
Domingo 6 de enero de 2008
En medio de un acalorado zapping, acabo de ver en "Yingo" el programa más flaite de la historia de la televisión a Roberto Dueñas con una polera que dice "No soy peloláis". Sin ningún sentido, discurso ni justificación. Así como por ser "lolo". Es tele por la tele. "Frase que vi y adapté". Como un supermercado de la mediocridad, nuestros rostros tratan de meterse en temas que no manejan. Y siempre guatean, ya sea en tonteras como ésa o, lamentablemente, en otros asuntos más complejos. En estos últimos ni lo intentan. "En la tele no se habla de política, compadre", es el eterno argumento. ¡Y vamos a ver el tape de los videos de los chascarros con guaguas que ya quemamos el 94!
Nos consuela al menos el saber que Dueñas jamás tendrá un funeral épico como el de Julio Martínez, el primer artista multimedia. Hizo radio, televisión y escribió en revistas y periódicos. Si hubiese nacido en esta época escribiría en un blog y lo harían mierda aunque fuese un caballero por su cabeza ovalada, pero no por su talento. Igual, en un medio tan superficial como la pantalla chica, se volvió pop. Probablemente no fue de los que metían la cuchara y dejaban la escoba, como uno puede ver en los archivos de "A esta hora se improvisa". Él era el comentario distendido. No era de esos mamones que evitaba que continuase la discusión. Sólo la regulaba para continuar la noche. Me lo imagino así, cuando hablaba en el café con esos personajes de agua de colonia. Bien bebidos, comidos y llenos de chicas pin-up fumando y trasnochando, chateando en vivo sin computadoras. Ese Chile que se fue, que Pinochet mató cuando terminó con la noche y sus secuaces se tomaron las grandes alamedas. El arte de conversar sin parar y sin importar el tiempo. No soporto a esos idiotas que se toman en serio las cosas como si fueran cuestión de vida o muerte, como el fútbol. Don Julio sabía que éramos malos y por eso tenía esa cosa distendida, conciliadora, del nada es tan grave. Por eso Jota Eme es un ícono, y ya está en las poleras. Como el Che Guevara, mirando el horizonte. Es parte de nuestro Chile y se ganó hasta el estadio. No puedo estar más de acuerdo con Larry Moe, el teleadicto de "LUN", de cambiarle el nombre a esa fea referencia de 11 de Septiembre, en Providencia. Nuestros nuevos próceres vienen de la TV. Lástima que son pocos los que de verdad valgan la pena y estén activos.
Días antes del fallecimiento de Jota Eme se exhibió, en Año Nuevo, un especial de los 50 años de la tele. La época de la ingenuidad, la era sin people meter ni impresoras digitales para armar los escenarios. Pintura, tramoya, horas de trabajo. Diseñadores sin computador, amateurs llenos de sueños. Un medio a escala humana, sin ingenieros comerciales. El especial de la muerte de Julio Martínez se transformó en un "the best of Canal 13", con sus chaquetas blancas incluidos. Incluso Don Francisco apareció hablando en vivo, con la simpatía pausada de esos tíos viejos que se ponen en una esquina de la mesa a contarles a los primos cómo era su época y sonreír cuando pasan los recuerdos. Mediáticamente esto es una lección de cómo lo simple, lo puro, lo humano, puede llegar a ser grandioso.
Recuerdo haber visto los últimos comentarios de Julio Martínez en el 13, viejito y desvariando. Pero aun así era un personaje, un concepto, un recordador y un tributador a los que ya no están. Siempre hablando de delanteros fabulosos, arqueros milenarios y árbitros que estaban sólo en sus recuerdos. Él sigue ahora en el archivo, más vivo que nunca. La memoria reivindica y diseña países y personas mejores. Jota Eme, el poderoso homenajeador, se merece por tanto el homenaje más grande, incluso de pendejos como yo, que parecemos sin alma de tanto conectarnos y vivir el minuto. LND