
Domingo 10 de febrero de 2008
Atiendan a esta historia, amiguitos, y díganme cómo funciona.
Burt y Vicky están cruzando el estado de Nebraska, como un último intento de salvar su matrimonio. No tienen hijos. Se han metido por una ruta menor y están perdidos entre sembrados de maíz. En medio de una pelea, Burt atropella a un niño. Azorados, lo meten en el baúl y enfilan hacia el siguiente pueblo, que parece abandonado. Burt descubre que la iglesia local ha cambiado de nombre y el Cristo que se adora ahí no es el familiar: tiene pelo verde. También la Biblia ha sido alterada: a Dios se lo llama "El que camina detrás de los surcos". En suma, descubre que en ese pueblo los niños han sido presa de cierta locura religiosa y han establecido un cristianismo neopagano, donde no se permite a nadie vivir más allá de los diecinueve años. Cuando sale de la iglesia descubre que los niños han secuestrado a su mujer y se aprestan a matarlo a él. Escapa y se interna en el maíz; el suave ondular de las espigas le da una extraña paz. Hasta que descubre a su mujer crucificada, los ojos arrancados y la boca llena de marlos. Ahora es su turno; la divinidad se acerca.
Es un resumen de "Los niños del maíz", de Stephen King. ¿Por qué da miedo? Porque la emoción que hay detrás es una honda, casi insoportable tristeza. Y el miedo es la cara oculta de la tristeza. Burt y Vicky van a separarse; por eso "atropellan a un niño", el niño que no tendrán. Y en la pesadilla de Burt los niños en general, como venganza contra los adultos que no han cumplido su deber (el deber de tenerlos), se vuelven contra ellos. La maestría de King está en su facultad de inventar un demonio para cada emoción ligada al fracaso de la pareja. Y en su forma de imponer el maíz como emblema de la fertilidad. El elemento cristiano nos recuerda el mandato de procrear y el pecado de no hacerlo. King es un escritor de masas, a menudo usa recursos baratos; pero por la intensidad emotiva de sus pesadillas, es uno de los grandes del último siglo.