
Domingo 30 de diciembre de 2007
La cocina en Chile del 2007, y sobre todo su tendencia, ha sido tan poco seria que esta crónica, como balance anual, no puede ser todo lo rigurosa que sería menester. Casi nos preguntamos: ¿para qué analizar lo bueno, si es casi exactamente lo mismo del año pasado? ¿Para qué analizar lo mejor, si mucha gente va a preguntarnos por qué no señalamos a Matías Palomo y sus caviares de soya, o a Rodolfo Guzmán, el "cocinero científico", y sus platos ahumados con sabor a carbón?
Los mejores siguen siendo El Europeo, Astrid y Gastón, Bel Paese, A Pinch of Pancho, el Nolita, Puerto Fuy, Ana María. Y cercanos a nuestro corazón, y más económicos, La Bodeguilla, el Centre Catalá, el Txoko Alavés, el Pinpilinpausha, los sándwiches y la cazuela de vacuno del Liguria, los arrollados del San Remo en avenida Matta, la pescada frita de Augusto en el Mercado Central y los rellenitos árabes del Omar Khayyam en avenida Perú.
También debemos agregar, en el último tiempo, los callitos a la madrileña con garbanzos o sin ellos y la fabada asturiana porotos viejos al fin al cabo de La Hacienda Gaucha de Lucio Torres, en Vicuña Mackenna al llegar a Plaza Italia.
Eso es lo que hay, aparte de los sándwiches gloriosos y perennes de la Fuente Alemana, del Lomit s de Providencia y del inmarcesible lomito o arrollado en marraqueta de La Unión Chica, en la calle Nueva York.
UN AÑO FARANDULERO
El año gastronómico 2007 estuvo más ajetreado que todos los anteriores. Hubo decenas de aperturas de restaurantes, restaurantitos o resto-bares, lo que no quiere decir necesariamente que hubo progreso gastronómico, de calidad de platos o servicios.
Los buenos siguen siendo los buenos, y los malos, malos. Nada nuevo bajo el sol. La apertura más esperada, el Tierra Noble, en una costosa esquina de Nueva Costanera, lugar en que lo más importante fue el arquitecto y que se montó con inversión millonaria del padre de la dueña, un banquero importante, nació sin vida, porque de cocina no tiene nada que valga la pena.
Lo más relevante que han brindado algunos de los lugares estrenados este año ha sido una intoxicación con ostras que sufrió hace dos semanas la "pareja gourmet", el chef argentino Rodrigo Toso y su mujer Inés Berton, que vinieron a cocinar al Ritz Carlton y tuvieron la mala idea de aceptar una invitación a cenar en Chile.
Lo que sí hubo en 2007 fue el incremento de la farandulización de la comida, como en todo. En un mundo en que todo es mediático, y casi todo frívolo, trivial, accesorio, cualquier "rostro" de la televisión puede instalar un restaurante y cantar victoria, al menos por el primer año.
HAN ABIERTO RESTAURANTES, ENTRE OTROS ROSTROS:
Delfina Guzmán, la gran actriz chilena, quien junto a uno de sus hijos y a una nuera, supuesta chef, inauguró, con mucha cobertura de prensa, su restaurante-museo-templo pagano Santería (¿o Santerío?). De la destreza y competencia gastronómica de la gran Delfina, a sus dichos nos remitimos: "De cocina yo llego hasta al pan con palta no más, pues m hijita".
Muy cerca del Santería, Gonzalo Feito, notero de un programa de farándula, abrió Guapa, muy concurrido de noche. ¿Habrá pasado Feito del pan con palta? Gente tiene, obvio. ¿Pero por cuánto tiempo?
Otro "rostro", Marcial Tagle, aprovechó el momento de fama que le dio su rol en "Casado con hijos" para potenciar el Rai, que nació hace un par de años pero que ahora está, obviamente, a tablero vuelto, casi tanto como el Amorío del actor Benjamín Vicuña. (¡Grande, Tolosa!)
OTRA COSA ES CON GUITARRA
Con la fuerza que les da la sobreexposición de las telenovelas, cualquiera pone un restaurante. Otra cosa es saber comer y dar de comer.
Patricia Maldonado ya abrió restaurante hace unos años (El vozarrón de la Maldo) y lógicamente quebró. Igual como quebraron Álvaro Salas y otros "rostros" con el restaurante Ceacheí.
El graciosísimo humorista no se acordó que "otra cosa es con guitarra". Y tampoco del deseo que, alguna vez, le manifestó de regalo de fin de año a Coco Legrand, por entonces propietario de un restaurante mexicano llamado Canta y no llores.
¿Qué le desea usted a su colega Coco Legrand para el año que se avecina? le preguntaron en un programa.
Y Alvarito respondió como un balazo:
Que cante y no llore.
Coco Legrand estuvo a punto de llorar, pero se arrepintió: vendió a tiempo y en el lugar Enrique Foster esquina Isidora Goyenechea ahora florece el Nolita, de los hermanos Pancho y Carlitos Toro, que de cocina y restaurantes sí entienden. Y que son tan graciosos como Coco Legrand.
Ya está dicho: la farándula manda mucho. Y los buenos restaurantes, bastante abandonados. ¡Feliz Año Nuevo!