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  Catrileo y Frei Montalva

  La sociedad prefiere mirar para otro lado, al mismo sitio que mira cuando se empiezan a saber los detalles del asesinato de Eduardo Frei Montalva, un crimen que ha pasado piola.

Jueves 24 de enero de 2008

La Chepa lleva más de cien días en huelga de hambre por una condena aplicada gracias a la ley antiterrorista. Está siendo alimentada por vía venosa en contra de su voluntad, gracias a que la mantienen amarrada al catre del hospital de Chillán donde fue llevada también contra su voluntad. Gendarmería dice que la vida de sus presos es un "bien jurídico" y que "respeta la decisión de la interna", pero que le alimenta contra su voluntad, lo que viene a significar que le importa un huevo la decisión de su interna.

Patricia Troncoso, que así se llama La Chepa, que viene a ser una prima lejana de todos nosotros, tal como Matías Catrileo, el cabro que murió asesinado en una trifulca en el campo de un guerrillero de la vieja guerra civil chilena, no tiene ahora ni el derecho a morir como le viene en gana, porque el Estado no puede permitirse otro cadáver mapuche aunque no le importa demasiado mantener ese espíritu guerracivilista larvado que cultivamos hace unos 500 años con paciencia digna de Penélope.

Esta democracia que tanto ha avanzado en neoliberarnos, sigue empantanada en la época de Cornelio Saavedra, otro de los héroes que pasó a la gran historia del Ejército chileno gracias a la "pacificación de la Araucanía", una expresión bien chilena para describir el asesinato de miles de mapuches.

El tal Saavedra también fue héroe en la entrada a Lima y posterior escabechina de peruanos, dos deportes a los que nuestros uniformados se abocaron con mucho éxito en los siglos pasados. Mientras, la sociedad prefiere mirar para otro lado, al mismo sitio que mira cuando se empiezan a saber los detalles del asesinato de Eduardo Frei Montalva, un crimen que ha pasado piola porque en este país a nadie le importa un carajo que lo hayan envenenado.

Ni la prensa de derecha, que es casi toda -y que sigue felizmente subvencionada por el Estado- tiene ningún interés en la muerte de Frei Montalva, tal como ignora la de mi primo Catrileo y la probable de mi tía La Chepa. El Estado sigue empantanado en la medida de lo posible y la oposición desencadena sus ataques a ese pasquín que ha conseguido sacar a la calle Juan Carvajal con frases maravillosas como esa de Hernán Larraín cuando advierte que no permitirán que "el Gobierno difunda ideas", algo de lo que estamos seguros: sabemos perfectamente el lugar que esa derecha le confiere a las "ideas": cerca una parrilla de tortura, amarradas a un riel, no sea cosa que las ideas se quieran escapar, o con unas buenas dosis de bacterias botulímicas como las administradas a Frei Montalva y que la derechona oculta.

Todos esperamos esa gran investigación, las claves secretas descubiertas, los diálogos privados entre los asesinos, las dosis de bacterias, la hora en que se administraron, en un reportaje dirigido por Cristián Bofill en el dominical de La Tercera, tras el asesinato de Frei, pero, claro, esas claves nunca llegarán porque en el diario de Jovino Novoa no están para esos temas del pasado, sino para pensar "sin límites". Lo mismo en el caso de mi primo el finado Catrileo que con cueva tiene cuatro líneas.

¿Se imaginan si el muerto fuera del otro bando? Estaríamos incendiados, en guerra civil, pero como los muertos son un indio y un democratacristiano que luchaba -tardíamente pero luchaba- contra la dictadura, a nadie le importa un carajo que maten a mi primo Catrileo, que quiera morirse La Chepa, que los asesinos de Frei Montalva sigan protegidos y libres.

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