
Miércoles 30 de enero de 2008
Perú presentó ante el Tribunal Internacional de La Haya su reclamo sobre los límites con Chile en cuanto al mar territorial. El acontecimiento ha sido divulgado por algunos medios de comunicación de un modo exagerado, aun deformado. Pero de esta manera se oscureció otro hecho de gran trascendencia: la aprobación de la reforma previsional. En cuanto al tema bilateral, éste fue presentado como un acto de agresión que requería un rechazo formal. La prensa viene presentando esta iniciativa de Perú como un atentado contra los tratados que nos han regido durante más de medio siglo. Es cierto que los medios de comunicación suelen muchas veces acentuar los conflictos, pero en temáticas delicadas deberían actuar con más prudencia.
Más reprobable me ha parecido la actitud de los parlamentarios de las comisiones de Defensa de nuestro Congreso, que han tocado a alarma como si con la decisión de Perú se estuviera atentando contra la soberanía territorial chilena. Muy distinta ha sido la actitud de ambos gobiernos, el chileno y el peruano, los que han coincidido en separar este conflicto netamente jurídico de las relaciones amigables que vinculan a los dos países en lo económico, social y político. Chile se ha apresurado a declarar "normal" el llamado hecho al embajador en Lima a consulta. Éste es el camino que debemos tomar. Nos lo pide nuestro mismo amor a Chile y nuestra adhesión al proyecto que garantiza la paz y solidaridad con los países hermanos del continente.
Ambos países, Chile y Perú, tenemos por delante una tarea: superar los brotes nacionalistas e ir creando una cultura de amistad y solidaridad. Hay que destruir en los corazones la desconfianza, el resentimiento o el patrioterismo. Hay que desarmar los corazones para después desarmar las manos y terminar con todo armamentismo. Armamentismo que es una estupidez y escándalo que ofrecemos al mundo.
Para toda esta tarea, terminemos recalcando la gran responsabilidad de los medios de comunicación. Lo que les pedimos no es sino que trasparenten la verdad. Una verdad que supere la ignorancia, la desconfianza y los prejuicios. Una verdad que supere viejos nacionalismos y nos ponga en el nuevo milenio frente a la tarea de un subcontinente de paz y fraternidad.