
Domingo 20 de enero de 2008
"Boom, boom, boom, boom, boom. Kana hi naj kutz, kutz ehy ja. Devla. Devla. Devla, mi dzav te mange an for? Jek bar? Kalashnikov, Kalashnikov, Kalashnikov, Kalashnikov, Kalashnikov. Eeeeeeh...".
Siete mil personas saltan junto a la terraza de la Playa Chica de Cartagena y la canción más revoltosa de la cinta "Underground" (Emir Kusturica) golpea como aplanadora. Era casi el final de la noche y la distorsión que produjo animó a Goran Bregovic a hacer una propuesta irresistible: "¿Una vez más?".
Suenan las trompetas de guerra y la nación gitana grita "¡A la cargaaaa!". "Boom, boom, boom, boom, boom ". Y empieza de nuevo el son galopante que ironiza sobre la importancia de poseer el mítico fusil ruso en la Yugoslavia de Tito.
La directora del Festival Santiago a Mil, Carmen Romero, salta como pulga luego dejaría callados a un par de reporteros impertinentes con un "¿y por qué no iba bailar?"-, uno de esos mismos periodistas se sandunguea arriba de un parlante, un curagüilla de la reja para atrás sigue gritando "maestro", los punkies sueltan las "Escudo" y una hermosa anciana de pelo cano se para con los ojos brillantes: "Esto es maravilloso, necesitamos más cosas como éstas, porque nos sentimos abandonados", dijo.
Ese abandono de apátrida tuvo su banda sonora el viernes y ayer en La Bandera. Pero no como en una cinta de los Balcanes, porque digámoslo, los gitanos no andan con sombreritos comprados en Falabella ni con toallas sobre los hombros. Y el propio Bregovic, que hasta en ese momento había sacado su guitarra azul y su impecable traje blanco hasta en la frontera de Irak, reconocería al final esa conexión sacro-popular.
"Fue extraño, por primera vez toco en una playa. No hicimos sólo música simple, hicimos un concierto para un hall, con piezas orquestales, y la gente lo disfrutó. Y, por supuesto, yo también", explicó más tarde con un jockey bordado con la palabra "Cartagena" y un tazón que le regaló el alcalde y que Romero le llenó con pisco sour.
RISA Y LLANTO
Es cierto. La mayoría de las 26 canciones que Bregovic interpreta no son exactamente rock and roll y muchos de los presentes ni siquiera sabían quién cantaba "en jerigonzo", como sostuvo un vendedor playero. De hecho, el concierto comienza con la entrada de algunos integrantes de la Orquesta Filarmónica de Santiago, del coro del Teatro Municipal y el director de su Orquesta para Bodas y Funerales, a quienes se van sumando dos cantantes búlgaras, de ropajes tradicionales, seis bronces que aparecen desde el público y un percusionista que llena el espacio con apenas un bombo-caja y un platillo.
A la tercera composición Bregovic ya está instalado con su Mac, dirigiendo de espalda -con el brazo en alto- sus canciones de las cintas, "La reina Margot", "Tiempos de gitanos", "Sueños de Arizona", su explosiva versión de "Carmen", y sus obras "Tolerant heart" y "Tales & songs from wedings and funerals".
La mezcla de soportes es sublime. Las teatrales cantantes se sobreponen a un coro interpretado con la solemnidad y épica de la banda sonora de "1492". La festiva orquesta completa el puente hacia lo popular y Bregovic puntea su guitarra sin pretensiones de rockstar.
El dominio de la puesta en escena es absoluto. Bregovic te puede hacer llorar actualizando los tiempos inmemoriales que se esconden en tu ADN, con canciones como "Underground Tango" y "Kuduz", y al siguiente golpe de baquetas, ya te tiene saltando como epiléptico con canciones como "Gas, gas", "Maki maki" y "Mesecina".
O transformarte en un desquiciado groupie como el cuarteto de peloláis que saltaron hacia el sector de las autoridades, organizadores y parte del red set de Las Cruces, entre ellos, Felipe Bianchi y Morgana Rodríguez: "Es que venimos de Santiago", explicaron las mismas niñitas que al principio del concierto injuriaron a los periodistas diciendo que entraban a la zona privilegiada por tener plata.
Pero a nadie le importaba. El tsunami gitano tenía a todos remando para el mismo lado y la histeria femenina es todo lo contrario a un problema para Bregovic: "Todo el dinero que gastaba el magnate Onassis en mujeres valía la pena , imagínate para un músico. Hacemos todo por las mujeres". LCD