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  Murió el verdadero dueño de la palabra

  Murió el verdadero dueño de la palabra

  Comunicador de bares y tertulias hasta el amanecer. Jota Eme ha muerto y con él, el último de los de su especie. Una historia con triunfos más verbales que deportivos, pero que Martínez se encargó de ensalzar con una retórica que lo identificó en su filosófico paso por el deporte nacional.

Jueves 3 de enero de 2008

El último día que pasó con su hijo vio un partido del Manchester United.

Julio Martínez respiró fútbol hasta que se quedó eternamente dormido. Hombre fundamental en las comunicaciones y el deporte local del último siglo, querido por muchos y considerado tibio por otros. Amante de las consignas y los viejos estandartes, paquete (o elegante) para vestir. Eterno discursista de cuanto evento existiera. En una trilla, una peña o en el Congreso, daba igual para que el comentarista diera curso a una labia imparable, que a veces pudo ser ejemplificadora de la retórica de los sofistas.

Martínez, tipo extraño, contradictorio, poco agraciado, pero rostro absoluto de canal 13. Hombre que se tomaba su espacio para hablar, que escribía sus columnas con máquina de escribir. En ese sentido, contrario a la venida de los tiempos, pero acomfoto_02
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12 kbodándose a ellos, fue el último representante de ese periodismo antiguo, de tertulias y bares, reuniones en el otrora cabaret Nuria de Agustinas con Mac Iver (donde se aprendía más que en cualquier universidad) y del café Santos. En el primero, donde había una habitación reservada para algunos periodistas, compartió con otros tipos más ardientes en su oficio como Tito Mund, mientras, entre conversaciones regadas hasta la madrugada, veían debutar a promisorias bandas musicales como los Bric a Brac.

En 1964 se casó con Norma González, su única esposa. Con ella estuvo obligado a sostener un amor reconocido por la ley, pero clandestino ante su madre. Diez años en el máximo secreto, debido a que Martínez nunca quiso enfrentarse a su progenitora, Julia, que no quería a Norma por ser una mujer separada y con dos hijos.

Sólo la muerte de su madre, a los 93 años, permitió que Jota Eme tuviera un matrimonio más normal y duradero (40 años), aunque sin hijos. Sin embargo, Martínez tuvo un hijo, que lleva su nombre, anterior a esa relación, en 1955.

En la cancha

Julio Martínez Pradanos había nacido en Temuco el 23 de junio de 1923, ciudad donde vivió hasta los dos años, cuando sus padres, José Martínez, un inmigrante español, y Julia Pradanos, se trasladaron a Santiago. Mientras estudió en el colegio San Pedro Nolasco, sus padres fomentaron su instrucción en el mundo de las artes, pero luego, por una anécdota, se transformó en locutor de radio.

foto_05
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9 kbFue un 18 de septiembre de 1945 cuando el destino lo puso frente al micrófono de Radio Prat, donde había llegado a buscar a un amigo.

Ante la falta de alguien que hiciera el comentario de deportes aquel día, le preguntaron si se atrevía. No lo dudó. Y tan bien lo hizo que siguió desarrollando esa labor por mucho tiempo, dando inicio a una carrera que se prolongó por 62 años y casi hasta el momento de su deceso.

Fue la radio su gran pasión, también trabajó en las emisoras Corporación, Agricultura, Monumental, Nuevo Mundo y Minería. Fue justamente a través de la radio donde se inmortalizó la que tal vez sea su frase más famosa: "Justicia divina, justicia divina", pronunciada tras el gol de Leonel Sánchez en el partido que Chile le ganó a la Unión Soviética en el estadio Carlos Dittborn de Arica, en el Mundial de 1962, ya que la falta servida por el zurdo nacional en el límite del área había sido en realidad una falta penal mal sancionada por el juez.

Pero Martínez también destacó por sus comentarios en revista Estadio, donde escribió por muchos años bajo los seudónimos de Jumar y Jota Eme, y en Las Últimas Noticias, donde mantuvo también por largas temporadas su columna Bajo la Marquesina. También trabajó en La Segunda y Última Hora.

Donde estuvo, siempre se preocupó por el deportista marginado, la medalla de bronce en el campeonato de rayuela, la competencia de baloncesto y el tiro al blanco.

Cuando el computador desplazó a la máquina de escribir en las redacciones, Martínez siguió tecleando en la suya los textos que posteriormente eran traspasados por otros a la pantalla del ordenador.

Al final, y luego de una traumática salida de radio Agricultura, mantuvo su refugio en Canal 13, estación a la que llegó en 1967 y donde además de la cobertura de los eventos nacionales e internacionales más importantes, tuvo una destaca participación en programas como "Almorzando en el Trece" y "A esta hora se improvisa". Sin embargo, en los últimos años sus apariciones en la pantalla chica fueron cada vez más esporádicas, hasta que su estado de salud lo obligó a dejar esa tribuna definitivamente.

Hincha de Unión Española, por influencia paterna, también tenía simpatía por Temuco y por la selección nacional, incluso sus cercanos cuentan que muchas veces perdió la objetividad al opinar de la Roja más como hincha que como periodista

El fútbol realmente le quitaba el sueño. Durante el capítulo del programa "El Triciclo" de 2001 (Canal 13) confesó: "Qué mala suerte tenemos los chilenos de gustarnos tanto el fútbol, pero ser tan malos", según relató el periodista Fernando Paulsen, quien lo entrevistó para ese programa.

Pero aunque ganador de numerosos premios, fueron sus frases para el bronce las que quedarán en el recuerdo de todos los chilenos.

Hombre de premios y reconocimientos

Probablemente Julio Martínez sea uno de los periodistas más galardonados en la historia. Algunas de las muchas distinciones que recibió a lo largo de su carrera fueron: el premio entregado por la Academia Chilena de la Lengua por su aporte al idioma (1988); el premio a la "Trayectoria Periodística Deportiva" (1992), otorgado por el Comité Olímpico de Chile; el Premio Nacional de Periodismo (en 1995, justo al cumplir 50 de trayectoria, y único especialista en deportes que, hasta entonces, haya ganado ese galardón); Premio a la Etica Periodística de parte del Colegio de Periodistas de Chile (1998); Premio Amador Yarur del club Palestino, como el Mejor Periodista Chileno del Siglo XX (2000); junto a Sergio Livingstone obtiene el primer premio de Anatel a la Mejor Figura Televisiva 2003 (2004); el Senado le otorgó la Medalla de Oro a su trayectoria, en un acto enmarcado en la celebración de los 50 años de la televisión en Chile (2007); el Instituto de Historia y Estadísticas del Fútbol Chileno (IHE) lo distinguió con el Premio Nacional de la Historia del Fútbol (2007).

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