
Viernes 18 de enero de 2008
Las esperanzas de un acuerdo político que solucione la grave crisis política en Kenia parecen esfumarse, sin que la mediación internacional haya logrado evitar los violentos enfrentamientos entre grupos opositores y la policía, que en dos días de manifestaciones han provocado la muerte de, al menos, siete personas.
La comunidad internacional se sumó a la oposición y ha sentenciado que los comicios del 27 de diciembre, que le otorgaron la reelección al Presidente Mwai Kibaki, no cumplieron las garantías de transparencia. Tanto la Commonwealth (Mancomunidad Británica de Naciones, a la que Kenia pertenece como antigua colonia británica) como el Parlamento Europeo calificaron que el recuento de votos no se apegó a las normas internacionales, solicitando que un organismo externo vele por el conteo de los sufragios, reclamando nuevas elecciones si ello no fuese posible.
En tanto el portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Sean McCormack, responsabilizó tanto al Gobierno como a la oposición de la violencia. "Las dos partes son igualmente responsables del hecho de que no haya hasta ahora ningún arreglo político", afirmó el funcionario.
El Presidente de la Unión Africana y Mandatario de Uganda, John Kufuor, y el subsecretario de Estado (vicecanciller) de Estados Unidos, Jendayi Fraser, estuvieron realizando hace semanas gestiones para buscar una solución política y pacífica al conflicto.
Sin embargo, la designación del gabinete ha desembocado nuevamente una espiral de violencia que frena el entendimiento y desvanece una pronta salida a la crisis.
Las protestas comenzaron este miércoles producto del llamado del opositor Movimiento Democrático Naranja (ODM), liderado por Raila Odinga, a manifestarse durante tres días luego de que el Mandatario Kibaki decidiera establecer su gabinete unilateralmente, a pesar de las conversaciones que llevaba con la oposición y mediadores foráneos.
REPRESIÓN POLICIAL
Odinga acusó ayer a la policía de matar inocentes en las intensas protestas que se llevan a cabo en la capital Nairobi y en las ciudades de Kisumu y Eldoret (oeste), donde los efectivos lanzaron gases lacrimógenos y dispararon (municiones reales y de fogueo) contra los manifestantes.
Mientras la policía reconoce el fallecimiento de cinco personas por disparos de las fuerzas de seguridad en distintas urbes del país, la oposición denuncia la muerte, sólo en Nairobi, de siete manifestantes.
"Las protestas continúan y no vamos a ser intimidados ni nos detendremos hasta que consigamos nuestro objetivo", aseguró el secretario general del ODM, Anyang Nyongo.
El portavoz gubernamental, Alfred Mutua, respondió que "la principal intención de la oposición es destruir el modo de vida de los kenianos, sin tener en cuenta sus intereses".
Las violentas protestas, que comenzaron tras los comicios del 27 de diciembre, han provocado 700 muertes y unos 250 mil desplazados, sumiendo a Kenia en una grave crisis política y social que se contrasta con la imagen de estabilidad que el país del oriente africano proyectaba a la comunidad internacional, horrorizada por la escalada de enfrentamientos de índole político, mezclado con reivindicaciones étnicas.