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Lunes 17 de diciembre de 2007
El televisor de la casa en Los Angeles, Estados Unidos, de Lucho Gatica suena con el volumen alto, pero con algo de interferencias. "Estoy viendo un partido del América, mi equipo mexicano. ¿En Chile? Siempre fui hincha de O Higgins como buen rancagüino. De hecho, las últimas veces que he estado en Chile fui a verlo", cuenta Gatica al teléfono.
Después de años de ser injustamente ignorado en nuestro país, la temporada 2007 tuvo recompensa para el bolerista. Fue jurado de un programa de música en Canal 13, inmortalizará sus manos en el salón de la fama en Los Angeles y hoy presenta un vino de lujo que lleva su nombre: Lucho Gatica es bolero. "Nunca sentí que la gente se había olvidado de mí. En Chile siempre me tratan como a un ídolo y desde que partí que me mostraron un cariño incondicional", señala.
Los logros de Gatica son monumentales. Tuvo amigos como Nat King Cole, admiradores como Ava Gardner y generó una pasión desmedida en sitios como México, Brasil, España, Filipinas y Japón. Además de ser uno de los preferidos del padre de Paul McCartney. "Una vez me encontré con McCartney en un avión. Me acerqué a saludarlo, le pedí un autógrafo para mi hija y le dije que me llamaba Lucho Gatica. El hombre me reconoció y me habló de que su padre me escuchaba mucho. Fue una alegría tremenda", recuerda.
El bolerista no siente que, en los últimos doce meses, su nombre se haya puesto de moda. Todo lo contrario. Cree que su música y la forma de interpretar sus canciones siempre se han valorado. "No me puedo quejar. Quizás algunos creen que la gente se olvida y que no te recuerda porque no estás actuando todos los días. Pero en todos los lugares a los que voy, el público me manifiesta su cariño".
Gatica desestima que, con el paso de los años, su inolvidable y único timbre de voz se haya extinguido. Es más, cuenta que todos los días trabaja en su forma de cantar. "No he perdido mi voz. Siempre me llaman para ofrecerme shows y ensayo varias horas al día para perfeccionarme. La voz es un instrumento que hay que pulir todos los días", cuenta.
-En sus entrevistas siempre dice que es un agradecido de la vida
-Pero obvio pues. Me consagré en Brasil, un lugar al que ningún cantante latino tiene muchas posibilidades de éxito. Trabajé con tipos como Tom Jobim, Armando Manzanero que es un monstruo y tengo amigos como mi compadre Julio Iglesias. Eso, además de tocar en lugares como Nueva York, Cuba, Argentina y España es una bendición. Me siento un afortunado.
-¿Y en sus primeros años tenía muchas novias?
-Jajaja como cualquier persona que hace música. En Brasil había una locura por mí y había muchas chicas que me seguían.
-¿Y qué hacía?
-Lo que hace cualquier persona en ese lugar. Pero no voy a contar detalles. Pero de que lo pasaba bien, lo pasaba bien. Tuve mucha suerte.
-¿Qué opina de tener un vino con su nombre en Chile?
-Una alegría tremenda. Que mi amigo Carlos Cardoen se acuerde de mí me genera satisfacción. Es mucho el cariño que me tienen.
-Siempre se habla de un triunvirato en la música chilena que lo integran Víctor Jara, Violeta Parra y usted. ¿Se siente mejor que ellos?
-Nunca tuve competencia con ellos. A Víctor Jara no lo conocí. Y a Violeta Parra tampoco. Aunque siempre me llamó la atención que en Chile no la reconocían tanto como en Francia donde era muy respetada. Además que hizo un tema como "Gracias a la vida" que quedó inmortalizado. Lo mejor es que tanto ellos como yo mostramos a Chile en el exterior. Y ese es mi gran orgullo. LN