
Viernes 18 de enero de 2008
Después del asesinato por envenenamiento del ex agente KGB, Alexander Litvinenko en Londres, las relaciones diplomáticas entre Gran Bretaña y Rusia no han sido las mismas. Ahora, la constante intimidación a varios funcionarios del Consulado Británico llevó a Londres a decidir cerrar las filiales del British Council en las ciudades de San Petesburgo y Ekatimburgo y, con ello según el periódico inglés The Guardian- estudiar la posibilidad de sanciones económicas para el Gobierno ruso.
Según adelantó The Guardian, diplomáticos británicos en Moscú indicaron que el Kremlin utilizó "tácticas al estilo KGB" para amedrentar a los trabajadores del British Council en ambas ciudades e impedir que volvieran a sus puestos. Todo ello se explicaría por la disputa diplomática que mantienen ambos países desde la muerte del agente KGB el 2006, ya que la Fiscalía británica acusa al empresario ruso Andrei Lugovoi, y pidió su extradición, situación que el Kremlin rechaza categóricamente.
Las tensiones bilaterales se agravaron el año pasado cuando Gran Bretaña decidió expulsar a cuatro diplomáticos rusos de Londres, medida que fue respondida por Moscú con la expulsión de cuatro funcionarios británicos. De acuerdo a las fuentes diplomáticas consultadas por el diario inglés, los servicios secretos rusos FSB, sucesor de la KGB, habían hecho varias amenazas al personal del British Council. Entre las intimidaciones estaban el preguntar a los empleados sobre la salud de familiares ancianos, advertirles por el futuro de sus mascotas o amenazarlos con multas por infracciones fiscales.
Consultado ante tan grave situación diplomática, el canciller británico, David Miliband, señaló que Londres afirmó que el Gobierno de Vladimir Putin pagará de alguna forma sus acciones, sin embargo, no admitió ningún tipo de represalias inmediatas.