
Domingo 3 de febrero de 2008
Christian González fue la chapa con que Christian von Wernich, el ex capellán de la policía argentina durante la llamada "guerra sucia", se convirtió en párroco del apacible balneario chileno de El Quisco. El abyecto cura, hoy condenado a cadena perpetua en su país, no sólo participó en ejecuciones, tormentos y vejaciones de prisioneros.
También extorsionó personalmente, por miles de dólares, a las familias de los detenidos, esperanzadas en lograr la libertad de sus seres queridos. Los presos fueron todos asesinados y el padrecito Von Wernich se embolsó muy cristianamente la plata todavía húmeda de sangre y de lágrimas.
"El testigo falso es el demonio, porque está preñado de malicia", mascullaba durante el juicio el religioso, no investido ya con su alba y su casulla sacerdotales, sino enfundado en un chaleco antibalas de kévlar del que no se despintó ni por un instante a lo largo del juicio. "El fin no justifica los medios. Si queremos llegar a la verdad, hagámoslo con paz, con reconciliación, porque un corazón preñado de malicia es un corazón que no entiende lo que Dios quiere y lo que el hombre necesita: reconciliarse", agregó el cura, con la mirada baja, entre otros de sus bíblicos retruécanos.
Deberá pasar lo que le resta de vida tras las rejas, porque la justicia del más acá no lo absolvió y el ex capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires, de 68 años, fue sentenciado a la máxima pena prevista por las leyes argentinas por participar en siete homicidios calificados, 31 casos de tortura y 42 privaciones ilegales de libertad.
Otro religioso argentino, esta vez el joven rabino Ángel Kreiman, llega a Chile a pocos meses del golpe y se arroga el pomposo título de Gran Rabino de Chile, quedando así, por arte de birlibirloque, a la cabeza de toda la comunidad judía chilena.
Hacia finales de 1973, el cardenal Silva Henríquez lo convoca a formar parte del Comité Pro Paz, junto con otros dignatarios. Nada hace sospechar de este locuaz pastor. Tendrían que pasar los años para que cayera la máscara del turbio personaje.
Un memorando desclasificado en 1998 por el Departamento de Estado señala que Kreiman informó a la embajada norteamericana del "profundo rechazo de la dirigencia comunitaria judía a seguir participando en el Comité Pro Paz, debido a la creciente tensión creada con el Gobierno".
Misteriosamente, pese a formar parte del Comité Pro Paz, Pinochet le concede "por gracia" la nacionalidad chilena. La verdadera naturaleza de Kreiman, sin embargo, no sería conocida hasta 1997, cuando se lo relaciona en el caso de una periodista detenida-desaparecida de origen judío.
El "Gran Rabino" no dijo una palabra al respecto. Y las acusaciones siguen lloviendo sobre él: una investigación de prensa publicada en este mismo diario mencionó a Kreiman como pieza clave en el misterio que había envuelto por 19 años el secuestro de un matrimonio de ricos judíos chilenos en el aeropuerto de Ezeiza, en 1977.
Y la pérdida, junto con ellos, de una millonaria suma de dólares supuestamente de propiedad del Partido Comunista. Kreiman habría "vendido" a sus feligreses a la Operación Cóndor, ese lúgubre andamiaje de muerte, tortura y saqueo que unió a las dictaduras del Cono Sur. ¿Quién se quedó con el dinero del matrimonio Stulman? Hay más de Ángel Kreiman. Historias feas que no vienen al caso. Y más del cura Von Wernich, que más vale olvidar.