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  Pilas de hidrógeno

  Pilas de hidrógeno

  Será el combustible del futuro, pregona George W. Bush. Sin duda, pero su desarrollo tecnológico, que pretendía explotar en 2010, se aplaza por lo menos en 20 años más, dado el alto valor de una de las piezas vitales de este tipo de baterías, el platino.

Martes 15 de enero de 2008

"Quedan saltar trabas tecnológicas muy fuertes antes que la pila de combustible pueda equipar los automóviles particulares". Pierre Serre-Combe, jefe del programa de tecnologías del hidrógeno de la Comisión de Energía Atómica (CEA) de Francia, no minimiza los obstáculos que debe sobrellevar el sector del hidrógeno, tanto en términos de desempeño como de precio.

Sus aplicaciones en el mercado industrial, que los expertos anunciaban para el año 2010, han sido pospuestas hasta "el umbral 2020 ó 2030". Sin embargo, en algunos laboratorios, investigadores registran significativos avances.

El principio de la pila de combustible es conocido y controlado hace mucho tiempo: consiste, en el modo de una electrólisis inversa, en combinar hidrógeno con oxígeno para producir electricidad. Su empleo para abastecer motores de vehículos se enfrenta a su costo que, debido a los materiales costosos, como el platino, que constituye los catalizadores (ánodo y cátodo), sigue siendo 100 veces más elevado que el de los motores a gasolina.

Nuevos procedimientos de fabricación, más económicos en platino, así como el hecho de recurrir a materiales a base de grafito para los componentes que distribuyen el hidrógeno y el oxígeno y que recolectan la corriente eléctrica, han permitido sin embargo rebajar dicho costo a la mitad en cinco años. Además ha sido mejorada la longevidad de las pilas: mientras que las generaciones precedentes veían sus desempeños declinar después de cerca de 500 horas de funcionamiento, nuevos modelos han sido probados en condiciones reales durante más de 1.400 horas.

También ha habido progresos en el almacenamiento del hidrógeno. Mientras que hasta ahora ese gas era comprimido a 700 bares (un bar = una atmósfera) en unos cartuchos de metal -cuya reputación es de ser estancos y por lo tanto más seguros para ese gas muy ligero y muy explosivo- el CEA desarrolló unos estanques hechos con polímeros (nylon y poliuretanos), de fabricación más simple, que permiten llevar de 200 a 20 mil el número de ciclos de presurización.

Nuevas pistas están abiertas para la producción de hidrógeno. Ésta se realiza en la actualidad, en un 9%, por refinación del gas natural, con el inconveniente de liberar CO2. El CEA apuesta más bien a la descomposición del agua en hidrógeno y oxígeno por electrólisis. Unas unidades de electrólisis a baja temperatura ya están en servicio, con un rendimiento mediocre. Éste último podría ser incrementado por sistemas a alta temperatura, provistos por fuentes geotérmicas o por los reactores nucleares del futuro.

A 900º Celsius

Otros mercados, además del de los transportes, deberían llegar más rápidamente a su madurez. Antes de 2010, unas micropilas funcionando a combustible podrían así equipar los computadores y los teléfonos móviles. Y unas pilas a alta temperatura podrían, hacia 2015, proveer con electricidad y calor a viviendas y edificios colectivos.

Los esfuerzos de los ingenieros se dirigen a la reducción de las temperaturas de funcionamiento (actualmente de 900 grados Celsius) que limitan la vida útil y la fiabilidad de esos sistemas.

El CEA no es el único en llevar a cabo esas investigaciones. La Unión Europea acaba de lanzar una Joint Technology Initiative sobre el hidrógeno, que federa a 40 organismos públicos y a 50 industriales de 16 países, con un presupuesto de 470 millones de euros en cinco años.

Le Monde
The New York Times Syndicate

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