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  El capitalismo del desastre

  El capitalismo del desastre

Domingo 6 de enero de 2008

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Acaba de aparecer publicado en español un libro estremecedor, escrito por la joven columnista canadiense Naomi Klein y titulado "La doctrina del shock". Es una nueva, reveladora, extensa y bien documentada mirada a los singulares y siniestros sistemas usados para la instalación del neoliberalismo en el mundo entero.

La investigación realizada por Klein parte con los primeros experimentos financiados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) respecto al uso del electroshock como sistema de "desesquematización" de prisioneros e interrogados, durante la década del cincuenta. A partir de allí, Naomi Klein extrapola ese shock eléctrico al siquismo colectivo, como forma previa a la entronización del capitalismo salvaje mediante brutales formas de shock; ya sean provocadas, como es el caso del desalmado golpe de Estado en Chile, donde esta práctica sería ensayada por primera vez, hasta el aprovechamiento de catástrofes como el huracán Katrina o el tsunami de Indonesia y Sri Lanka, los que han permitido utilizar el estupor, el terror y el atontamiento para imponer el sistema.

No pretendemos resumir aquí el contenido de "La doctrina del shock", subtitulado "El capitalismo del desastre", pero sí diremos que aparece allí nombrado, incansables veces, un personaje que a los chilenos nos resulta extremadamente familiar: el inefable Milton Friedman. Este ideólogo, padre de los llamados Chicago Boys y de la tristemente célebre Escuela de Chicago, a quien los tecnócratas del pinochetismo encienden velas tanto como a Escrivá de Balaguer. Friedman, un extremista termocéfalo como no ha habido otro en la historia de la economía moderna, ya da la pauta en su libro "Capitalismo y libertad": en primer lugar, dice, los gobiernos deben eliminar todas las reglamentaciones y regulaciones que dificulten el lucro. Luego deben vender todo activo que posean que pudiera ser operado por una empresa privada y dar beneficios. Y en tercer lugar deben recortar drásticamente los fondos asignados a programas sociales.

Klein recoge palabras del propio Friedman diciendo: "Sólo una crisis real o percibida da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable".

Así habló el asesor de Pinochet, el mismo que visitó China días antes de la masacre de la plaza de Tiananmen. Un ser entre cuyos discípulos encontramos florcitas silvestres como Donald Rumsfeld y Richard Cheney.Klein inicia su libro analizando el desastre de 2005 en Nueva Orleáns, respecto del cual el filantrópico Friedman escribió un artículo destacando que se daba la oportunidad única de desmantelar el sistema público de enseñanza de la ciudad. La humanista administración Bush siguió paso a paso sus sabios consejos, creando las llamadas escuelas "charter", que son un burdo sistema de enseñanza concertada. Así, Nueva Orleáns pasó de tener 123 escuelas públicas a tener sólo cuatro, apenas en el plazo en dos años.

Sobran los ejemplos de cómo, a partir del shock chileno en adelante, el sistema ha aprovechado todas y cada una de las oportunidades que le brinda el desastre y el estupor del herido para imponer sus métodos. Y todo a partir de Chile y los electroshocks de la CIA. LND

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