
Domingo 3 de febrero de 2008
Su nombre era Valentín. Así fue bautizado cuando nació en 1916, pero su militancia comunista lo obligó a cambiarlo en tiempos de clandestinidad. La elección fue "Volodia", el apodo de la infancia de Lenin.
Desde entonces lo conocieron por su chapa, hasta que él mismo lo modificó en su carnet de identidad como un gran gesto de entrega a lo que fue su gran amor: el Partido Comunista. Disciplinado y comprometido militante, entró al partido a los 16 años y fue presidente del Centro de Estudiantes de Derecho en dos oportunidades.
Su vida pública estuvo repleta de éxitos y reconocimientos, mientras su vida privada lo llenó de dolores, aquellos que se agravaron en los últimos años de su existencia.
EL HIJO ADOPTIVO
Volodia tenía 25 años y ya asumía como subdirector del recién creado diario "El Siglo". "Él recordaba con mucha gracia que había sido periodista deportivo del conservador Diario Ilustrado ", recuerda Luis Corvalán.
A esa misma edad conoció a Raquel Weiztman, una estudiante de Derecho que le quitó el sueño. Cuatro años más tarde, cuando se recibió de abogado e integró la Comisión Política del PC, la pareja se casó. "Yo la conocí en los actos del partido. Raquel era una mujer interesantísima, inteligente, atractiva. Volodia la amaba intensamente", recuerda Mireya Baltra.
Las constantes reuniones, actos y el compromiso inclaudicable con su partido, lo convirtió en un hombre muy ocupado, lo que se traduciría en fuertes quiebres personales. "Él tenía esa educación soviética. Dejó su vida por el PC y decidió casarse con la política", dice una cercana suya durante los años ochenta.
En el Gobierno de Gabriel González Videla, producto de la "ley maldita", el escritor tuvo que vivir en la clandestinidad, lo que distanció a la pareja.
En 1946, Raquel se reencontró con Álvaro Bunster, un abogado que había conocido en la Escuela de Derecho y que era célebre por su atractivo físico y encanto personal. Mientras Volodia permanecía clandestino, Raquel quedó embarazada de Bunster. El 15 de abril del año siguiente nació Claudio y Volodia lo adoptó como su hijo, convirtiendo la infidelidad en un secreto de partido y de familia.
Aunque muchos sabían que el niño era hijo de Bunster, el tema cada vez se comentó con menos frecuencia. Para tapar el escándalo, Raquel conversó con Bunster y le pidió que nunca dijera que Claudio era su hijo. El niño creció creyendo que su padre era Volodia, mientras el matrimonio se distanciaba cada vez más.
Ocho años más tarde, en 1955, Volodia fue relegado a Pisagua junto a otros dirigentes comunistas. Entonces el amor que Raquel podría haber sentido por el caudillo del PC, si algo le quedaba, se acabó completamente. La abogada y poetisa iba a ver a su marido al campo de concentración y volvía para estar con Jaime Barros, un economista de izquierda con el que había comenzado una relación.
Luego, Volodia volvió a vivir con ella hasta que en 1957 Raquel Weitzman se marchó con Barros a Cuba. "Ella llegó a medianoche. Saludó en forma educada. Salió del dormitorio, anduvo un rato por la casa. Seguramente fue a ver al niño en su pieza. Luego, oí sonar un portazo. Me levanté. Recorrí la casa. No estaba. Se había ido. No pude dormir. Salí un rato al patio. Me senté en la biblioteca. Volví a la cama. La noche es un espacio en que se pasean los fantasmas", escribió en sus memorias un desgarrado Volodia.
Pero, con todas sus tristezas, continuó intensamente con su vida militante. "Todos sabían que la vida de Volodia era una tormenta, pero nadie lo comentaba en público", confidencia el ex dirigente de las JJCC Gonzalo Rovira.
A los 81 años, el escritor confesó que su relación con las mujeres había sido "estupenda y complicada". Pero a pesar de su desastre matrimonial, Volodia nunca dejó de admirar al género femenino. "No concibo una reunión hermosa si no hay mujeres, no lo digo por una razón sexual, la mujer introduce fantasía y también conflicto", respondió Volodia en una entrevista.
NUNCA LE DIJO PAPÁ
Cuando el PC se enteró de la infidelidad de Raquel, ésta fue expulsada inmediatamente del partido. El matrimonio se anuló y Volodia se hizo cargo de Claudio, que entonces tenía 10 años. El niño vivió entre la casa de su padre adoptivo y la de militantes del PC.
Después de casi medio siglo, el científico declararía que se sentía abandonado por su supuesto padre. "Volodia dejaba a Claudio en otras partes porque no tenía con quién dejarlo cuando se dedicaba a sus actividades partidarias. Eran años de turbulencia política y él estaba muy comprometido con su partido", asegura un ex militante del PC cercano a Bunster.
Amigos del científico del CECS dicen que Claudio nunca le dijo "papá" a Volodia y que la relación siempre fue distante entre ambos. Sin embargo, un amigo de Claudio que convivió con él mientras el científico vivió en Nueva York, asegura que siempre habló con mucho respeto y admiración de Volodia. Incluso se ponía feliz cuando Teitelboim lo visitaba.
"Nunca dijo absolutamente nada contra él. A mí me sorprendió la reacción que tuvo cuando supo que su padre era Álvaro Bunster. Claudio debe haber sufrido mucho porque su madre fue una persona muy buena para la fiesta y para los hombres, pero de Volodia siempre habló con mucho cariño", recuerda.
El dirigente comunista sufrió mucho con el abrupto rompimiento con su hijastro. Incluso sus nietos, que eran muy regalones de él, cortaron relaciones. A pesar de que el discurso público hablaba de un Teitelboim fuerte y entero, amigos cercanos dicen que estuvo muy deprimido.
Ese mismo año sufrió un cáncer que lo comenzó a apagar. "Él era un hombre que amaba la vida en todos sus momentos, que la disfrutaba. Pero cuando le descubrieron el cáncer linfático y se sintió enfermo, perdió su juventud", cuenta Mireya Baltra.
Esta semana, Claudio se reencontró con Volodia moribundo. Fue a visitarlo al hospital, le dio la mano, le dijo algo al oído y Teitelboim lo reconoció con un apretón de mano.
El científico describió el momento como "mágico" y dijo que nunca lo había dejado de querer, pero cercanos a Volodia califican la actitud de Bunster como "oportunista" y "tardía". El científico no asistió a los funerales realizados ayer en el Cementerio General.
EL HIJO POLÍTICO
A sus 33 años, Roberto Nordenflycht se levantaba todos los días a las cinco de la mañana a trotar y estudiar. Pertenecía al Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo, la facción del Frente que se había separado del PC en 1987. Nadie en su círculo cercano sabía su nombre real, ni siquiera su pareja, que lo llamaba Miguel.
Menos sabrían que era hijastro de Volodia Teitelboim, el líder del PC que estaba en Moscú. Pero todo se destapó cuando la CNI lo asesinó en el aeródromo Tobalaba.
"Anda a la fiesta tranquila y no vuelvas hasta el lunes", le dijo Roberto a su pareja. Ella tenía un encuentro en Valparaíso y él estaba preparando algunas operaciones que le tomarían el fin de semana.
El jueves 17 de agosto de 1989, Roberto se despidió como si fuera la última vez que se verían. Ambos lloraron. Él ya intuía lo que le pasaría en el aeródromo Tobalaba y desconfiaba de la operación que realizaría.
El domingo 20 de agosto un grupo de frentistas, liderados por Enrique Villanueva ("comandante Eduardo") y Roberto Nordenflycht ("comandante Aurelio") pusieron unos explosivos en el aeródromo Tobalaba. Finalizada la operación volvieron a su casa de seguridad, pero los explosivos no estallaron.
Villanueva le dijo a Nordenflycht que regresaran a Tobalaba, porque los explosivos tenían que estallar. Roberto se negaba tercamente e incluso lloró, pero al poco rato ya estaban rumbo al aeródromo nuevamente. Del auto se bajaron Villanueva y Nordenflytch. La mujer que manejaba dice que vio y escuchó unos disparos, luego Villanueva se subió al auto y le dijo: "Vamos, tenemos que esperar a Aurelio en Arrieta".
Nordenflycht nunca llegó, lo había asesinado la CNI. Estuvo agonizando en el lugar por un momento y luego murió. "Enrique Villanueva apareció después como agente de La Oficina . Es un personaje muy extraño y sin duda alguna un infiltrado. La acusación de los mandos del FPMR fue muy clara al respecto", explica el abogado de derechos humanos Eduardo Contreras.
"ME VOY A CUBA"
Volodia tenía 51 años cuando se casó con la periodista porteña Eliana Farías. Fue ahí cuando Roberto Nordenflycht, entonces de 11 años, llegó a la vida del dirigente comunista. Pero el veinteañero Claudio Teitelboim ya estaba acostumbrado a ser hijo único y no quiso compartir su pieza con el niño recién llegado.
Eliana internó a Roberto en el Instituto Barros Arana y sólo los fines de semana vivía con su madre, Volodia y su hermanastro Claudio. Quince años más tarde del asesinato, el científico recordó a Roberto como "un niñito mucho más chico que yo, que se quedó con mi pieza y mi bicicleta".
Al contrario, familiares de Nordenflycht aseguran que él siempre habló de su hermanastro con cariño y admiración. Claudio era el niño consentido de la casa, el inteligente, el mayor.
Ese "niñito" más tarde vivió con Volodia, Eliana Farías y Marina la única hija del matrimonio en el exilio en Moscú. La relación de Nordenflycht con Volodia fue muy cercana, al punto que muchos aseguran que fue su mentor político. Siendo un adolescente, Roberto entró a militar a las JJCC y a los 17 años llamó a su madre desde el aeropuerto de Moscú: "Me voy a Cuba", le dijo.
En ese lugar comenzó su entrenamiento militar y en 1979 partió a Nicaragua a combatir. Desde ambos lugares siempre le escribió a Volodia y a su madre. Pero sobre todo se dirigía a su padrastro, tratándolo cariñosamente de "Volo". Incluso en Nicaragua se consiguió una cámara de video, grabó a los muertos de la batalla y le envió un mensaje a Teitelboim: "Ya llegará el día en que no habrá más guerras".
Cercanos a Volodia aseguran que la muerte de su hijo político lo destrozó. Era un buen cuadro, que se había alejado de la política del PC, pero eso nunca lo distanció de él. Sin embargo, no asistió a su funeral. Algunos dicen que la razón fue que como secretario general del PC no podía ir al funeral de un frentista autónomo, que se había alejado de la política de la tienda.
Y fue la muerte de Nordenflycht lo que separó de manera definitiva al matrimonio Teitelboim-Farías. Eliana siempre culpó al dirigente de la muerte de su hijo. Volodia había sido un promotor de la política de rebelión popular de su partido, que creó el FPMR. Sin embargo, Eliana acompañó a su hija Marina a ver a Teitelboim al hospital, pero no llegó ayer al Cementerio General.
MARINA, LOS OJOS DE DON VOLO
De la unión con la madre de Roberto Nordenflycht nació Marina, la única hija biológica de Teitelboim, que hoy es diplomática y vive en Polonia. "Marina eran sus ojos", dice un cercano a la familia. Incluso, en los últimos días que pasó Volodia en la Clínica de la U. Católica, se comentaba que no moriría hasta que Marina llegara de Europa. "Con tu fuerza y valentía de siempre me esperaste a que llegara", dijo en un sentido discurso.
Hoy, Volodia ya no sufre por muertes, separaciones o engaños. Sus cercanos dicen que nunca perdió su alegría, a pesar de todos los golpes sufridos en sus ajetreados 92 años, protagonistas de un siglo de la historia de Chile.