
Viernes 28 de diciembre de 2007
Ubicado en Santiago se encuentra el principal sospechoso que habría participado en el crimen de la ejecutiva bancaria María Soledad Lapostol. El nombre que maneja tanto la policía como la Fiscalía es el de Luis Araya Galaz, de 32 años, quien aparece en las imágenes difundidas este miércoles y que correspondería a la última persona que estuvo con la mujer .
Ayer extensas reuniones en el OS-9 de Carabineros determinaron la diligencia que llevó a efectivos policiales a periciar un automóvil que, según trascendidos, correspondería a la hermana de Araya y que habría permanecido estacionado desde hace un par de días en la Villa Militar, de Peñalolén. Otro de los datos que salió a la luz tras individualizar al sujeto que aparece en el ascensor del edificio donde trabajaba Lapostol, en avenida El Bosque Norte 0440, es su prontuario.
Éste permaneció desde el 25 de febrero de 1998 hasta el 17 de febrero de este año privado de libertad luego de ser condenado a diez años como coautor del delito de robo con intimidación, perpetrado en perjuicio de Alejandro Díaz Rodríguez, en la ciudad de Rancagua. Fuentes ligadas al caso señalaron que funcionarios de Gendarmería que lo conocieron en la ex Penitenciaría lo habrían identificado a través de las imágenes difundidas por medios de comunicación, dando aviso al Ministerio Público.
MODUS OPERANDI
Casi nueve años permaneció recluido Luis Araya. Lo insólito -y que relaciona los hechos de antaño con la investigación sobre el crimen de Lapostol- es el similar modus operandi con el que actuó en el ilícito por el cual fue sentenciado.
Según consta en el fallo, el sujeto habría viajado junto a César Osorio Galaz (coimputado en la causa) hasta Rancagua en febrero de 1998. Por medio de un aviso clasificado de un diario llegaron hasta Díaz Rodríguez, quien tenía a la venta un Jeep Vitara color rojo.
Tras contactarlo y dar una vuelta de prueba, ambos sujetos procedieron a intimidarlo con arma de fuego y lo trajeron hasta Santiago donde lo obligaron a girar desde un cajero automático 390 mil pesos. Una historia parecida a la de Lapostol. Pero en esa oportunidad Araya Galaz y su acompañante abandonaron el vehículo y a su víctima en la comuna de Ñuñoa.
ESTADÍA EN LA CÁRCEL
La estadía de este individuo en la cárcel, según relatan cercanos, fue la de un hombre ejemplar. Es por esta razón que ganó la confianza de funcionarios de Gendarmería que durante al menos el 90% del tiempo que estuvo tras las rejas lo hicieron partícipe como "mocito", como se les llama en la jerga delictual a quienes cumplen mandados.
Por sus características intelectuales, sabía de computación y un poco de contabilidad, desde que llegó a la ex Penitenciaría trabajó en las oficinas administrativas del Comité de Navidad.
Esta situación lo llevó, luego en el 2005, a realizar una denuncia ante la Fiscalía Centro Norte por el presunto robo de dineros cometidos por funcionarios penitenciarios que derivó en una investigación que aún se encuentra vigente (ver recuadro). Los funcionarios que mantuvieron un contacto fluido con Araya Galaz mientras permaneció en la cárcel señalaron que el sujeto cumplió con los talleres de rehabilitación, nunca sostuvo rencillas con otros internos y no contaba con un perfil sicológico alterado.
Por estas razones y por cumplir los requisitos que se necesitaban sale en libertad el 17 de febrero de este año, acogiéndose a un decreto de ley.