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  Opio y guerra en Afganistán

  Hasta cierto punto es posible afirmar que Occidente cosecha su propia siembra. Luego de la invasión soviética, en diciembre de 1979, los rebeldes afganos recurrieron de una forma sistemática a la venta de drogas.

Viernes 4 de enero de 2008

"Un crecimiento explosivo" de la producción de opio tiene lugar en Afganistán. Esas son las palabras del general estadounidense Dan McNeill, el comandante de las fuerzas de la OTAN en ese país asiático. La constatación constituye un indicador clave para determinar el curso de la guerra en que más de 40 mil de sus efectivos enfrentan grandes dificultades. Washington sabe que el opio y su derivado, la heroína, constituyen una inyección a la vena para los recursos de los talibanes, contra los cuales combaten. La droga es convertida en dinero y con éste se compran las armas que dan una creciente efectividad a los fundamentalistas aliados de Osama bin Laden.

Las cosechas de amapola, de donde se extrae el opio, experimentaron un aumento sin precedente en 2007. El año que acaba de concluir mostró un alza de 32% en relación con el precedente. Así, Afganistán ostenta el triste monopolio de la producción de la adictiva droga, con 94% de la producción mundial. Estos volúmenes tienen un valor estimado de exportación de cuatro mil millones de dólares. Como ocurre con el narcotráfico en todo el mundo, la parte del león se la llevan los que corren el mayor riesgo, y éstos son los encargados de vender la droga en las grandes ciudades. Con todo, se estima que los talibanes logran en torno a 40% sus ingresos de la droga.

Hasta cierto punto es posible afirmar que Occidente cosecha su propia siembra. Luego de la invasión soviética, en diciembre de 1979, los rebeldes afganos recurrieron de una forma sistemática a la venta de drogas. David Melocik, funcionario de la agencia antidroga norteamericana, la DEA, señaló al respecto: "Se puede decir que los rebeldes afganos hacen su dinero con la venta de opio. No hay dudas. Los rebeldes mantienen su causa con ello". Apenas luego de dos años de operaciones de la CIA en Afganistán, la zona fronteriza con Pakistán surgió como la mayor productora de heroína, dado que es capaz de satisfacer 60% de la demanda mundial. Según el analista estadounidense Alfred McCoy, "efectivos de la CIA controlaban el comercio de heroína. A medida que los muhayidín capturaban territorios en Afganistán, ordenaban a los campesinos que plantaran adormideras como parte de un impuesto revolucionario. Al otro lado de la frontera, en Pakistán, bajo la protección de la inteligencia paquistaní, producían heroína en cientos de laboratorios".

El ex director de la CIA para operaciones en Afganistán, Charles Cogan, admitió que su agencia había sacrificado la guerra contra las drogas a favor del combate en el marco de la guerra fría: "Nuestra misión principal era infligir el máximo daño posible a los soviéticos. No teníamos realmente los recursos o el tiempo para dedicarnos a investigar el tráfico de drogas. No creo que debamos disculparnos por esto. Cada situación tiene sus consecuencias indeseables (...) Hubo consecuencias indeseables en término de drogas, sí. Pero el objetivo principal se cumplió. Los soviéticos salieron de Afganistán".

La herencia nefasta para la población local de la explosión de los cultivos de amapolas quedó reflejada en las estadísticas de adicción. Los heroinómanos eran casi inexistentes en Pakistán en 1979 pero para 1986 ya había 650 mil, en 1991 eran tres millones y en 1999 cinco millones. En la actualidad la frontera entre ambos países es, en grandes extensiones, tierra de nadie. Pero mientras abunden las drogas no faltarán las armas. Es difícil concebir un triunfo occidental mientras el opio constituya el principal ingreso de la región.

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