
Miércoles 30 de enero de 2008
El aliento que los descolgados de la Concertación reciben desde la derecha quedó de manifiesto, una vez más, con la renuncia a la DC, en una primera plana dominical, de los hermanos y cónyuge de Adolfo Zaldívar. Pero la verdadera noticia -si de rigor periodístico se hubiese tratado- no era "la dura carta de la familia Zaldívar Larraín" que se daba a conocer en exclusiva, sino la notoria ausencia, entre los firmantes, del único otro hermano con actividad política destacada: el ex presidente del Senado y ex ministro del Interior Andrés Zaldívar.
Que "el chico" haya decidido seguir en su colectividad de siempre, sin unirse a la suerte del "colorín", ilustra muy bien el dilema del conjunto del clan fundado por los extintos don Alberto y doña Josefina. Desde luego, Andrés no es el único que no firmó -ni siquiera le mostraron la carta, de la cual se enteró por el diario-; tampoco lo hizo Ana María Zaldívar, hija del primer matrimonio de Adolfo con la actriz Ana María Palma, y que prefirió, al igual que su tío, seguir la lucha al interior del partido. Ella es asesora de la ministra Laura Albornoz, del Sernam, quien a su vez ha sido estrecha colaboradora del diputado colorín Jaime Mulet, pese a lo cual no fue defenestrada del gabinete por la Presidenta Michelle Bachelet.
De modo que no todo está pintado en el sector adolfista. Ni a nivel familiar ni político. La noticia de los desacuerdos dentro del clan tuvo su preludio la semana pasada cuando algunos de los cinco diputados escindidos de la DC declararon preferir un acuerdo con la Concertación antes que con la derecha. Lo cual vino a confirmar las sospechas en la bancada de la UDI de que colegas como Alejandra Sepúlveda y el antofagastino Pedro Araya aún tenían el alma en su antigua coalición y que podrían integrarse finalmente a las listas de ésta para asegurar sus reelecciones.
Algunos parlamentarios derechistas optaron, entonces, por negociar con el oficialismo un pacto de administración en la Cámara, turnándose en la testera y asegurando para sí la presidencia de la mayoría de las comisiones.
Si RN se mostró reticente a esta fórmula fue porque quería confirmar la gestación de una "nueva mayoría" en el país, a partir del acuerdo alcanzado en el Senado con el comité independiente que se constituyó allí y que aspiraba a replicar en la Cámara. Pero los hechos tomaron otra dirección.
El senador Zaldívar no logró controlar a "sus" diputados, con lo que quedó claro por qué éstos dilataron un tanto la decisión de renunciar a la DC. No hay que olvidar, además, que los parlamentarios cercanos a Zaldívar eran originalmente diez (con el senador Sabaj) y que cuatro diputados se alejaron del grupo cuando éste se radicalizó en el hemiciclo.
Todo esto no debe ser visto como mero juego de componendas en el Congreso. Aparte de los efectos en la legislación que interesa a los chilenos, puede haber repercusiones a nivel nacional si se arman pactos electorales. Pero el acuerdo para la mesa del Senado deja en claro varias cosas. Desde luego, que el nuevo comité independiente no es una isla grande en la geografía política, sino un archipiélago de vanidades, conformado por islotes con designios propios. Para decirlo en paráfrasis de Sebastián Piñera, se sabe a quién se desaloja y no a quién se aloja en la presidencia de la cámara alta. Tres de los cuatro senadores independientes confesaron su apetito por el cargo. A dos les sirve como trampolín, para saltar desde la segunda dignidad del Estado nada menos que a la Primera Magistratura.
Hay un sector de la derecha que alienta estos protagonismos, para que, como candidatos presidenciales, se conviertan en antagonistas útiles: si quitan votos a la Concertación, aumentan las posibilidades de que el aspirante más votado de la Alianza acceda a La Moneda. Lo que no toman en cuenta estos ingenieros electorales es que la dispersión de postulantes va en desmedro de todos los candidatos fuertes y que los votos que consigan Flores y Zaldívar, aunque sea en desmedro de unos más que de otros, no necesariamente irán a la derecha en segunda instancia. Los dos senadores tienen todo el derecho a sobrevivir políticamente como puedan y para eso pactar con la derecha no es espurio per se. Pero es un hecho que ambos fueron elegidos con votos concertacionistas, uno de socialistas, pepedés e independientes de izquierda, el otro de decés y electores de centro. Algunos de esos ciudadanos pueden estar decepcionados de la coalición gobernante, pero en segunda vuelta acaso la consideren el mal menor, tal como lo han hecho comunistas y disidentes de izquierda, que hasta ahora han constituido el factor de desempate presidencial.
Si de "desmedidas ambiciones presidenciales" se trata, resulta conmovedor que los miembros del clan Zaldívar que renunciaron al partido se las adjudiquen solamente a Soledad Alvear, en circunstancias que una de las razones del paulatino alejamiento de Adolfo del partido fue la condición de abanderada decé que ella detenta desde hace ya tres años.