Inicio » Opinión

  La burla

  La manada que circula entre la cafetería del Congreso y sus sedes partidarias de Santiago debería tener cierta consideración hacia esas raleadas filas de militantes que, año tras año, entran a un teatro para asistir al aniversario del partido.

Domingo 3 de febrero de 2008

Seguramente, los profesionales de la política encuentran que sus maniobras en el Congreso Nacional son una muestra de fina ingeniería. Así será, pero el espectáculo de verlos en una cola sacando número y esperando su turno para ocupar la presidencia del Senado o de la Cámara de Diputados es risible.< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Tienen la suerte de contar con el desinterés del ciudadano común, que ignora olímpicamente las páginas de la actualidad política. Haga la prueba de preguntar por el nombre del presidente de la Cámara de Diputados.

Pero la manada que circula entre la cafetería del Congreso y sus sedes partidarias de Santiago debería tener cierta consideración hacia esas raleadas filas de militantes que, año tras año, entran a un teatro para asistir al aniversario del partido.

Algún miramiento hacia los que todavía llenen una ficha de militante y algo de tino con aquellos que abnegadamente asisten a los cursos de educación política. De acuerdo, los aparatchik tienen toda la razón de pensar que eso es innecesario, porque hasta ahora el negocio ha funcionado dando unas palmaditas en la espalda a un puñado de dirigentes regionales y comunales.

Además, como a nadie le importa cuántos militantes tiene cada partido, cuando celebran algo contratan a cinco gatos para tocar el bombo y desfilar con zancos, y con eso logran crear la sensación de movilización y fiesta popular.

Pero deberían tratar de conservar a los que acuden a las urnas para votar por una idea y no por temor a recibir una multa del juzgado de policía local.

En las últimas elecciones parlamentarias, el 11 de diciembre de 2005, algunos además de depositar un voto pusieron su confianza en las urnas, porque se creyeron aquel verso de los partidos con principios. Terminado el escrutinio de los votos de las elecciones legislativas, la Concertación saltaba en una pata por el 51,7% logrado en las elecciones de diputados.

¡Eran cuatro puntos más que en la elección anterior! Cabe preguntarse si los príncipes de la coalición oficialista recuerdan sus declaraciones de esa noche, cuando prometieron hacer sentir esa mayoría.

Hoy la Concertación no tiene ese peso porque algunos agarraron los votos y se los llevaron a su casa en una dudosa pataleta de independencia. Sin embargo, la solución encontrada carece de dignidad.

Es cierto que los políticamente ingenuos no saben de cálculos ni movimientos de piezas en un determinado escenario. Tampoco entienden de esos mapas electorales que han hecho abortar las mejores intenciones cuando los expertos se dan cuenta que no les conviene.

Pero son esos ingenuos los que, con mayor o menor ilusión, se achicharraron bajo el sol para elegirlos. Y más de un apoderado de mesa encargado de cuidar los votos, a cambio de un mísero sándwich de queso rancio, se debe sentir decepcionado.

En los puerta a puerta, ninguno de los candidatos que insistían para que votaran con entusiasmo por ellos se tomó la molestia de advertir que al cabo de dos años podrían entregarle la presidencia de las cámaras al adversario.

El ministro José Antonio Viera-Gallo dice que es un cargo de enorme responsabilidad, pero que no tiene repercusión electoral. Perdón, pero ésa es una respuesta para los suyos, para sus compadres y colegas de la burocracia política. A los electores que todavía votan por las ideas eso les duele.

El acuerdo de esta semana nos enseña que en realidad votamos por el mal menor o para evitar pesadillas, porque para ellos los sueños nunca existieron.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.