
Domingo 13 de enero de 2008
Los niños aman a las ballenas. Los poetas aman a las ballenas. Las turistas aman a las ballenas. ¿Por qué? ¿Será que se parecen a nosotros?
Estos gigantes marinos "pueden pasar por el costado de un frágil bote de madera y tener la delicadeza de mover su cola para no volcarlo", cuenta extasiado el mastozoólogo del Museo de Historia Natural, José Yáñez. ¡El carisma de las ballenas ha seducido al mundo entero!
Pero no siempre el mundo fue tan amable con ellas; antiguamente su aceite se usaba para iluminar y calentar las casas, y su carne era apreciada incluso en Chile, que hasta los años sesenta fue un país ballenero. La alta demanda de estos productos casi exterminó a los cetáceos. Hoy sobrevive apenas un 3% de la población original de ballenas azules. Por eso, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) mantiene prohibida la caza de ballenas desde la década de los ochenta.
Este año se realizará la reunión número 60 de la CBI y el país anfitrión es Chile. Durante un mes, científicos y diplomáticos de todo el mundo se reunirán en Santiago para discutir el futuro de estos gigantes marinos. "Nosotros debiéramos tener una voz líder en acuerdos internacionales de protección", explica José Yáñez.
Este imperativo de ser y parecer un país comprometido con las ballenas, explica la aparición de dos grandes propuestas: la creación de un área marina protegida en el golfo del Corcovado, para la conservación de las ballenas azules del lugar, y la declaración de todas las aguas territoriales chilenas como santuario ballenero nacional.
Tras la propuesta del área protegida de Corcovado se encuentran la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) de la Región de Los Lagos, la Universidad Austral y las organizaciones que forman el Foro Patagónico, entre ellas la institución ambientalista más grande del mundo, World Wildlife Fund (WWF). En el otro bando, y a favor del santuario ballenero nacional, están el Centro de Conservación Cetácea, Ecocéanos y la Corporación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach).
Para Yáñez, ambas propuestas son complementarias. Sin embargo, la cercanía de la reunión de la CBI ha desatado una guerra submarina donde está en juego quién consigue el primer acuerdo nacional para proteger a estos populares animales.
MARES CON TURISTAS
A finales del año 2003 se publicó en la prensa que el biólogo marino del Centro Ballena Azul (CBA), Rodrigo Hucke-Gaete, había descubierto la población de ballenas azules más importante del hemisferio sur, en el golfo del Corcovado, en Chiloé. I
Inmediatamente, la Conama de la X Región elaboró una propuesta junto a la Universidad Austral y al CBA, para declarar el golfo como Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos (AMCP-MU), es decir, un área donde conviven distintas actividades económicas con la conservación del patrimonio natural.
Con esta declaratoria, los mayores beneficiados serían los parques públicos y privados que se encuentran alrededor del golfo del Corcovado: el Parque Tantauco de Sebastián Piñera; la Fundación Melimoyu, dirigida por Carlos Cuevas, ex director del Parque Pumalín; el Parque Nacional Volcán Corcovado, y el Parque Marino Bahía Tic Toc, administrado por The Land Trust Conservation; el Parque Pumalín, de Douglas Tompkins, y la Fundación Huinay, administrada por Endesa.
Los planes maestros del Parque Tantauco y del Parque Pumalín, y las bases técnicas del Parque Volcán Corcovado y Bahía Tic Toc, fueron hechos por las mismas personas: los consultores de Chileambiente, quienes además realizaron un estudio sobre la satisfacción, el gasto y la estadía de los turistas en las provincias de Palena y Chiloé donde se encuentra el golfo del Corcovado , encargado por Sernatur.
Curiosamente, Chileambiente, junto a las fundaciones Melimoyu, Pumalín, Huinay y Terram, además de Ecosistema, WWF, TNC, Greenpeace, Otway, Conservación Marina y el Centro Ballena Azul, son las ONG que forman el Foro Patagónico, la plataforma ciudadana que sostiene la propuesta de área protegida en Corcovado, y que "presiona subterráneamente para que la Presidenta firme la declaratoria en marzo de 2008", cuenta una fuente ambientalista, que agrega que en la última reunión del foro del año 2007, acordaron redactar el decreto en instancias paralelas al proceso de participación coordinado por la Conama.
Otro connotado que apoya esta propuesta de área protegida es Bernardo Matte, uno de los empresarios más ricos de Chile y presidente de Colbún. Matte y Hernán Sandoval, presidente de Chileambiente y amigo de Ricardo Lagos, son algunos de los ilustres que forman el nuevo referente ambientalista de las altas cúpulas, reunidos al alero de la esposa del embajador de Nueva Zelanda y socia de WWF, Brownen Golder.
En noviembre del año pasado, la revista "Capital" celebraba el nacimiento de esta nueva alternativa ecologista "alejados del activismo y las protestas". Aquí convergen, entre otros, los empresarios salmoneros más importantes del clúster: Víctor Hugo Puchi, presidente de AquaChile; Felipe Briones, presidente de la pesquera Yadrán, y Pedro Ibáñez, de Agrosuper. Todos ellos tienen plantas procesadoras en Quellón, al borde del golfo del Corcovado.
Uno de los más cercanos a Brownen Golder, según este reportaje titulado "El nuevo green set", es el abogado Michael Grasty, que tiene entre sus clientes a la WWF y a los salmoneros de Marine Harvest.
Además, la publicación menciona al empresario Marcelo Ringeling, presidente de Parques para Chile, cuya misión es desarrollar redes y articulaciones entre propietarios privados y el Estado, para la conservación del patrimonio natural de Chile.
"¿Dónde está el negocio de esta área protegida del Corcovado?", se pregunta Juan Carlos Cárdenas, de la ONG Ecocéanos, y lanza: "El Estado va a licitar esta área de 51.000 Km2 para su administración y explotación turística. Una vez que esto suceda, la única alternativa para los pescadores artesanales de Chiloé será convertirse en mano de obra temporera. Entonces, ¿quiénes ganan y quiénes pierden? Es llamativo el número de grandes empresarios que se mueven fácticamente detrás de la propuesta".
En Puerto Madryn (Argentina), sólo el turismo de observación de ballenas genera más de 60 millones de dólares. Y en Quellón, la publicidad de las ballenas azules en el golfo del Corcovado ya produce dividendos: el empresario forestal Jeremías Henderson vende la isla San Pedro en seis millones de dólares.
"Nosotros llamamos a los grupos ambientalistas a tener una mirada global", dice Cosme Caracciolo, secretario general de Conapach. "Sería bueno que ellos se manifestaran respecto de la solicitud que hicieron los productores de harina de pescado, para explotar el krill. Más del 60% de nuestros recursos pesqueros se convierten en harina de pescado, o sea, alimento para pollos, chanchos y salmones; ¡y ahora quieren explotar el krill! ¡Las ballenas se alimentan de krill! No basta con proteger una pequeña área como Corcovado cuando las ballenas recorren toda la costa chilena. Esta propuesta de área protegida no tiene que ver con la conservación de la ballena, sino con el interés de impulsar el turismo de observación de ballenas".
MARES SIN PESCADORES
El 2006 se presentó el Informe Técnico del Área Protegida en Corcovado a las Comisiones Regionales de Uso de Borde Costero de Los Lagos y Aysén. En ambas instancias el proyecto fue aprobado en forma unánime. Pero los organizadores olvidaron un pequeño detalle: invitar a las federaciones de pescadores artesanales de Chiloé, los principales afectados con la declaración del área protegida.
Sin los pescadores artesanales, el pasado 29 de agosto llegaron al edificio Diego Portales los ministros miembros de la Comisión Nacional de Uso de Borde Costero (CNUBC), encabezados por el ministro de Defensa, José Goñi. Su misión era aprobar el área marina protegida en el golfo del Corcovado. Pero sufrieron un traspié: durante la madrugada llegaron a Santiago cinco dirigentes chilotes sin invitación.
"Los pescadores artesanales ya hemos tenido problemas con otras áreas marinas protegidas. Hay buenas intenciones, pero los burócratas tratan a los pescadores como tratan a los pingüinos, no les preguntan nada. Porque en este Gobierno la participación es así: el lobo nos pregunta cuatro veces si se puede comer a la caperucita roja, nosotros le respondemos cuatro veces que no, y al final se la come igual", dice Caracciolo.
Apenas tuvieron la oportunidad, los pescadores manifestaron su oposición a la declaratoria, provocando tal revuelo que al ministro Goñi no le quedó otra que aplazar la discusión y reiniciar el proceso de participación. "No estamos en condiciones de tomar una decisión", concluyó.
Inmediatamente después de terminada la sesión de la CNUBC, la WWF, principal promotora de esta iniciativa, manifestó su molestia a través de un comunicado de prensa que tituló "Ballenas azules tendrán que esperar por la protección de su hogar en las costas del sur de Chile".
A la semana siguiente, algunos miembros del Foro Patagónico, junto a funcionarios de varios servicios públicos, dirigentes de las comunidades costeras del golfo del Corcovado y el gerente general de la Asociación de la Industria del Salmón, Rodrigo Infante, se embarcarían en un viaje de 10 días, con todos los gastos pagados, a Nueva Zelanda, para conocer las bondades de las áreas marinas protegidas en ese país.
Y el 5 de diciembre pasado, en la segunda cita del nuevo proceso de participación, los asistentes se encontraron con una sorpresa: la tabla de la reunión establecía que la propuesta de área protegida en Corcovado sería presentada por WWF y no por la Conama. Específicamente, el expositor era José Manuel Cruz, abogado del estudio de Michael Grasty. Finalmente, la coordinadora de la reunión optó por dejar de lado el programa e improvisar dos mesas de trabajo paralelas.
"La WWF de Estados Unidos tiene un comportamiento un poquito colonial en nuestro país, ya que trata de imponer su agenda, condicionando los procesos que el Estado y la sociedad chilena están desarrollando en el establecimiento de área protegida del Corcovado. Ejemplo de ello es la urgencia con que quieren imponer esta declaratoria antes de mayo de 2008 en Chile, sin respetar los necesarios procesos de información y participación pública", señala Juan Carlos Cárdenas.
MARES SIN BALLENAS
El principal argumento para la creación del área protegida en Corcovado es que alberga a la población más importante de ballenas azules del hemisferio sur. Pero esta información ha sido puesta en duda por connotados expertos nacionales.
Para el biólogo marino Paolo Sanino, investigador de la Corporación CMMR Leviathan, "el golfo del Corcovado es tan importante para las ballenas azules como el noroeste de Chiloé, las costas de Punta Arenas, el norte de Coquimbo, las cercanías de Antofagasta y el sur de Iquique, entre otras. Es importante porque algunas de las ballenas que migran hacia la Antártica se detienen a comer en ese lugar. Pero no viven aquí todo el año, sólo el verano".
Por otro lado, según las investigaciones del Centro de Conservación Cetácea (CCC), la mayor cantidad de avistamientos de ballenas azules se encontraría al noroeste de Chiloé, cerca de Ancud, donde la proporción de ballenas azules con respecto a las que visitan el golfo del Corcovado sería de doce a uno.
El segundo cuestionamiento a la propuesta es que no establece medidas efectivas para la protección de la ballena azul, sobre todo porque no menciona a la salmonicultura entre los potenciales conflictos ambientales del golfo.
Los avistamientos de ballenas azules realizados por CCC en el noroeste de Chiloé revelan que un número importante de ballenas presenta lesiones en la piel a causa de la contaminación por los centros de cultivo de salmones.
"La industria salmonera en Chile posee los peores estándares ambientales, laborales y sanitarios del mundo", explica Juan Carlos Cárdenas, y continúa: "Ejemplo de ello son el uso indiscriminado de antibióticos y el empleo de químicos prohibidos; la utilización de vertederos de residuos industriales; crecientes despidos de trabajadores; la muerte de 51 trabajadores en los últimos 35 meses, la contaminación de la columna de agua y fondos marinos en áreas costeras, lagos y fiordos de Chiloé y Aysén, y el escape anual de millones de salmones".
"Pero las salmoneras no sólo afectan por la contaminación de los mares", dice Paolo Sanino, "sino también por el tránsito de las embarcaciones que suelen pasar por donde las ballenas comen; y porque sus granjas se establecen en los mismos fiordos que las ballenas usan para protegerse de las inclemencias del Corcovado".
Y el tercer cuestionamiento a la propuesta de área protegida es que la importancia del golfo del Corcovado no radica en la existencia de las ballenas azules, sino en la enorme biodiversidad marina de la región de Chiloé.
Según Sanino, el golfo del Corcovado es importante porque en él ocurren fenómenos costeros llamados surgencias que remueven los nutrientes del fondo marino y los llevan a la superficie, donde, gracias al sol, se convierten en alimento para todos los habitantes de las aguas. "Pero estas surgencias ocurren sólo en verano, y de ellas se alimentan ballenas azules, ballenas jorobadas, ballenas francas, delfines australes, orcas, delfines chilenos, cachalotes, una gran variedad de aves migratorias y un montón de peces que forman parte importante de nuestros recursos pesqueros".
El primero en proponer un área marina protegida en la zona fue el académico de la Universidad de Chile Alberto Carvacho, pero su iniciativa pasó inadvertida porque no hablaba de ballenas, sino de moluscos y crustáceos. Según las investigaciones de Carvacho, Chiloé es una zona fundamental para el país porque ahí se liberan larvas de crustáceos y mariscos que siembran dos regiones hacia el norte, gracias a las corrientes marinas. "Hay gente en Tomé que está sacando jaibas gracias a las larvas de Chiloé", reafirma Sanino.
Por último, según el Convenio sobre Biodiversidad Biológica, una de las razones del fracaso de las áreas marinas protegidas en el mundo es la falta de procesos de participación transparentes y abiertos. "Yo no me opongo a esta propuesta, pero antes de eso me gustaría ver el reglamento", dice Paolo Sanino.
"Un mal reglamento puede convertir esta área protegida en un gran problema, más que en un beneficio. La categoría de múltiples usos podría significar que en vez de un bote, va a haber diez botes sobre las ballenas, que es lo que sucede cuando el turismo no está regulado. Y si las molestamos mucho, tienen todo el océano para irse y no volver".
