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  Evaluación del Gobierno: Nota 7

  …El 7 tiene otras dos razones: de un lado, es un gesto sarcástico y contestatario ante tanto criticismo ramplón. Y de otro lado, es una forma de revelar falsedades en la política criolla: mientras buena parte de la alta dirigencia política, compuesta principalmente por experimentados políticos y potentes líderes, se encontraba en campaña y en competencia por las presidenciales, el Gobierno hacía algo "insólito", gobernaba, y la Presidenta, hasta con un dejo de socarronería, se salía con la suya. …

Domingo 30 de diciembre de 2007

Ha llegado otro fin de año y con él las inundaciones de informes, reportajes, análisis, etc., que tienen como tema el balance del año político. Frente a esta marea es inútil insistir que, en la realidad, no hay coincidencias de lapsos entre año calendario y año político.

Y es aún más estéril recalcar que la política se mide por coyunturas, períodos o ciclos y no por las medidas arbitrarias de los tiempos cronológicos. Pero, como algunas mareas son irresistibles, henos aquí barruntando un par de ideas sobre balance político.

Ninguna duda cabe que uno de los componentes sublimes del ritual es la evaluación del Gobierno. Ahora bien, con una Concertación alicaída y una derecha ensoberbecida y agrandada, el Gobierno desde el campo político tiene asegurada a priori una evaluación muy negativa.

¿Y qué se puede esperar de los principales mass media? Suponiéndoles con un esfuerzo sobrehumano de abstracción que sus juicios serán "objetivos" e "independientes", también allí el Gobierno tiene garantizada una mala o pésima calificación. Y ello, porque hacia allá impele la aplicación de la "filosofía mediática" que rige en los grandes periódicos y canales de TV.

La "filosofía mediática" consiste, entre otras cosas, en no pensar la realidad, sino lo que los medios han dicho o escrito sobre ella. Y consiste además en el trato preferencial de lo anecdótico y lo fenoménico, o sea, en la narración de la superficialidad más tangible y espectacular de los hechos o sucesos.

Congruentes con esa "filosofía", los mass media no pueden sino calificar mal al Gobierno. De lo contrario, entrarían en contraposición con la imagen calamitosa que de él han difundido durante todo el año.

Por supuesto que hay una buena cantidad de indicadores a los que se puede recurrir para amparar una evaluación negativa: la permanencia de deficiencias en el Transantiago, bajas en popularidad del Gobierno y de la Presidenta, indisciplinamientos y escisiones en la Concertación, constantes desavenencias entre el Gobierno y sus parlamentarios, desprolijidades en nombramientos y en la puesta en marcha de medidas, fallas en la anticipación y manejo de conflictos sociales, debilidades en la conducción política al seno del Gobierno, ministra mal calzada, etc.

Y este cuadro se oscurecería más si se le agregara que la oposición ha tenido un muy buen año: han explotado el Transantiago hasta el hastío, las relaciones entre sus partidos son las mejores en mucho tiempo, en sus filas está el presidenciable mejor posicionado, en el Parlamento han adquirido un enorme poder negociador, etc.

Ahora bien, precisamente por esas adversidades es que resulta encomiable la acción del Gobierno en el año que termina, si lo que se valora de un gobierno es su función político-histórica y su capacidad para influir en la formación de un deber ser de la sociedad.

Encomiable, en primer lugar, porque la Presidenta ha resistido, casi con estoicismo, los embates para cambiar sus lógicas y agendas medulares. Y en segundo lugar, porque con una suerte de "pasión" hegeliana "la pasión es fría", escribió en alguna parte Hegel ha ido sacando adelante las matrices y esencias programáticas más fielmente inspiradas en sus convicciones.

En efecto, entre tanta turbulencia son pocos los que parecen haber percibido que en el curso de este año se asentó política, legislativa y socioculturalmente la impronta definida por Michelle Bachelet para su Gobierno: jerarquizar y priorizar, con mirada histórica, la construcción de sistemas y políticas permanentes e institucionalizadas que atiendan y resuelvan las carencias y problemas sociales.

No es exagerado decir que en el año que finaliza y merced al accionar perseverante del Gobierno, la "cuestión social" volvió a ocupar la centralidad que tal cuestión tiene o debe tener en las culturas de centroizquierda, centralidad que se ha extendido social e históricamente, contaminando incluso a sectores de la derecha.

Por un buen rato más, no podrá hacerse política en Chile sin situar como centro la "cuestión social", como tema protagónico y no agregado a otra centralidad.

¿Es suficiente todo aquello para calificar con nota 7 el año gubernamental? En rigor, no. Pero hay profesores barreros. En tal sentido, el 7 tiene otras dos razones: de un lado, es un gesto sarcástico y contestatario ante tanto criticismo ramplón.

Y de otro lado, es una forma de revelar falsedades en la política criolla: mientras buena parte de la alta dirigencia política, compuesta principalmente por experimentados políticos y potentes líderes, se encontraba en campaña y en competencia por las presidenciales, el Gobierno hacía algo "insólito", gobernaba, y la Presidenta, hasta con un dejo de socarronería, se salía con la suya.

Publicado con autorización del Centro de Estudios Sociales Avance (www.centroavance.cl).

 

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