asesinato a sangre fría de sus antiguos amigos, también hay en el guión una cuota de cine gansteril. Ella dice que jamás subió su filme a YouTube pero, ¿quién le cree? Es más, ¿vale de algo creerle? Lo había anunciado hace meses. "Tengo algo que podría destruirlos". La tensión en el auditorio crecía conforme se abría la cortina del baño y se escuchaba el agua de la ducha cayendo en los cuerpos desprevenidos de sus camaradas. Entonces llega el epílogo y, puñal en mano, lo hunde una y otra vez sin perder la sonrisa. Deja tres muertos, tres "rostros" de Chilevisión obligados a disculparse bochornosamente ante la audiencia y a los ejecutivos del canal conscientes de que están haciendo televisión sentados en un polvorín.
Aquí, mientras los tiene de rodillas frente a la cámara, el filme de Díaz toma aires de western, arrastrando a sus enemigos por la calle principal del pueblo atados a su caballo. Sonríe Hitchcock desde la dimensión desconocida. Es lo que produce YouTube y las cámaras que están a su disposición: carne de gallina.