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  "Sólo puedo odiar a Borges"

  "Sólo puedo odiar a Borges"

  La viuda del escritor argentino estuvo en Santiago dictando conferencias sobre la obra del autor en el Centro de Estudios de la Universidad de Stanford. Acá habla de las "locas despechadas que se creen Borges" y dice que le gustaría escribir un libro de conversaciones "para poner en claro muchas cosas".

Domingo 10 de febrero de 2008

María Kodama, sumergida en su bañera, llora. Las tragedias griegas de Esquilo, Sófocles o Eurípides le traen consuelo. Nada puede ser peor que esas obras clásicas. Menos lo puede ser su vida junto a Borges.

El teléfono sonó esa tarde. Un periodista ávido de polémica le dijo: "¿Has visto lo que dicen de ti, María?". Sabiendo que ella no lee los diarios, le desmenuza cada palabra. Las mismas que viene escuchando desde que volvió a Buenos Aires, luego de la muerte del escritor en 1986. "¿Sentís odio por ellos...?", dice la voz al auricular. "Sólo puedo odiar a Borges, porque el odio es la contraparte del amor", responde.

Para María Kodama, Jorge Luis Borges siempre ha representado la delgada línea que separa el amor del odio. Amor, porque el escritor que conoció a los cinco años cuando su maestra leyó el poema que hoy recita de memoria ("Yo estoy tratando de sobornarte, con mi incertidumbre, con el peligro, con la derrota") se transformó en su compañero eterno. Y Odio, porque ser la heredera universal de uno de los más grandes escritores del siglo XX le ha significado ganarse la antipatía de varios personajes de la literatura. "Del mundo de la literatura no", interrumpe ella. "Del mundo de ciertas personas que dicen pertenecer al mundo de la literatura, que es otra historia. Que Borges me haya hecho su heredera significa el resentimiento, la envidia feroz de parte de gente que no tiene grandeza de alma", afirma con dureza.

De visita en Chile para un encuentro con los estudiantes del Centro de Estudios de la Universidad de Stanford, la viuda del autor de "El Aleph" no para. Conferencias alrededor del mundo y actividades programadas para todo el año dentro de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, la han convertido en una adicta al trabajo. Kodama escribe, es una exigente lectora, ama las tragedias griegas, The Beatles, Rolling Stones, Pink Floyd y sobre todo música del Renacimiento, la que solía oír junto a Jorge Luis.

Se define, igual que el escritor, como "el río Heráclito" y es enfática a la hora de recalcar que nunca ha abandonado su carrera literaria: "La vida para mí es eso, un fluir y las cosas se acercan o se alejan. Escribir para mí es un placer enorme. Mi posibilidad de fuga de la banalidad, de la mediocridad, en las que yo a veces también caigo. Escribo lo que quiero, cuando quiero y como puedo, pero no hay para mí una urgencia o ambición".

"NO EXISTE UNA BIOGRAFÍA DE BORGES"

Una de las recientes actividades que ha salido en prensa sobre el escritor es la muestra fotográfica "Atlas de Borges", que se presenta actualmente en Madrid, donde se aprecia al escritor en diferentes partes del mundo, acompañado o retratado por ella misma. Ha dicho que se trata de un Borges más íntimo, de fotos personales que no habrían salido a la luz de no ser por esta exposición. Aunque confiesa que las más íntimas las guarda para ella, así como los recuerdos que construyeron en conjunto cuando le narraba los paisajes que el argentino no podía ver por su ceguera. Se emociona cuando se le pregunta si en estos años ha visto algo que le hubiese gustado describirle: "Ver el sol que nacía en el desierto de Marruecos, el primer día del cambio de siglo, que lo pasé sola. Fue una cosa alucinante. Hubiera adorado estar con él".

Su melena albina deja entrever mechas de color castaño que la hacen inconfundible para aquellos que la conocen, pero imperceptible en un hotel santiaguino lleno de turistas. Ríe de buena gana y es firme cuando es necesario, habla bajito y no parece la persona calculadora, fría y dura que han retratado algunas biografías de Borges. Biografías que ella no reconoce: "No sé qué biógrafos de Borges. Porque el biógrafo no son señoras que escriben de despecho. Biografía, no es el señor catedrático que hace sicología, el biógrafo no es sicoanalista. No es biografía la de otro señor que hace una guía telefónica, de cambios de direcciones y de personas. Una biografía no es hacer chismes de que me dijo, me dijeron, me contaron . Entonces, ¿cuál biografía? Para mí no existe una biografía de Borges", señala.

QUIZÁS UNAS CONVERSACIONES

No le gustaría escribir una autobiografía, pero quizá un libro de entrevistas, cuando encuentre a la persona indicada: "Sé que tengo que escribir alguna cosa, porque mi vida ha sido complicada y evidentemente muy linda también. No sé si una autobiografía, pero sí un libro para poner en claro muchísimas cosas". Esas "cosas" que la han atormentado durante tanto tiempo y que aún, a más de veinte años de la muerte del escritor, le han impedido hacer el duelo por temor a la fragilidad con la que pudiera encontrarse. Por ello se compara con un camión blindado, que mantiene a distancia a los "monstruos", "a las locas despechadas y a los locos que se creen Borges", como les llama con humor a sus detractores. "Es la única manera en que lo puedo tomar, porque si no me volvería loca", afirma.

Y en ese libro de conversaciones tal vez podría contar la vez en que voló en un globo aerostático con el escritor. O cuando a los doce años un tío la llevó a una conferencia del argentino. Él ya era un señor mayor y a María le sorprendió su timidez y su cabeza: "Me gusto muchísimo la forma de cabeza que tenía. Una forma como de dulce, como yo le decía, parece la del conejo de Alicia, porque era una cosa así, redonda. Preciosa cabeza tenía. Lindísimo cráneo".

Después de Chile, a María le espera Buenos Aires y luego Europa. Estuvo tres días por estos lados y no le dio tiempo ni para pasear. Hace años que no se toma vacaciones, pero siempre se da el tiempo para un baño de tina. Ahí, purificada con el agua, espanta a los "monstruos" con tragedias griegas y a veces se imagina en el desierto con Borges. LCD

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