
Lunes 31 de diciembre de 2007
Aunque Irak y la marcha de la economía siguen estando en la agenda estadounidense, la actual campaña electoral hacia la Casa Blanca que se inaugura el jueves en el estado de Iowa se ha visto abarrotada de alusiones y aproximaciones a Dios y la religión. Y es que la fe parece guiar los pasos de quienes aspiran a suceder a George W. Bush en el Despacho Oval.
Por ejemplo, en el centro del debate entre los republicanos no figura la retirada de Irak, sino la querella entre mormones y evangélicos sobre el regreso de Jesucristo. Todos están convencidos de que va a ocurrir, pero ¿dónde? ¿En Missouri, como creen los mormones? ¿O en el monte de los Olivos, en Jerusalén, como aseguran los evangélicos?
Los demócratas están menos orientados hacia el dogma, pero se muestran asiduamente en la iglesia. La senadora Hillary Clinton asistió al oficio bautista, el domingo 23 de diciembre, en Waterloo, Iowa. Una semana antes, su rival Barack Obama llevó a un grupo de periodistas a la Iglesia Unida de Cristo para subrayar que él sí es cristiano, aunque parte de su familia paterna, en Kenia, no lo es.
¿POLI-TEOLOGÍA?
El cronista del Washington Post Charles Krauthammer, aunque partidario del Presidente George W. Bush, declaró sufrir una "sobredosis de piedad pública". En los debates republicanos, los candidatos han tenido que responder a preguntas que en otras circunstancias corresponderían a la esfera privada.
"¿Dios creó al mundo en seis días, hace seis mil años? No sé nada, yo no estaba ahí", respondió el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, pastor bautista que lleva la delantera en el sur. "Pero creó y eso es lo que importa".
El 29 de noviembre, un habitante de Texas les preguntó a los candidatos si creían todo lo que estaba escrito en la Biblia. "La respuesta que nos den nos enseñará todo lo que necesitamos saber en ese sentido", agregó. Mitt Romney, el candidato mormón, respondió: "Claro que sí, es el libro de Dios". Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y católico poco practicante, salió más airoso: "Es el libro más excelso que se haya escrito. Pero no tomo todo al pie de la letra; por ejemplo, Jonás en el vientre de la ballena. Me parece que contiene alegorías".
¿Estados Unidos es más religioso al término de la era Bush II? Hay que cuidarse de conclusiones apresuradas. El fenómeno de la "sobrepuja" es característico de las elecciones primarias. En cada campo, es la base radical la que está más movilizada y la que se desplaza para votar. Los candidatos están obligados a seducir a los extremos para ganar la investidura del partido. Entre los republicanos, la base religiosa es la que da el tono.
Este año, la presencia de un pastor -Huckabee- y de un mormón -Romney- le ha dado un giro aún más marcado a las cuestiones religiosas.
Romney se ha visto obligado a explicar sobre su iglesia, la de los Santos de los Últimos Días. Pero se puede jactar de su intachable trayectoria como empresario, presidente del comité de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 en Salt Lake City y gobernador de Massachusetts.
Huckabee, por su lado, ha sabido explotar las sospechas que suscitan los mormones entre los evangélicos. Con toda inocencia, le planteó la pregunta a un periodista: "¿No es cierto que los mormones creen que Jesús y el Diablo son hermanos?". Después tuvo que excusarse, pero ya había planteado la cuestión.
A pocos días del inicio del proceso electoral norteamericano en Iowa, Huckabee está en vías de reunir al voto evangélico. En su mensaje navideño, él atacó el tema preferido de los conservadores en esta época del año: la defensa de la Navidad ante los no cristianos que tratan de retirarle su sentido religioso deseando simplemente "Felices fiestas".
PUJA POR HERENCIA
Los republicanos se disputan la herencia dejada por George W. Bush y su consejero Karl Rove: el voto evangélico, la llave que supuestamente le abrió a Bush la puerta de la reelección, gracias a la fuerza de movilización de las redes cristianas conservadoras. El 78% de los blancos evangélicos votó por el tándem Bush-Cheney en 2004.
Pero los evangélicos ya no forman un bloque monolítico. Los sondeos de opinión muestran cierto desapego por el Partido Republicano. El proceso de distanciamiento empezó desde hace varios años, por las cuestiones del ambiente, cuando surgió el debate entre los evangélicos, que consideran que la salvaguardia del planeta es una prioridad, y los que quieren centrar el mensaje en la defensa de la "civilización" y de la "vida", es decir, los temas del matrimonio, el aborto y la investigación con células madre.
Esa toma de distancia es particularmente visible entre los jóvenes. Entre los evangélicos de menos de 30 años, 55% se consideraba republicano en 2004. Ahora no es más que el 37%. Esos conservadores han ampliado sus temas de preocupación a las cuestiones sociales, como la pobreza y la marginación.
Los evangélicos estuvieron en el apogeo de su influencia política a principios de los años ochenta, con el surgimiento de la "mayoría moral" del televangelista Jerry Falwell, la "revolución conservadora" de Ronald Reagan y después con su sucesor George Bush padre. Pero el paisaje ha evolucionado.
Como lo explicaba la revista Time, el "campo de oraciones se ha nivelado". El bloque de la derecha cristiana se ha desgastado, a riesgo de perder su condición de "hacedor de presidentes". Este año, los tenores se han desgarrado entre sí, por no poder encontrar un candidato a su gusto.
*Le Monde
The New York Times Syndicate
