
Domingo 20 de enero de 2008
Tiene todo eso: una película cara, un actor carismático de los que acarrean multitudes, y como premisa la historia de un sobreviviente, tema que en Estados Unidos siempre se vende como pan caliente. Pero, a pesar de todos los estereotipos que uno pudiera achacarle, "Soy leyenda" tiene varios puntos a su favor y se los gana justamente porque es capaz de trascender al formato.
La historia, basada en la novela de Richard Matheson, muestra a Robert Neville (Will Smith), el último hombre en la Tierra luego que un virus arrasara con la humanidad convirtiéndola en zombie. Después de la breve introducción en la que entendemos la causa de la aniquilación, no escuchamos nada. Smith no habla. Deambula, vigila y es capaz de traspasar la intimidad de un tipo que se ha quedado solo. Desde ese primer apronte, donde el silencio y el completo vacío de la ciudad son sus mejores cualidades, es posible intuir que la cinta tiene una gran distancia con sus coterráneas.
Francis Lawrence, su director, toma en "Soy leyenda" un camino modesto. Sin buscar complacer de buenas a primera, estruja recursos de impacto sutil para generar ambiente: usa el tiempo muerto, mantiene el silencio, construye un drama contenido, pero no por eso menos tenso. Si en las cintas de acción el ruido y las externalidades son las que conducen la acción, aquí lo es la presencia de un solo actor que, más que enfrentarse con monstruos, debe hacerlo consigo mismo e intentar vivir normalmente en una ciudad infectada.
Lo extraño es que no hay sorpresas. De antemano es fácil adivinar qué pasará con el único personaje en escena, pero Lawrence sabe cómo sortear lo predecible añadiendo suspenso y humor en dosis exactas. No deja de lado los golpes de efecto, que incluyen flashbacks, persecuciones y, claro, zombies, pero concentra la atención en una propuesta más íntima que mezcla con equilibrio los elementos del drama y las pirotecnias del espectáculo de masas.
Claramente no es una obra maestra, sigue siendo un blockbuster cuyo público cautivo sabrá perdonarle la falta de espectacularidad y el débil final feliz, que por poco mata el tono frío y desesperanzador que había construido. Pero es un buen ejemplo de lo que se puede hacer cuando se le mete más cabeza que plata a un proyecto. Lawrence, quien antes había dirigido la espantosa "Constantine", demuestra que la efectividad es distinta al efectismo, y ese gesto de sencillez hace de "Soy leyenda" una digna representante del despreciado género de ciencia ficción.