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Miércoles 16 de enero de 2008
El método circadiano es el último recurso después de todas las dietas y antidietas calculadas para bajar el peso y levantar la moral de los adictos a la comida del mundo. Se supone que acelera el metabolismo, controla el hambre, la adicción a los dulces, y permite adelgazar para siempre. Esa es la idea.
La doctora Daniela Jakubowicz se ha convertido en la nueva gurú de los obesos: la autora de este libro esperanzador es jefa del servicio de endocrinología de la Virginia Commonwealth University de Richmond, Virginia. Es cierto que el tema desborda las estadísticas. En Estados Unidos, 108 millones de personas pesan muy por encima de lo saludable -¡más de la mitad de la población!- y 14% de los adolescentes son obesos. Las dietas no funcionan, y quienes las hacen, constata Jakubowicz, se ven cada vez más gordos, cada vez más desesperados.
Ella asegura que es fundamental considerar las fluctuaciones que presentan las hormonas energéticas cada 24 horas. Pues estas fluctuaciones determinan en qué momento del día los alimentos se transforman en energía y cuándo en grasa.
Todo tiene que ver con el metabolismo y la luz solar. Los ciclos del día y de la noche, del sol y la oscuridad generan oscilaciones o ritmos hormonales en el sistema endocrino y en el sistema nervioso central. Son los llamados ciclos naturales de las hormonas o ciclos circadianos (del latín circa, círculo, y diana, día) que se repiten cada 24 ó 25 horas a lo largo de nuestras vidas.
Nuestro organismo funciona como un sistema en dos fases: la fase matutina, que se inicia con el amanecer, y la fase nocturna, que comienza con el ocaso del sol. La secreción de serotonina se incrementa al anochecer y permanece elevada durante toda la noche: la serotonina es un mediador antidepresivo y sedante que procura felicidad, tranquilidad y sueño. Además de su influencia antidepresiva, regula el apetito y el deseo de comer dulces, chocolates y harinas.
Los altos niveles de serotonina que persisten al amanecer producen un rechazo hacia el desayuno, mientras que su brusco descenso hacia la media tarde ocasiona una sensación de tristeza y un impulso irrefrenable hacia las harinas o dulces. En suma, el método circadiano dice: "Desayunad como reyes. Lo que comemos al desayuno no engorda. En cambio las comidas nocturnas son fatales, pero -si no incluimos proteínas ni grasas en la última comida- adelgazamos durmiendo". He ahí.
¡NI UNA DIETA MÁS!
Daniela Jakubowicz
Planeta
Buenos Aires, Argentina, 2007
191 páginas