
Domingo 20 de enero de 2008
El sorprendente romance entre Carla Bruni y Nicolas Sarkozy podría haber servido para conocer un poco mejor en Chile la oferta de una de las cantautoras más exitosas de Francia. Pero a la compañera del Presidente aquí se insiste en presentarla como una "ex modelo". Se nos alejan así sus calmas canciones y las de sus colegas. A excepción de Aznavour y otro par de nombres, nuestra distancia histórica del pop francés y de la rica veta de chansoniers es casi irremediable, y una de las pruebas más contundentes de cuánto nos perdemos con nuestra obediencia ciega al Billboard. Francia se agita desde hace al menos diez años con toda una nueva generación de cantautores que combinan con asombrosa prestancia sus influencias anglo con la tradición poética local. Camille, M, Katerine, Dominique A, Keren Ann y Benjamin Biolay son muy recomendables nombres para quien quiera abstenerse un rato del "yeah, baby" machacante.
Vanessa Paradis se nos presenta más cercana, en parte por una razón muy frívola. La prensa estadounidense la sigue desde hace años como la esposa de Johnny Depp, y un par de campañas de publicidad la han convertido en una francesita de alcances más globales. Aprovechemos, entonces, la racha para conocer su nuevo disco, una publicación con mucho más carácter del que la parisina había alcanzado a mostrar hasta ahora en su carrera. Conocida en Chile por su mayor hit adolescente ("Joe, le taxi"), Paradis ha avanzado al margen de los focos internacionales hasta convertirse en una cantautora asertiva, que se observa en heroínas francesas brillantes (Hardy, Greco) y barniza lo que canta con una suavidad muy parecida a la ternura. La fuerza específica de este nuevo disco puede explicarse por la colaboración estrecha del brillante guitarrista Matthieu Chedid (M), pero también porque Vanessa ya no quiere contentarse sólo con una linda melodía y busca arreglos que deparen efectivas sorpresas. Si una primera pasada da la impresión de otra rubia cándida, la revisión justa de este disco debiese reparar en pliegues más sombríos, maduros, inquietantes, y, ojalá, azuzar la curiosidad por lo que hoy sucede musicalmente en Francia, surtidor casi inagotable de buenas ideas.