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  La fórmula británica

Lunes 31 de diciembre de 2007

El colonialismo británico inventó una fórmula para gobernar lo que hoy es Pakistán: "Deja mandar a los punjabíes, machaca a los sindis, hazte amigo de los beluchis y soborna a los pashtunes". Con la independencia, en 1947, las circunstancias cambiaron, pero la fórmula siguió siendo válida.

El resultado ha sido el predominio de los punjabíes, que dominan el ejército, y la consiguiente tensión con pashtunes, beluchis y sindis, que pretenden dividir el país en cuatro estados. Y si a este rompecabezas se añaden la bomba atómica, el islamismo y el terrorismo apocalíptico, pocos países tienen el potencial desestabilizador de Pakistán.

Cuando Estados Unidos tomó el relevo del Reino Unido, la India de Nehru, socializante, tenía simpatías por la Unión Soviética, por lo que Washington se inclinó por Pakistán. Y Afganistán, años después, reafirmó la alianza. Primero, contra los soviéticos, cuando Arabia Saudita puso el dinero, EEUU el armamento y Pakistán la inteligencia (militar, por supuesto). Y segundo, después del 11-S, cuando Pakistán, que había hecho de Frankenstein, cambió de bando y dejó al Talibán afgano a la deriva. Estados Unidos ha financiado al ejército paquistaní desde la independencia, pero a partir del 11 de septiembre de 2001 la ayuda ha sido más generosa.

Pakistán, sin embargo, es un aliado incómodo. ¿Cómo se puede respaldar a un régimen militarizado y dirigido por un golpista mientras se declara una guerra para democratizar el Gran Medio Oriente, desde Mauritania hasta Pakistán? Para despejar la incógnita, Washington ideó una fórmula: convenció (o creyó haber convencido) a Musharraf para que compartiera el poder con Benazir Bhutto, que volvería a ser Primera Ministra. Y Arabia Saudita logró que el ex Primer Ministro Nawaz Sharif, su patrocinado, regresara del exilio. Benazir aceptó el pacto, que en realidad conducía a una transición manipulada.

El acuerdo se rompió incluso antes de que Bhutto fuera asesinada. Y Musharraf, que acusa a Al Qaeda, es sospechoso para los seguidores de la ex Primera Ministra mientras la red de Osama bin Laden atiza el fuego cuando dice que no tuvo nada que ver. ¿Se convencerá el ejército de que Musharraf es un engorro si la protesta de los sindis, la etnia de Bhutto, se extiende?

La fórmula de Washington no ha funcionado, aunque el gran beneficiado, Nawaz Sharif, devoto del fundamentalismo saudita y señor feudal punjabí, podría terminar siendo un mal menor. La fórmula británica, pues, aún sería válida.

La Vanguardia
The New York Times Syndicate
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