
Domingo 10 de febrero de 2008
Leo en un periódico extranjero sobre la necesidad de escribir un manual de buenos modales para la comunicación por mail. El tiempo destinado a contestar el correo ha ido creciendo de una manera inquietante y si lo convirtiéramos en las ya prehistóricas llamadas telefónicas sería de varias horas. Muchos trabajamos con el correo abierto en pantalla y eso nos mantiene en un perturbador on line donde es necesario, aseguran, respetar ciertas formas de cortesía. La primera y la más difícil es contestar los mails en un cierto tiempo prudente y no dejar que se estanquen como botellas lanzadas al mar. La misma avalancha de mails, revuelta con spams inquietantes sobre todo los de referencias sexuales, píldoras erectivas y aumento del tamaño de presas que descubren al usuario de alguna base de datos que no deja de poner nervioso , nos lleva con facilidad a caer en la desidia o que algún mensaje se vaya a la papelera por descuido o se quede atascado entre cientos y a veces miles de mensajes sin leer.
En esta misma necesidad de cortesía y respeto se sugiere a los usuarios no abusar de mensajes por cualquier cosa, convirtiendo el mail en un chat, que es otra cosa bastante disruptiva y absolutamente invasiva, pues obliga a rechazar y contestar de manera imperiosa demandas agotadoras. A todos nos gusta ser tomados en cuenta, pero también desmorona la demanda ininterrumpida. Otro cuidado muy estricto es renunciar del todo a las cadenas de mensajes que amenazan con el infierno y prometen el cielo. Son una pesadez, una intrusión y una lata, además de una superchería. Incluso haya que tener cuidado con las suscripciones a la publicidad por mail, porque partieron como un agradable contacto con la información sobre un tema específico pero han saturado la pantalla a poco andar. No es descuidable tampoco la inclusión de documentos de alto peso y en la mayor parte de las ocasiones de dudoso sentido del humor. Es gracioso y hasta cálido convertirse en difusor de ellos, y algunos son de antología, pero a estas alturas YouTube suple todas las curiosidades por lo raro y lo freak. Esta hiperabundancia de contenidos no debe hacer olvidar que el tono y el tipo de letra no son meros detalles. Al escribir en mayúsculas estamos gritando, y es bonito como mensaje de amor o para subrayar el tamaño de un abrazo, pero al dar instrucciones u opinar puede convertirse en irrespetuoso e impertinente. Por otro lado, ser muy cauteloso a la hora de reenviar una conversación completa en la cual pueden filtrarse comentarios de otras personas sobre algún destinatario. Lo mismo sucede con la cruel tendencia a enviar copias del comunicado a distintas personas sin distinguir sensibilidades diversas. En fin, escribir un mail es comunicarse, es hablar más que escribir y la buena ortografía y la buena redacción suenan a música, a agrado, a encanto. Un mail puede ser gentil y agradable o una pesadez. Buena suerte y respeto por el destinatario. LND
* Director de la carrera de Literatura de la Universidad Finis Terrae.
