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  "¿A quién le importa mi opinión?"

  "¿A quién le importa mi opinión?"

  Antidiva. Elige cuándo hacer televisión porque huye de esa fama. La recordada María Luisa de la película "Machuca" lleva un par de años dedicada al teatro de marionetas y los dibujos. Sigue leal a la Concertación; cree que la apatía por el crimen de Frei Montalva es señal de la enfermedad chilena y pide más subvenciones para la cultura.

Domingo 27 de enero de 2008

Tiene fama de hosca y rarita con la prensa, pero la actriz delgada y sin una gota de maquillaje que aparece a las cuatro de la tarde en el Teatro Mori es una hermosa mujer sonriente, amable y cuidadosa en sus reflexiones, lejana al divismo de muchos de sus compañeros. Aline concede una hora de conversación en la que exhibe serenidad, inteligencia y sentido común para explicar sus visones del oficio actoral, de la política y sus pudores con la fama.

Empecemos con "Capote", tu obra de marionetas que ha tenido tanto éxito, y que te muestra en una faceta nueva.
-La Paola Giannini estaba dando vueltas sobre este texto de Gogol, y quería hacerlo con marionetas. Me pidió si podía echarle una mano en el diseño y empezamos a embalarnos y terminamos haciéndolo juntas. El 2006 postulamos al Fondart, lo ganamos, empezamos a construir las marionetas y el 2007 estrenamos.

O sea, estás en la sospechosa categoría de gente que gana Fondart.
Claro, presentamos el proyecto muy completo sabiendo que iba a despertar suspicacias, del tipo "de dónde salieron éstas que quieren hacer marionetas si nunca lo han hecho". Sabíamos que iba a pasar eso.

No son marionetas típicas porque los actores sí se ven allá detrás.
En realidad son muñecos, con la técnica de varillas, del bunraco chino, son prolongaciones de ciertas articulaciones de los muñecos y nosotros estamos vestidos de negro atrás tratando de no aparecer. Es una especie de obra realista en miniatura.

Es extraña la decisión de una actriz que tiene una buena carrera en el cine, el teatro y la televisión y de repente aparece haciendo muñequitos. ¿Es un acto de protesta minimal?
No sé si es un acto de protesta, pero sí es el resultado de una forma de enfrentar el oficio y el fenómeno teatral. Hay otras aristas que me estaban interesando hace tiempo, como la escenografía. Siempre en mi vida ha estado presente el tema gráfico, mi madre [Mariana Kuppenheim] es dibujante y desde niña me estimulaba para dibujar, hasta que me metí más seriamente cuando, en París, conocí a Audren, una escritora francesa que me propuso ilustrar sus textos. Llevo 15 años actuando y todo tiene su desgaste.

Siempre sorprende que actrices de éxito prescindan de la tele, que es una droga de adicción dura.
Sí, es una máquina que te chupa mucha energía y eso impide que te desarrolles en otros proyectos que son importantes.

Te mantiene arriba de una pelota que trae dinero, fama y esas cosas.
Claro, pero eso depende del temperamento de cada cual. No soy una persona apegada a los lujos, no necesito demasiado para vivir tranquila y contenta; por lo tanto, hago televisión cuando lo estimo conveniente.

Y cuando se empiezan a terminar los ahorros.
Sí, y lo hago con mucho gusto porque yo decido cuándo lo hago y después prorrateo y vivo de mis ahorros y puedo hacer mis libros de dibujo y mis muñecos.foto_02
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SANTIAGO A DIEZ LUCAS

¿Cuál es tu balance de este Santiago a Mil, que en realidad debería llamarse "Santiago a diez mil".
Se llama "a mil" porque empezó hace 15 años, y una luca de hace 15 años no es lo mismo que una luca de ahora.

Sí, y era una época en que se hacía mucho teatro voluntarista, y todos aportaban a la causa, incluidos los actores.
Y ahora hay montajes internacionales que no vienen por el gusto al arte. Ha costado hacer entender al público que el teatro tiene que salir del estatus de hobby. Cuando son montajes chilenos, la gente cuestiona el precio también porque cuatro lucas para mucha gente es mucha plata, pero siguen siendo muy poco para el valor real. Nos falta, en políticas culturales, la subvención al valor de la entrada, que es que el Estado le pague al público esa parte de la entrada que falta para montar una obra.

Volvemos a la vieja pregunta de por qué el Estado le va a pagar a los actores si no subvenciona ni la bencina ni un viaje al zoco de Estambul que tengo pendiente.
Exactamente. En nuestro país es así; en otros, la cultura es un derecho y es un antídoto contra males sociales como la violencia, la exclusión, el vandalismo, que tienen origen en alguna parte, y que son temas de los que nos quejamos mucho en este país. En todas partes donde se han probado estas "terapias culturales" siempre ha habido un enganche positivo, una especie de sanación y un descubrimiento del valor del ser humano. El arte es terapéutico. Nos falta ese largo camino.

Pero está chorreando cultura A Quillota le llegó el Piccolo Teatro de Milano, por ejemplo.
Es muy poca la gente en el mundo que tiene la oportunidad de ver a Carlo Goldoni y el Piccolo Teatro. Ahí te das cuenta que hay necesidad de cultura porque la gente llega con la guagua, con la abuela, con el perro, lo que demuestra que la gente está demandando mucha más cultura. Está el mito de que la gente necesita ver farándula, pero ve eso porque no le dan otra cosa. Cuando le dan cultura se vuelca, porque el ser humano necesita alimentar el alma. Necesitamos belleza.

¿Cómo ves el rencor social contra los ídolos o contra la cultura?
Quizá sea atávico, no lo sé, pero sí puedo sospechar que se hace ídolos a personas que nadie quisiera ser, como Bolocco o Pamela Díaz, sin ofender. Es nuestra idiosincrasia profunda. En el país del lado son aduladores hasta la exageración con ídolos muy cuestionables.

¿Cómo fue tu experiencia de estar dentro de la institucionalidad cultural cuando tu pareja de entonces [Bastián Bodenhoffer] fue agregado cultural en París?
Te das cuenta que somos un país que todavía tiene otras prioridades. Si no se subvenciona la bencina, que es un bien elemental, falta mucho para la cultura que todavía sigue relacionada con el lujo. El arte es el reflejo del alma del pueblo. Pero mi vida en París fue muy doméstica, mi hijo Ian tenía un año y estaba empeñada en ser su mamá, pero me metí en las ilustraciones.

ANTIDIVA

En el imaginario hay una percepción tuya como de antidiva, una mina esquiva con la fama.
Puede ser, hay otros que lo leen como divismo. Es lo que me nace, la celebridad me produce todo tipo de pudores. La fama es un precio de lo que me gusta hacer y no es mi objetivo. No me hago la cool no figurando en la prensa, me da plancha aparecer en los diarios. Me parece penoso. Siempre he pensado que a quién le puede importar lo que yo opine o piense.

Después de tus célebres trabajos en "Machuca" y "Play", ¿que nos ofrecerás en cine?
Tengo dos películas por estrenar, la de Andrés Wood, que se va a llamar "En tránsito", y la otra es "Turistas", la segunda película de Alicia Scherson. Me repito el plato con los dos.

Revisemos algunas frases célebres tuyas: "A mi hijo no lo dejo ver teleseries".
Nunca entendí esa polémica. Mi hijo tenía cuatro años en ese momento y todavía no lo dejo ver teleseries, ni películas de terror ni porno; no comparo, pero los contenidos de una teleserie no son para niños. Es de lógica elemental y fui mencionada hasta en el Congreso por haber dicho eso. La televisión no es la niñera del pueblo y yo a esa hora le leo cuentos para dormirse.

Otra autodefinición tuya: "No tomo copete ni fumo marihuana". Una actriz así no da jugo.
No me gusta fumar marihuana, me hace pésimo, me da delirio de persecución. Y el copete me da sueño, no me gusta el sabor, es triste, y no me gustan los curaos.

LEALTAD CONCERTACIONISTA

¿Tienes opiniones políticas sobre el primer o segundo tiempo del Gobierno?
Me sigo sintiendo bastante leal a la Concertación con todos los cagazos que ha habido, hay y habrá. La apatía de ahora también es señal de normalidad y los discursos se emparejaron. Ahora todos tienen el discurso izquierdoso.

Dos preguntas de contingencia. Tu opinión sobre la Chepa, la activista mapuche que lleva más de 100 días en huelga de hambre.
Es el resultado de cientos de años de relación entre ellos y los conquistadores, que ahora somos nosotros. Su protesta puede ser discutible éticamente, pero tendríamos que ponernos de acuerdo sobre la eutanasia para saber si el Estado le da o no derecho a morir.

La otra es sobre la apatía total sobre el crimen de Frei Montalva, un ex Presidente.
Finalmente es un muerto más, después de tanto horror a nadie le importa, ya nos anestesiamos. Como tampoco le importa a nadie la mujer asesinada semanalmente. Son expresiones de nuestras enfermedades. 

La Nación

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