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  El auto mató al caballo

  El auto mató al caballo

  "Ciudades de la llanura" es el último volumen de la famosa "Trilogía de la frontera", y aquí el autor, Cormac McCarthy, un tipo que reúne a los dos protagonistas de las novelas anteriores, que son un par de exiliados que deambulan, justamente, en la frontera no sólo entre México y Estados Unidos, entre dos culturas y dos idiomas, sino entre dos épocas que se superponen.

Jueves 7 de febrero de 2008


En 1952, en un rancho de Nuevo México a punto de ser expropiado por el Ejército, dos personajes, Billy y Grady, discuten sobre la apetecible gordura de unas mujeres que a veces hablan en español y a veces en inglés. ¿Es necesario pagarles para ir con ellas a una habitación? Más importante, tal vez, sean los caballos. "Yo perdí un caballo en México con el que estaba muy encariñado, dijo Billy. Lo tenía desde los nueve años". "Es fácil", le responden. "¿El qué? ¿Perder un caballo?". "Troy había levantado la botella y después de beber la bajó, enroscó de nuevo el tapón, se secó la boca con el dorso de la mano y dejó la botella en el asiento. No, dijo. Encariñarse con uno". Las mujeres son otra cosa.

"Ciudades de la llanura" es el último volumen de la famosa "Trilogía de la frontera", y aquí el autor, Cormac McCarthy (1933), un tipo que, dicen, no concede entrevistas, reúne a los dos protagonistas de las novelas anteriores, que son un par de exiliados que deambulan, justamente, en la frontera no sólo entre México y Estados Unidos, entre dos culturas y dos idiomas, sino entre dos épocas que se superponen. La avalancha tecnológica, o el progreso, o como se llame, los va dejando sin un lugar con sentido en el mundo. La lealtad individualista, el esfuerzo físico, el heroísmo demente con los pies hundidos en el polvo, todo ello se irá esfumando bajo las nuevas carreteras, los moteles del camino y el animal sin sangre que a todas partes llega: el automóvil.

En el rancho-burdel, John Grady se enamora (¿se encariña?) de Magdalena, una prostituta muy joven a la que el dueño no permite marcharse, y los condimentos están servidos para la tragedia. Pero todo ocurre como a velocidad constante, narrado sin estridencias, con diálogos breves o con la descripción casi fílmica de un balazo.

Éstos son hombres cuya adolescencia, relatada en las novelas anteriores, estuvo signada por condenas sin fundamento, por muertes y violencia desatada. Ahora son dos supervivientes de una época legendaria. La realidad, si ha sido creada por el Dios en el que creen tanto o menos que en sus antepasados, es apenas un soplo de lo que fue. "Todos los varones de mi familia desde hace tres generaciones han muerto en defensa de esta república. Abuelos, padres, tíos, hermanos. Once hombres en total. Yo soy el heredero de sus creencias. De sus esperanzas. Y eso es algo que me tranquiliza, sabe usted. Yo rezo por esos hombres". Es que dejaron su sangre en los arroyos y las zanjas de esa frontera infernal.

CIUDADES DE LA LLANURA
Novela
Cormac McCarthy
Debate, 2000. 274 páginas

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