
Domingo 10 de febrero de 2008
En la Navidad de 2003, de visita en el Center for Art and Media de Karlsruhe (ZKM), en Alemania, estuve en una exposición sobre tendencias en el arte dedicadas a la interacción humana, "Mundos virtuales". Dentro de la exposición hubo un juego que me llamó la atención: era una proyección de burbujas que caían en una pantalla. Las personas se colocaban entre la proyección y sus sombras digitalizadas podían interactuar con ellas, detener su caída, desviarlas o golpearlas para que subieran nuevamente. Era una instalación que asombraba mucho a los visitantes y causaba desconcierto, pues la sombra digitalizada podía dialogar con otras sombras electrónicas.
Dejé el ZKM con un presentimiento de las nuevas dimensiones de realidad que la tecnología produciría en el futuro. Y aunque estas interacciones ya habían sido anunciadas por la ciencia ficción muchas décadas antes, la construcción de estas instalaciones ya estaba surgiendo como una vanguardia artística. ¿En qué dimensión empezarán a suceder estas interacciones?
Un par de años después, mientras trabajaba en un centro de telecomunicaciones en el norte de Inglaterra, asistí a una exposición en el Centro de Arte Moderno de Manchester. Era sobre la vida cotidiana y el presente-futuro tecnológico.
Se dejaba entrever que una revolución se estaba fraguando, causada por un cambio de actitud en la forma de interactuar con la tecnología y no por un avance científico o técnico. Ya comenzaba a tomar forma la Web 2.0; la nueva generación de webs basada en comunidades de usuarios, las redes sociales, los blogs, las wikis, etc.; las nuevas tendencias de comunicación en los mundos virtuales estaban comenzando a revolucionar el mundo tecnológico y trasladándose al comercio, la economía y a la vida cotidiana.
Al mismo tiempo se abrían interrogantes sobre el abuso de estos mecanismos y cómo nuestras sombras o imágenes podrían ser manejadas por alguien o algo desconocido: un llamado, una alerta de hacia dónde realmente queremos ir. ¿Qué pasa con nuestra privacidad? He ahí el intrincado sistema de vigilancia del Reino Unido, con sus más de cuatro millones de cámaras conectadas y el reconocimiento de patrones del rostro de cada persona que pasa frente a cada cámara. El británico medio es filmado más de 300 veces por día. La interacción de las imágenes, muchísimas pantallas de intimidad que se abren manejadas por máquinas, todos los movimientos detectados por cámaras. Algo así como la futurista película "Minority Report".
Con las comunidades virtuales, los fotologs, las redes sociales y los mundos virtuales, el futuro se nos ha venido encima antes de poder percatarnos qué ha sucedido en este tiempo. Casi ningún ingeniero, economista o sociólogo es un buen previsor de estas revoluciones. Por lo mismo, muchas veces es mejor buscar el futuro tecnológico en las salas de arte. LND
* Ingeniero civil electrónico y máster en Telecomunicaciones.