
Viernes 4 de enero de 2008
Cada año, por Navidad, le regalo a una amiga un libro. El escogido ha sido "No te muevas". Una historia de amor al límite en todos los sentidos. Una obra dramática que narra en primera persona la aventura que mantiene un prestigioso cirujano italiano con una indigente. Amor, renuncia, pasión, piedad y sobre todo por parte de la autora, la capacidad de ponerse en la piel de un hombre. La escritora es Margaret Mazzantini, periodista italiana. Sabía que no era fácil encontrar el libro. Para dar en el blanco, me trasladé a una gran superficie cultural. La señorita que me atendió, cuando le dije el nombre y la autora, me miró como si todavía me durara la resaca de las fiestas. Después de titubear lo encontró en el computador que le daba sentido a todo. Aunque seas Tolstoi o Wilde o Nabokov, si no estás en la computadora no existes. Cuando ya tenía los ojos inyectados, mi vida cobró sentido. No era una manía mía ni estaba en estado de catatonia, el texto existía y estaba allí. Pero todo se difuminó cuando me dio el preciado botín. El libro estaba medio roto, destrozado y sucio. Como era el único ejemplar, me apoderé de él.
La pulcritud de un volumen de estas características es una condición fundamental para gozar con su contenido. No he tenido más remedio que forrar el regalo, para que su imagen sea más o menos presentable. ¿Por qué en un lugar donde se dedican a fomentar la lectura se pueden permitir el lujo de entregarnos un libro en unas condiciones paupérrimas? ¿Será que la tienda es demasiado grande? ¿Será que tanto vendes tanto vales? ¿O será que también existe el fast food literario? ¡Puf! no empiezo bien el año. Estas preguntas me complican la vida...