
Domingo 30 de diciembre de 2007
Fue un buen año para el "Pirincho". Aunque renunció a la asesoría comunicacional que prestaba al Ministerio de Transportes el mismo día que se fue de allí Sergio Espejo, su claridad conceptual y buen verbo lo tienen en sus quince minutos de fama como analista político en los medios.
Panelista de "Estado Nacional", de TVN, columnista habitual de periódicos y vespertinos, el ex asesor del ministro Insulza y ex subsecretario general de Gobierno de Lagos podría decirse que sólo ha retomado su fuerte veta mediática, la misma que inició en la JDC, editando con otros camaradas la revista "La Tortuga".
"El tema de los medios amateur siempre ha sido una de mis aficiones. La Tortuga era una revista seudoclandestina, en un tono bien jocoso, irreverente, escrita por militantes de la DC, pero era bien poco DC, tanto en su estética como en su contenido".
¿Por qué se llamaba así?
-Porque era la isla donde llegaban los piratas. "La Tortuga" hacía referencia al último refugio, a ese lugar donde uno podía descansar, aislarse, juntarse con los suyos, con la cofradía. Cuando estuve en Madrid hice una revista electrónica que tenía que ver más bien con mi relación con Chile, que se llamaba "Red 21", ahí empecé a colgar en la red artículos, entrevistas y cosas que me parecían importantes, que leía en Europa, para compartirlas con mis amigos. Eso fue derivando en un blog que hoy se ha popularizado que es "La Mirada". Partí con 50 amigos, a quienes les repartía cosas, y hoy la lista va en casi 1.500.
Ya no trabajas en el Estado y puedes opinar con más libertad, pero tu mamá es la ministra de Vivienda.
-Tengo algunos ámbitos de mi libertad algo restringidos, pero que son muy parciales; el hecho que mi madre sea la ministra de la Vivienda me impide, por razones obvias y por una cuestión de pudor, comentar temas que tienen que ver con la política de urbanismo del país. También el estudio jurídico donde trabajo tiene algún tipo de relación con algún sector del aparato público, pero no más que eso.
Vamos a la semana. ¿Te sorprendió la decisión de Zaldívar de no dar la pelea judicial?
-Me sorprendió y además me equivoqué, porque fui uno de los que creía que con la personalidad de Adolfo Zaldívar, el camino judicial iba a ser largo y tortuoso.
Dada la personalidad política de Adolfo, uno puede pensar que él probablemente va a buscar el mismo objetivo por otro medio.
-Aquí las alternativas eran básicamente dos: o Adolfo se quedaba dentro del partido o se iba; y ahora que se fue, la pregunta es si este referente que él ha anunciado es una cuestión individual, o va a ser un proyecto colectivo en que se incluyan no solamente otros diputados, parlamentarios y dirigentes de la DC, sino también de otros partidos, y eso es lo único relevante. Creo que este va a ser un esfuerzo de verdad, que entra en contradicción con la Concertación y con la DC, no sólo en los términos teóricos, sino también electorales. Bajo el sistema binominal no existe ninguna posibilidad de éxito de un referente que no esté asociado a las dos grandes coaliciones; por lo tanto, la posibilidad de que esto que ha anunciado Adolfo tenga viabilidad en el futuro pasa, si no por la destrucción, al menos por el menoscabo de la Concertación y particularmente de la DC.
Ahora la batalla en lo inmediato viene con los diputados colorines que mantienen lealtad a Adolfo, que tienen que decidir si se quedan en el partido o se van.
-Sí, ellos han sido bastante erráticos en sus decisiones; por ejemplo, el diputado Olivares, cuando recién se conoció este anuncio que Adolfo pasaba al Tribunal Supremo, dijo que se iba, después dijo que se quedaba; Mulet ha dicho siempre que se queda, pero ahora dicen que van a evaluar y lo van a anunciar el 2 de enero.
¿Y cómo queda el escenario? Te lo pregunto porque Alvear despeja la pista dentro del partido y también se puede pensar que al haber pagado este tremendo costo interno puede pedir a sus socios de la Concertación que se respalde al candidato presidencial de la DC.
-Creo que no es tanto. Uno no puede hablar de democracia si no está dispuesto a practicarla, y creo que predicar con el ejemplo aquí es una cuestión sumamente relevante. No hay posibilidad de designar al próximo candidato de la Concertación si no es por un método lo más democrático posible, y eso son primarias abiertas, lo más masivas posible. Está por verse si es que Alvear será candidata de la DC a la Presidencia de la República y está por verse si logrará imponerse al resto de los candidatos de la Concertación, pero lo único que todos tienen claro es que ningún candidato tiene viabilidad sin el apoyo de su partido. Soledad Alvear lo sabe mejor que nadie, razón por la cual se despeja una parte del camino, pero queda otra importante para despejar por delante, no lo tiene todo despejado.
¿Qué parte no está despejada para Alvear?
-Más allá de la adhesión ciudadana que ella tiene y que refleja la última encuesta del CEP, eso no se traduce directamente en una preferencia electoral, son dos cosas distintas. No está despejado tampoco el resultado de las próximas elecciones municipales para la DC; Soledad Alvear pagaría un costo muy alto de volver a presentarse a la presidencia de la DC teniendo un resultado malo en las próximas elecciones municipales. Eso probablemente perjudicaría en forma importante sus opciones presidenciales.
Justamente, con el horizonte de un buen resultado municipal, se dice que la DC está pidiendo la Subsecretaría de Desarrollo Regional. ¿Si la Presidenta se la da a la DC es una señal hacia Alvear?
-No. Siempre he creído en esto, quizás por mi experiencia en el Gobierno, que los cambios de gabinete tienen motivaciones bastante distintas a las que se arguyen, particularmente en los medios. Más todavía hoy, cuando después de procesos muy dolorosos, como fueron lo de Chiledeportes y otros casos de corrupción, existen no solamente instrumentos, sino que una actitud vigilante de la opinión pública respecto de cómo se utilizan los fondos estatales.
Pero dentro de la legalidad hay un grado de discrecionalidad también.
-Un grado de discrecionalidad que creo que el más interesado en no equivocarse esta vez en eso es el Gobierno.
El hecho es que la DC ha pedido la Subdere.
-Probablemente ha pedido la Subsecretaría de Desarrollo Regional como ha pedido otros cargos, pero finalmente es la Presidenta la que va a tener que evaluar, de cara al éxito del Gobierno y no al éxito de los partidos, cuáles son las mejores decisiones. Las cosas en el Gobierno no están muy gloriosas para que, además de las dificultades que tiene, esté preocupándose de ajustar sus cargos y sus nominaciones a la conveniencia de las directivas de los partidos.
¿No eres de los que cree que la DC llevará candidato en primera vuelta sí o sí?
Creo que es un suicidio llevar dos candidatos presidenciales a la primera vuelta; incluso la experiencia de la Alianza por Chile demostró que ese tipo de acciones rinde menos frutos que lo que la gente cree. Es difícil plantearle a la ciudadanía que una misma coalición, con un mismo programa, lleve dos candidatos distintos simplemente porque algunos creen o quieren tener el mejor derecho a conducir el destino del país. Insisto, cuando uno habla de democracia debe estar dispuesto a practicarla.
Pero también hay un asunto de pragmatismo. ¿Ves al Gute subiéndose sin problemas al carro de Lagos o de Insulza?
-Ningún demócrata, después de tener una contienda electoral con todas las garantías, debería tener problemas en apoyar a la persona que tenga mayor nivel de adhesión ciudadana, entre otras cosas porque me imagino que habrá partidos que sacarán la cuenta que sus candidatos no tienen una opción real de poder competir en la próxima elección presidencial. Razón por la cual elegirán otro tipo de caminos, como una buena negociación parlamentaria, algunos futuros cupos en el eventual Gobierno; las posibilidades son múltiples.
¿No ves tampoco la opción de que la Concertación se ponga de acuerdo en un nombre de consenso, saltándose las primarias?
-Creo que es muy difícil soslayar la voluntad de los ciudadanos. Si hay algo de lo cual está cansada la opinión pública es de estos acuerdos de cuatro paredes entre los barones de la Concertación respecto de determinar cuáles son las mejores posibilidades.
A tu juicio, ¿sería un retroceso?
-Absolutamente.
¿Qué opinas de la tesis que La Moneda tiene que organizar un gabinete político en función de las tres candidaturas presidenciales existentes?
- El Gobierno tiene que dar garantía a todos los partidos y a todas las personas que dentro de su coalición aspiren a la posibilidad de ser elegidos. Sin embargo, insisto que el Gobierno tiene suficientes problemas para estar preocupado de dar garantías a todos los candidatos o a las directivas. No queda un segundo tiempo, como dijo Francisco Vidal, sino más bien quedan ocho o nueve meses de Gobierno.
Serían más bien los descuentos, entonces.
-Es una administración que va a concluir con la próxima elección municipal, no lo digo yo, lo dijo la Presidenta a pocos meses de haber asumido.
CORTAR LA RAMA
DONDE ESTAMOS SENTADOS
¿Cómo cambia el escenario con la entrada de Lagos a la cancha?
-Se sincera la competencia al interior de la Concertación. Lo que hace Ricardo Lagos es poner sus cartas sobre la mesa, decir yo estoy aquí, lo que no significa necesariamente que haya sido el inicio de su carrera presidencial. Pero sí pone a disposición de campaña a las tres figuras principales que hoy tiene la coalición de Gobierno para enfrentar la próxima elección presidencial.
¿Qué te llamó la atención de la encuesta CEP?
Lo principal, y esto no es ninguna novedad, es que el gran ganador es la apatía, la desconfianza, la poca vinculación que cada vez más tienen los ciudadanos con lo público. Pierde la política, pierden los partidos, pierde el Gobierno; en ese sentido no hay un ganador. No quiero ponerme alarmista, pero la antesala de los experimentos populistas ha sido una desafección de los ciudadanos respecto de su Gobierno. La derecha, en general, en esto ha equivocado el camino, porque como alguna vez dijo Eduardo Engel, "no vaya a ser que cuando les toque gobernar echen de menos el capital político-social que han contribuido a destruir". Yo, que soy un poco más bruto, digo: no vaya a ser que estén aserruchando la misma rama donde estamos todos sentados.
Pero la derecha lleva sólo un par de años en esta actitud y el desprestigio de la política viene cayendo como avión hace más tiempo.
-Es cierto que también hay una contribución que hacen nuestras instituciones, desde episodios anecdóticos, como el baile del koala, a la interpelación de los ministros; aquí hay un deterioro del debate político, donde los ciudadanos hemos privilegiado la farándula y la popularidad menor, donde el foro republicano se ha trasladado a los medios de comunicación, donde lo importante es la cuña, y donde quien destaca es el que hace el escándalo, el que monta la parafernalia.
¿No hay también un desfase cultural con una política que sigue empleando un lenguaje sibilino, unos códigos vaticanos que nada tienen que ver con la transparencia que se tiende a apoderar del espacio público?
-De acuerdo. Eso no es exclusivo de la política, pero en el caso de la política es particularmente dramático. Si uno pudiera poner en una línea la recuperación de la democracia en una parte y al final Chile un país desarrollado, yo diría que la Concertación fue diestra en transitar la primera mitad del camino, pero no sabe cómo transitar la segunda. Hay mucha perplejidad respecto de este tipo de realidad. El gran problema de la política tiene que ver con que las personas que hoy monopolizan la conducción y la dirigencia en la clase política no entienden estos códigos, no hablan este lenguaje, razón por la cual ni siquiera hay una contradicción o una conversación con la sociedad, sino que simplemente es un fenómeno que pasa en forma paralela.
En ese sentido, ¿Lavín es el tuerto en el país de los ciegos?
-Lavín interpreta ciertas cosas que son relevantes hoy en la opinión pública, pero que son todavía la parte menor o la punta del iceberg de lo que hay debajo. Tenemos una sociedad mucho más individualizada, donde las demandas sectoriales son muy específicas, donde la vieja política, la de los relatos, no soluciona el problema concreto. Tenemos una sociedad civil mucho más empoderada, mucho más consciente de sus derechos; por lo tanto, reclama más profesionalismo, más frontalidad, más concreción a una clase política que hoy no está en posibilidad de concederlas.