
Domingo 30 de diciembre de 2007
Las cuatro de la tarde en verano, esta casa en calle Luis Thayer Ojeda debe ranquear alto entre los lugares mejor climatizados de Santiago. La sombra, la calma y el jardín inmenso recuerdan al Campus Oriente de la Universidad Católica, y la fachada a una locación de teleserie donde vive la familia protagonista.
No sabemos lo que está pensando Miriam Palacios, pero es probable que esta última impresión le acomode. Camina por todo el patio casi sin detenerse. En silencio, con las manos detrás de la espalda y la cabeza gacha como si estuviera memorizando un texto mientras le toca su turno de grabar.
Egresada del Teatro de la Universidad de Chile en los setenta, el Alzheimer le ha hecho olvidar que fue actriz. Pero hay cosas que no desaparecen. De los 20 ancianos que viven en la casa de reposo Hogar Dulce Hogar, ella se mueve con más flexibilidad que el resto. Su mente, eso sí, se mantiene en un territorio imposible de explorar.
"Para esto tienes que tener paciencia, porque los abuelitos tienen estados agresivos, de repente gritan, pelean, y ella también", dice Marcela de Calixto, que junto a sus hermanas Angélica y Mónica cantante de cierta fama en los ochenta, administran el lugar hace seis años.
Las De Calixto se han convertido en enfermeras de una generación, la misma que disfrutó con el radioteatro popularizado por su padre, Eduardo de Calixto, que se transmitió por más de 40 años y que le da el nombre al asilo.
En esta casa descansan los que fueron jóvenes en la era posgolpe. Wolf Triepte, alto, delgado y de ojos azules, es la encarnación del personaje que describe Víctor Jara en "Las casitas del barrio alto". Gerente de comercio exterior de un banco, jubilado hace 30 años, mira unas llaves que están sobre la mesa, las toma y le pregunta a Marcela:
¿Tienes un Mercedes Benz?
- ¡Nooo!, un Dodge dodge patas se ríe.
Ah, pero el Dodge es muy buen auto, salvo porque hay que regularle el embrague. Yo tuve dos, también una citroneta y dos Mercedes Para el Mundial del 62 importé mil televisores...
Don Wolf es hijo del pintor Oskar Triepte, cuyas obras son de las más cotizadas del catálogo nacional. "A mí no me queda ningún cuadro, la plata la maneja mi hija", dice don Wolf, que vive aquí hace un año y medio con su ex esposa.
Toda la gente que viene aquí es "de clase media alta", explica Marcela. Venir a esperar el final en esta casa cuesta entre 300 mil y 500 mil pesos mensuales, dependiendo si se está en una pieza sola o compartida.
Muy pocos parientes vienen de visita. Algunos llegan hasta la puerta, entregan el cheque y se van. La última que ocupó la pieza más grande fue Silvia Piñeiro, que murió en 2003. Aunque recibía una pensión cercana al millón de pesos, vivía gratis aquí y los tubos de oxígeno que necesitaba se los proveyó la Municipalidad de Providencia. "El hijo se quedaba con toda la plata, nunca nos pagó. La Silvita vivía aquí de buena onda nomás", cuenta Marcela de Calixto.
Mientras hablamos llega la hora del té. Miriam camina hasta un extremo de la mesa y saca una mitad de pan con manjar. En el camino hasta nosotros ya lo ha devorado. Se detiene frente a nuestra mesa, me da dos palmaditas en el hombro y, mirándome de arriba abajo, me dice: "Te queda fantástico".
Sigue andando hasta perderse en otro punto del jardín. La miro con detención y creo entender por qué la gente se agolpa cuando llaman a un casting para un programa de televisión. La fama asegura un pedazo de inmortalidad. El rostro de Miriam Palacios mantiene una luz que la distingue de los demás. Incluso el resto del grupo, con la memoria mutilada, se acuerda de ella. El 20 de diciembre, cuando celebraron la Navidad, un equipo de "SQP" vino a verla.
Sin embargo, en cuanto a las visitas, su situación no es mucho mejor. "Nadie viene a verla. A veces su hermana y una vecina, la que arregló todo para instalarla acá", dice Marcela. La actriz vive de una pensión mínima y el resto de los gastos los cubren las anfitrionas.
Nos muestran la casa. En el living hay un señor sentado, inmóvil. Se parece muchísimo a Javier Bardem en su papel del hombre que ruega por una eutanasia en "Mar adentro". Nos enteramos que Mónica de Calixto, la cantante de la familia, también pinta. De alguna misteriosa manera, el fotógrafo convence a Miriam Palacios para que se siente junto a uno de los cuadros. Sonríe y se deja fotografiar.
Contagiada por un rayo de lucidez, otra anciana que no se ha movido del sofá empieza a cantar en alemán. Miriam se para, camina hasta quedar frente al fotógrafo, le golpea suavemente el hombro derecho y le dice "te quedó perfecto", para volver a perderse en un rincón del patio.