
Sábado 9 de febrero de 2008
Es la noche del "súper martes" y los partidarios de John McCain celebran como locos y su júbilo apaga los anuncios del presentador. La calma sólo sobreviene cuando el precandidato se acerca al micrófono. Pero, en el momento de su mayor victoria, se ve reservado. "Esta noche, mis amigos, hemos obtenido un número de victorias importantes, en la cosa más parecida que hemos tenido a una primaria nacional", dice, como si todavía no estuviera convencido.
El senador por Arizona ganó en los estados más importantes del noreste (Nueva Jersey y Nueva York), pero también en Missouri, Oklahoma y, lo más importante, en California, que representa un quinto de los delegados necesarios para asegurar la nominación. La victoria de McCain fue sorprendentemente clara y, sobre todo, constituye una increíble historia de regreso.
A mediados del año pasado, estaba quebrado y ni siquiera podía seguir pagando el bus de campaña. Se peleó con sus colegas y la mayoría de los que permanecieron con él tuvieron que trabajar sin paga. En esa época, cada vez que aparecía en público, la gente se miraba resignada y conversaba sobre la tragedia de ese viejo testarudo que simplemente no sabía cuándo renunciar.
Pero McCain es un veterano de guerra, que luchó en Vietnam y sobrevivió durante seis años al cautiverio en manos del Vietcong, para luego regresar a Norteamérica y entrar a la política, manteniendo su sillón senatorial desde 1986. Además, McCain ya había sido precandidato republicano en el 2000, perdiendo ante el actual Mandatario George W. Bush.
Por ello, nunca estuvo entre sus planes rendirse. Ante la grave situación a mediados del 2007, McCain pidió un préstamo de 3 millones de dólares para mantener andando su campaña. Pero, antes de hacerlo, se vio obligado a tomar otra póliza de seguro de vida, porque el banco aparentemente temía que este hombre de 71 años de edad no sobreviviera a la campaña.
Ahora, un año después, pareciera que McCain ha asegurado la nominación. Pero no está celebrando. No todavía. Es un hombre supersticioso. Teme quizás que la victoria se le escape entre los dedos.
ENEMIGOS ÍNTIMOS
Cuando habla ante sus partidarios, McCain enfatiza en los principios republicanos: insiste en que mantendrá pequeño al Gobierno federal y aún más pequeño el gasto público. Además, es enfático en que los jueces de la Corte Suprema deben aplicar la ley en lugar de hacerla.
Sin embargo, sus palabras no terminan de convencer al ala más conservadora de su partido. Comentaristas de derecha y conductores de los grandes programas radiales de conversación han unido fuerzas para crear una verdadera brigada anti-McCain. El conductor derechista Rush Limbaugh lleva semanas agitando en contra de McCain en su programa radial.
Mientras más se acerca el héroe de Vietnam a la nominación, peores se hacen los ataques. McCain "ha apuñalado tantas veces a su partido por la espalda", se indigna Limbaugh. "Ni siquiera puedo decir cuántas veces", remarca. El conductor radial dice que preferiría que su partido pierda la elección a que sea dirigido por McCain.
James Dobson, jefe de un grupo cristiano ultra conservador que postula valores familiares, advirtió recientemente en otro programa radial que "estoy convencido de que el senador McCain no es un conservador y que, de hecho, se ha esmerado en meterles su dedo en los ojos a quienes lo son". Estos programas radiales derechistas son muy populares. Cada semana, sólo Limbaugh alcanza sobre 13,5 millones de auditores.
El disenso entre el ala más derechista de los republicanos con McCain se refiere a su gestión en el Senado, donde rechazó unos recortes de impuestos del Presidente George W. Bush, planteó la reforma al financiamiento de las campañas electorales y apoyó una ley de reforma inmigratoria que abría la posibilidad de legalización a millones de indocumentados extranjeros.
Sin embargo, no parece que el largo historial de discrepancias de McCain con los más conservadores de su partido afecte sus aspiraciones presidenciales. Después del retiro de Mitt Romney, la senda para la nominación republicana ha quedado abierta para el veterano senador.
Los votantes no han escuchado los redobles de tambores en contra de McCain. Y, en lugar de transformar a otros candidatos como Mike Huckabee en un hacedor de reyes, parece que ahora la influencia de los líderes de opinión derechistas es menor de lo que se creía antes. Es evidente, entonces, que los votantes quieren librarse de la obediencia servil a la doctrina partidaria, que sigue moviéndose hacia la derecha. Además, McCain se presta a ello porque se presenta a sí mismo como un hombre con principios, buen criterio y que toma decisiones.
"EL PARTIDO NO QUIERE PERDER"
Como también lo demuestra el éxito de Obama, los estadounidenses están buscando un líder y no alguien que, como el retirado Romney, adapta sus creencias según dónde sople el viento. "Voté por la honestidad y la integridad", dice Mary Dobbins, jubilada de New Hampshire. "Todo lo demás viene después de aquello". Esa, en síntesis, es la posición de muchos votantes de McCain. Más que nada, esta votación se dio en términos del carácter de los postulantes a la Casa Blanca.
Esto explica lo que en realidad es una situación más bien paradojal: la economía estadounidense se ha convertido en uno de los más importantes temas electorales, pero no es una de las fortalezas de McCain. Aun así, sigue ganando porque su carácter sobresale respecto de todo lo demás. Lo mismo es válido cuando se trata de la impopular guerra en Irak. McCain es uno de los partidarios inamovibles de la guerra y sólo difiere del Presidente George W. Bush respecto de qué estrategias son las correctas.
McCain espera disipar las dudas conservadoras sobre la legitimidad de su candidatura, y ayuda por cierto que todas las encuestas digan que es el candidato republicano con más posibilidades de derrotar a los demócratas en noviembre.
Frank Fahrenkopf, el ex presidente del Comité Nacional Republicano, resume las perspectivas de McCain: "Pienso que será muy difícil detenerlo, debido al tema de la elegibilidad. Conociendo al partido como lo conozco, el partido no quiere perder".