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  Otros tiempos

  Otros tiempos

Domingo 6 de enero de 2008

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Con ocasión de la espera del Año Nuevo en una Nochevieja familiar, Canal 13 hizo un extraño recuento, sacado de archivos pretéritos, de fiestas de Año Nuevo traídas desde el siglo pasado, más exactamente desde los años noventa. Era un placer para arqueólogos de la televisión. Estaban en la fiesta mi mujer, que es extranjera, y dos sobrinos, cuya edad hacía imposible hubieran visto esa televisión tan distinta. No pudimos evitarlo, pero el ritmo más suave, más cansino, más amable, de esa televisión de comienzos de los noventa, con cantantes, magos y humoristas clásicos, transmitía una paz de espectador de variedades que hacía sentir la televisión actual cruelmente estridente, estropeada, irritable e irritante. Mis sobrinos reían y mi mujer seguía con placer, así como todos los presentes, el estilo de animación de Raúl Matas, la conducción de contadores de chistes como Fernando Alarcón, el humor de "Medio mundo", que se perdió en lontananza arrasado por la realidad cruda del pelambre y el reality, del famoso sobreexplotado de fines de los noventa en la histeria exhibicionista de programas como "Viva el lunes", que parece una joya de bibliografía de lujo al lado del actual estado de las cosas. Nunca había pensado en la vigencia del humor y, sobre todo, en el humor perdido de ese estilo amable, juguetón, esa movida lúdica donde el doble sentido era mínimo y el ritmo más pausado. Sin duda, los cortes de la edición colaboraban, pero el estilo familiar que convirtió la espera de las doce en un acto de comunión en que nos pudimos reír todos del mismo chiste sin descuerar a nadie. Hablaba de esa televisión ya vetusta, del aparato único por casa donde el pelambre no es el único contenido posible y el chiste bien contado reemplazaba a la talla. Hubo momentos geniales de las últimas hornadas, como la antología de Yerko Puchento o "El malo", la calidez de programas en que el Canal 13 fue emisora de punta. Eran otros tiempos y seguramente la nostalgia hace lo suyo. Éramos más jóvenes, y las Nocheviejas, menos crueles en sus balances. Pero lo terrible fue sentir qué extraviada estaba la televisión contemporánea en denostar, atacar, chillar, confundida en el estilo actual de poner al sujeto corriente en cámara y convertir a los famosos en seres menos que corrientes, ordinarios en el peor sentido de la palabra. En esa extraña elegancia de ese programa de Nochevieja sentimos algo que se perdió y que no sabemos si se podría rescatar. El humor a toda orquesta, la varieté como eje, la conducción afable, la sonrisa sin tanto narcisismo. Quizás en esos ciclos que todo tiene, haya una vuelta atrás que permita un humor del futuro sin tanto afán políticamente incorrecto. Quizá lo amable lo vivimos de manera adolescente como algo que había que triturar. Quizás es la hora de volver a una televisión más madura donde el humor de alto nivel tenga una presencia otra vez sorprendente. Guionistas y actores hay. Lo que falta es riesgo. La televisión sigue siendo conducida por ejecutivos, no por creadores. Y en esa televisión ya de archivo había creatividad a gritos. Fue una linda Nochevieja y yo no pude desear una cierta vuelta a bellos tiempos del pasado televisivo. Algo que nos hiciera bien. Reír como reían y rieron mis sobrinos, por ejemplo. LND

* Director de la carrera de Literatura de la Universidad Finis Terrae.

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