
Sábado 9 de febrero de 2008
Silvio Berlusconi, el empresario televisivo que se metió a político y llegó a Primer Ministro de Italia, se prepara para asaltar de nuevo los palacios del poder y concederse así una segunda primavera en la "cosa pública".
La providencial caída del Gobierno de centroizquierda e izquierda de Romano Prodi y la convocatoria de elecciones anticipadas para los días 13 y 14 de abril han devuelto a "il Cavaliere" a una competencia que añoraba y en la que Prodi, su antagonista habitual, no participará.
Esta vez a Berlusconi, de 71 años, le tocará medirse con Walter Veltroni, de 52, alcalde de Roma y nuevo líder de la centroizquierda unificada. En términos de estrategia de partidos, de retórica televisiva, e incluso de mitología popular, puede decirse que la campaña electoral ya ha comenzado, y un Berlusconi electrizado la está acometiendo con soberano vigor, arrebatado, efervescente, con el cutis terso y fresco a base de liftings y, definitivamente, con mucho más pelo.
Implantes capilares aparte, su figura entre los suyos se ha agigantado. Sus aliados de la centroderecha, que en otros tiempos se habían mostrado díscolos, llegando a cuestionar su liderazgo, olfatean la victoria en las urnas y lo apoyan sin reservas.
La derechista Alianza Nacional, que lidera Gianfranco Fini; la federal derechista Liga Norte, de Umberto Bossi, y los centristas ex democristianos de UDC, capitaneados por Pierferdinando Casini, confían en un pronto regreso al poder de la mano del "cavaliere" Silvio.
Son los mismos que, agrupados en la coalición Casa de las Libertades, gobernaron bajo su batuta entre el 2001 y el 2006, cuando Berlusconi logró una marca histórica: presidir el Gobierno más longevo de Italia desde la Segunda Guerra Mundial. La experiencia les encantó y, lógicamente, quieren repetir.
En los comicios del 2006, Prodi les ganó por un ajustado margen de 24.000 votos, que aspiran a remontar con creces en abril si, como parece, la centroizquierda de Veltroni decide presentarse sólo para no cargar con los caprichos de los partidos pequeños.
"MOISES" DE DERECHA
El entusiasmo por Berlusconi entre sus socios de la centroderecha es tal que incluso la Liga Norte -que en el fondo siempre ha desconfiado un poco de la mentalidad estatal de Forza Italia, el partido de "il Cavaliere"-se ha lanzado a comparaciones hiperbólicas.
El "liguista" Roberto Maroni, que fue ministro de Trabajo en aquel gabinete, ha dicho así: "Berlusconi no es Noé; no tiene la obligación de embarcar en su arca a una pareja de miembros de cada partidillo. Se parece más a Moisés, que conduce al pueblo de la libertad, a través del desierto rojo, hacia la tierra prometida".
El parangón, aunque delirante, es muy ilustrativo: como las derechas están menos disgregadas que las izquierdas, la idea es que Berlusconi no se vería preso de partidillos, como le ha pasado a Prodi, y podría así conducir al partido Pueblo de la Libertad (nuevo apelativo de Forza Italia, refundada por "il Cavaliere" en noviembre) pese al asedio del rojo comunismo, que las derechas italianas consideran agazapado en todo partido de izquierdas.
De hecho, Berlusconi -un empresario hecho a sí mismo, que empezó con la construcción en Milán, para crear luego el emporio televisivo de Mediaset y saltar a la política apadrinado por el socialista Bettino Craxi- siempre ha presumido de una sincera aversión por el comunismo.
Lo proclamaba en su primer breve Gobierno de 1994, y también durante los cinco años en que gobernó hasta que lo derrotó Prodi en el 2006. En esa campaña electoral asustó a los italianos con el presunto fantasma comunista utilizando un lenguaje propio de la Guerra Fría. Ahora le será más difícil usarlo, porque Veltroni no quiere comunistas en su arca.
Según el calendario institucional, el Ejecutivo que salga de las urnas en abril debería tomar posesión a inicios de mayo, y en caso de victoria del centroderecha, ya circulan quinielas de puestos. Fini, que fue ministro de Exteriores, presidiría la Cámara de Diputados, mientras que Casini, que ocupaba ese cargo, asumiría la cartera de Exteriores. Fini, a quien el propio Berlusconi designó hace un año como su sucesor al frente del centroderecha, se calla ahora aquellas aspiraciones.