
Domingo 30 de diciembre de 2007
"Podría ser abatida en la pista, desde que bajara del avión". Benazir Bhutto no exageraba. Ocho años después de haber optado por el exilio para evitar la prisión, la "Sultana" de la política paquistaní regresó en octubre de 2007 a cobrar su venganza. Y sus innumerables enemigos, empezando por las hordas de Al Qaeda en Pakistán que se atribuyeron el atentado que le costó la vida , preparaban sus armas.
Desde los barrios bajos de Karachi hasta las grutas inaccesibles del Hindu Kush, desde Peshawar la tribal a Lahore la imperial, 160 millones de paquistaníes, entusiasmados o disgustados por el juego político internacional que les regresó a la "heredera" de su exilio, contenían el aliento.
Benazir Bhutto no carecía de valor. La muerte merodeaba en torno de esta mujer desde hacía mucho tiempo. Padre ejecutado, hermanos asesinados: la hija adulada del extravagante Zulfikar Ali Bhutto, Primer Ministro destituido y después ahorcado por órdenes del dictador Zia-ul-Haq, era la última carta de la más célebre dinastía política y feudal del País de los Puros.
En dos ocasiones, la presidenta vitalicia del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) ganó las elecciones. En dos ocasiones, ella dirigió el Gobierno central en Islamabad. Y en dos ocasiones, ella fue destituida a medio mandato por "incompetencia y corrupción".
Repuesta en su lugar gracias a las gestiones del Gobierno de George W. Bush, tomada por sorpresa por la impopularidad de su aliado local, el general-presidente Pervez Musharraf, la "heredera" supuestamente formaría con el líder golpista un tándem moderado, capaz de hacer frente a la ola islámica y, sobre todo, de mantener el arma nuclear al abrigo de tentaciones aventureras.
Washington deseaba que el general, en el poder desde 1999, permaneciera a la cabeza del Estado, mientras que ella sería Primera Ministra. Para Benazir hubiera sido la tercera ocasión. Sea cual hubiera sido el resultado, advertía un colega paquistaní, "esto se va a bambolear".
LA INCOMPARABLE
Esta es la historia de una bella niña pálida nacida en 1953, con cuchara de oro en la boca, batallones de sirvientes enturbantados a su servicio y regimientos de siervos y aparceros diseminados en un dominio familiar tan grande como cualquiera de los departamentos de Francia. "Pinkie", como la llamaba su padre, fue la mayor de la camada.
Zulfikar la llamó Benazir, la "incomparable" en la lengua del Sind, cuna de la familia. Benazir Bhutto, en ocasiones, hablaba de ancestros mongoles y de una "filiación" política con Raziya, la sultana turcomana de Delhi, la única musulmana que ha reinado (1236-1240) sobre los indios.
El bisabuelo Bhutto era un "zamindar", un terrateniente. Su hijo fue hecho noble por el colonizador británico y el dominio creció. Zulfikar supo utilizar ese pedigrí en su fulgurante carrera.
Diputado, ministro, Presidente de la República, Jefe de Gobierno, carismático y en ocasiones populista, niño mimado de las masas pobres, seducidas por su discurso igualitario y socializante, Zulfikar dominó la vida política de su país durante un decenio. Para bien y para mal.
A los nueve años, Benazir desayunaba con él en compañía de Zhou Enlai, el delfín de Mao Tse-tung. A los 16 años se codeó con Henry Kissinger, y a los 18 con Indira Gandhi, la inflexible "emperatriz" de las Indias. Ella solía decir que "no había elegido su vida". Es cierto. Pero incluso en un país con tres cuartas partes de población analfabeta, donde el voto se compra por poblados enteros por órdenes del "zamindar" local, no basta pertenecer a una dinastía rica para echar mano del poder supremo. Hay competencia.
Y además está el Ejército: unos 580 mil militares de carrera, 40% del presupuesto nacional, un imperio industrial y agrícola de 10 mil millones de dólares, un Estado dentro del Estado; en suma, la única institución nacional organizada.
PREDESTINADA AL PODER
En 60 años de existencia, Pakistán, república islámica surgida de la sangrienta partición de la India en 1947, ha conocido tres guerras con su gran vecino, cuatro constituciones y otros tantos golpes de Estado militares, con 30 años de dictadura. Entonces, para tomar el poder en Islamabad y mantenerse en él se necesitan medios.
También se requiere de una determinación inflexible, tenacidad, mucha energía, una buena dosis de cinismo, una total falta de escrúpulos y mucho valor. "BB", como la llamaban las revistas locales, estaba provista de todos esos ingredientes.
El padre era sunnita, la madre chiita. Pero como todos los retoños de la clase alta, "Pinkie" se educó en un convento cristiano. A los 16 años, buena alumna, inteligente y trabajadora, salió del país a estudiar en Harvard (Estados Unidos). De jeans, cabellera al viento y música de rock en su convertible, la muchacha llevó una vida despreocupada, entre veladas llenas de humo y manifestaciones agitadas contra la guerra de Vietnam.
"Yo no me destinaba a la política", decía. "Yo quería ser diplomática, quizá periodista". En 1973, su papá fue elegido Jefe de Gobierno. Dos años antes, él desempeñó un papel importante en la pérdida de Pakistán Oriental que se convertiría en Bangladesh , lo cual fue una verdadera tragedia nacional. A los 20 años, Benazir tomó rumbo a Oxford.
En 1977, ella regresó a un país al borde del abismo. El desorden era general. Se sucedían las manifestaciones y los asesinatos. Zulfikar Ali Bhutto había prometido demasiado a demasiada gente, a demasiados intereses divergentes. Les dijo que sí a los islamistas que entonces despertaban a la política y que no dejarían de crecer y multiplicarse desde entonces.
Para gran consternación de Washington, Zulfikar lanzó un programa nuclear nacional. Pero, como rico terrateniente que era, no llevó a cabo la gran reforma agraria prometida. Benazir tampoco lo haría.
Diez días después del regreso de su hija adorada, el Primer Ministro fue arrestado y se proclamaron el estado de urgencia y la ley marcial. Benazir y su familia fueron puestas en arresto domiciliario. El desenlace es conocido: el proceso, la condena a muerte, el ahorcamiento de su padre cuando Benazir tenía 26 años. Para evitar la prisión, sus dos hermanos y su hermana huyeron al extranjero. Benazir, por su parte, tuvo varios períodos de detención, más o menos prolongados, más o menos duros.
Ella pudo ver a su padre unos días antes de su ejecución. Él le dijo: "Sé valiente, Pinkie, nos volveremos a ver en el otro mundo". Ella tenía la rabia en las tripas. "No tuve más opción, pues mucha gente me exigía que recogiera la estafeta de mi padre".
EUROPA A SUS PIES
Benazir partió a su vez al exilio en Londres, reorganizó el PPP a distancia y regresó triunfal en abril de 1986. Un millón de paquistaníes enamorados gritaban su nombre y la cubrían de pétalos de rosas.
Dos años después, ella finalmente llegó a su meta. En 1988 se convirtió en la primera mujer a la cabeza de un país islámico, que contaba entonces con 104 millones de habitantes. Benazir era joven, bella, inteligente y cultivada. Estaba en la portada de todas las revistas del universo y sedujo al planeta.
Entre sus ilustres "víctimas" estuvo François Mitterrand, deslumbrado por su porte altivo bajo ese velo de seda blanca que no se quitaba nunca y el cual, diría el Presidente francés, "manejaba tan bonito". El encanto siempre fue una de las cartas de triunfo de Benazir.
En el exilio, ella se hizo retocar la nariz, los ojos, la mandíbula. Pero la belleza no bastaba para gobernar a una nación tan tormentosa, pobre y heterogénea. La "Incomparable" cometió los mismos errores de su padre y se rodeó de una corte de incapaces y advenedizos, haciendo promesas a diestra y siniestra.
En diciembre de 1987 se casó con el elegante Asif Ali Zardari, play boy de patente. El 6 de agosto de 1990, por presiones del Ejército, fue destituida de sus funciones de Primera Ministra, después de 20 meses de Gobierno. Mientras se hablaba de "incompetencia", ella se dijo víctima de un complot.
En octubre de 1993, Nawaz Sharif, su viejo rival político y también surgido de la clase rica, fue destituido como Primer Ministro. "Corrupción caracterizada" fue el pretexto aducido. La "Sultana" regresó, pero al parecer no había aprendido de sus fracasos. Más autocrática que nunca, trató de eliminar a sus adversarios uno tras otro, amplió su séquito, gastó a manos llenas y nombró a su esposo ministro de Inversiones.
Apodado "Míster 10%", Asif había nacido rico, pero se volvió riquísimo. En 2007, "The Wall Street Journal" calculó que la "pareja real" había acumulado "entre 100 y 1.500 millones de dólares", producto de comisiones y sobornos diversos en todo tipo de contratos. En Pakistán se entablaron procesos por desvío de fondos y en Suiza sigue pendiente otro por lavado de dinero.
LOS AÑOS DUROS
Benazir Bhutto desmentía todo en bloque, denunciando una "manipulación política". En septiembre de 1996 fue asesinado a balazos su hermano Mir Murtaza, que se había aliado en su contra con su madre, la begun (princesa) Nusrat: ninguno de los dos soportaba la corrupción de Asif ni los métodos autoritarios de la "Sultana".
Benazir aseguró que pocos días antes del asesinato de su hermano había ocurrido la reconciliación familiar. Entonces se encontró sola, pues diez años antes, en Cannes (Francia), su hermano menor, Shah Bhutto, había sido envenenado en forma misteriosa. Dos meses después de la muerte de Mir Murtaza, la "Sultana" fue destituida de nuevo y Asif fue puesto en prisión. No saldría de ella hasta seis años más tarde, enfermo y debilitado.
A cambio de su regreso, Benazir obtuvo que se retiraran todas las acusaciones en contra suya y de su esposo. Dijo que había cambiado. Que había "reflexionado mucho" y "entendido mucho". A los 54 años, madre de tres hijos y adicta al chocolate, ya había perdido la larga y delgada silueta de princesa oriental que tanto contribuyó a su adulación planetaria. Su muerte, sin duda, habrá de marcar una nueva etapa en la historia de Pakistán, que ahora tendrá que aprender a vivir sin una de sus dinastías reinantes.
Le Monde
The New York Times Syndicate