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  El chileno erótico de Hamburgo

  El chileno erótico de Hamburgo

  Llegó a Europa sin saber ni una gota de alemán y terminó como director de un museo de arte erótico que cuenta con obras de Goya, Picasso y John Lennon. Es médico neurocirujano e hijo de exiliados, pero una de sus grandes pasiones es organizar exposiciones donde el erotismo es la máxima.

Domingo 30 de diciembre de 2007


Todo en la vida puede ser erótico, hasta la muerte", decreta Álvaro Rebolledo, el médico chileno que el 2003 se convirtió en el director del museo de arte erótico de Hamburgo. A los ocho años llegó a Alemania y gracias al contacto con Tomi Ungerer, un escritor y dibujante francés, en 1992 cayó en la inauguración del museo.

Claus Becker, un exitoso empresario inmobiliario, decidió habilitar un lugar donde exponer arte erótico porque la mayoría de los grandes artistas han hecho obras de ese tipo. Pinturas, esculturas, dibujos, instalaciones audiovisuales, desfiles de moda erótica y hasta presentaciones de tango alberga este recinto de ladrillos.

"La razón del museo es que hay arte erótico que tiene un muy buen nivel artístico. No todo lo erótico es pornográfico o sucio o no se puede mostrar", explica Rebolledo. Por eso apenas conoció la obra de Becker se hizo fan número uno de las exposiciones y actividades. "Hasta cambiaba mis turnos del hospital cuando me llegaba una invitación del museo", recuerda.

Con el tiempo el médico chileno se hizo amigo del empresario germano y mientras vivía en Irlanda junto a su esposa el 2001, Becker lo visitó. "Habíamos tomado vino cuando me dijo que él no tenía energías para seguir con el museo y me ofreció que yo lo hiciera", recuerda.

El chileno creía que no tenía las condiciones, porque él nunca estudió arte y dedicaría sólo su tiempo libre al museo, ya que su trabajo era la medicina. Pero Becker insistió. Su esposa había muerto de un cáncer cerebral fulminante y el empresario había perdido el entusiasmo inicial. En septiembre de 2003 Rebolledo volvió a Hamburgo y tuvo que cumplir su promesa: se hizo director del museo.

"ALLENDE ERA COMO EL ZORRO"

Álvaro Rebolledo, hijo de una profesora y un matemático santiaguinos, llegó a Francia en 1969, a sus tres años, cuando su padre hacía un doctorado. A fines de 1972 volvió a Chile junto a su mamá para vivir la vía chilena al socialismo de Salvador Allende. De esos meses sólo recuerda con alegría una concentración política a favor del entonces presidente.

"Estábamos con otros niños y creo que Allende me dio un vaso de Fanta, pero quizás fue sólo mi imaginación de niño", dice sonriendo. Tampoco olvida la amargura de la irrupción de los militares en su casa, la quema de libros y el miedo. "No tenía idea de política, pero cuando me dijeron que Allende murió, yo lloré, porque para mí era un héroe como el Zorro" explica recordando sus siete años.

Después de eso su padre, que seguía en Francia haciendo un doctorado, logró que salieran de Santiago rumbo a París. Álvaro nunca más volvió a vivir en Chile, por eso no se siente latinoamericano. "Yo no soy de ninguna parte. No soy chileno, ni francés, ni alemán. Tengo pelo oscuro, cara de indígena y me miran como extranjero, pero he vivido gran parte de mi vida acá", concluye.

Hoy está casado con una alemana, tiene dos hijos rubios y mientras no está en el hospital se dedica a organizar exposiciones, lanzamientos de discos de tango y desfiles en una casa de ladrillos rojos convertida en museo erótico.

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