
Domingo 10 de febrero de 2008
Qué mejor escenario para entrevistar al hombre de los 13 millones de pesos que el estadio Monumental. Hombres, niños y mujeres, algunas con guaguas en los brazos, esperan al equipo de sus amores, pero fundamentalmente a él. El "¡Bichi, Bichi!" se escucha fuerte y él se da el tiempo de saludar a cada uno de ellos.
Así como se han derribado tantos mitos como que las modelos son tontas o que los hombres las prefieren rubias , este hombre sencillo y sensible destierra el que los futbolistas son cabezas de pelota. Claudio Borghi, casado con Dominique y padre de una niña de 19 años llamada igual que su madre y de Filippo, de 12, tiene muy claro quién es y de dónde viene. Su fantasía no es dirigir a algún gigante europeo, sino al club donde dio sus primeros pasos: "Argentinos Juniors es un club chiquito y muy humilde, pero donde me inicié y tengo todos mis amigos. Estuve desde los 11 años hasta los 21".
Y aunque a través del fútbol es donde ha cosechado éxitos, aclara que no es su vida, sino su trabajo, lo que permite mantener los pies bien puestos sobre la tierra. Muy chiquito, a los 10 años, cuando murió su padre, tuvo que apechugar con los estudios de sus hermanos menores. "Hacía de todo. Muchos pitutos, porque a esa edad no te contrata nadie y había que parar la olla en casa. Después me fui a vivir con mi abuela, era un barrio complicado y ella no me dejaba salir. Al ver que buscaban para jugar a la pelota, decidió llevarme a un club del barrio, que se llamaba Luz y Fuerza. Yo había querido ir antes ahí, pero había que pagar y yo no tenía plata", cuenta, con un marcado acento argentino salpicado del cantito chileno.
-Una abuela visionaria.
-Fue la vieja que me crió, yo le decía mamá. Ella quería protegerme, porque salir no era simple, pero en mi casa no les interesaba el fútbol.
-¿Cómo ve el tema de la Garra Blanca y la violencia en los estadios? Hay gente que ya no quiere ir.
-No creo que sea tan grave lo que pasa en los estadios. Creo que es un reflejo de la sociedad. Acá la gente te cataloga por cómo estás vestido, el color de ojos, dónde vives; si dices que eres de la San Gregorio, automáticamente la gente te dice: pucha, éste de dónde es. Pero seguro que hay gente buena y mala, como la hay en San Carlos de Apoquindo. Si dices que eres de la Garra Blanca, inmediatamente te hacen a un lado, pero hay gente buena como en todos lados. De hecho, los parricidios y femicidios llaman mucho la atención, y no es gente del fútbol.
-¿Es un reflejo de la desesperanza?
-Ahí me meto en temas que no me corresponden, y como extranjero puedo ofender a mucha gente. Pero creo que acá tienes muy poca posibilidades de progreso si no vienes de una familia relativamente acomodada. En Argentina la hija de un camionero puede ser abogada; en Chile eso me parece imposible. Y como cada vez cuesta más, se van haciendo más grandes las distancias. Ser juzgado por el color de piel es muy difícil.
-¿Lo ha vivido?
-Sí, cuando fui a inscribir a mi hijo al colegio. No pude ir de traje y corbata y se empezaron a preguntar qué haces y si podrás pagar el colegio. Cosas raras.
-Su esposa viene de otro mundo social. ¿Nunca hubo comentarios malintencionados al respecto?
-En Argentina nos mezclamos, aquí no. No tenemos tantos prejuicios. Allá todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, no importa mucho de dónde vienes. Acá te preguntan de dónde eres y según eso te ponen en un catálogo como diciendo "con éste hablo, con este otro no". Mi mujer, aparte del cariño que le tengo, me ha enseñado mucho. Siempre digo que es mi maestra, mi amiga, mi amante. Todo. Yo pololeé con ella desde muy chiquito, y es como si ella fuera de Las Condes y yo de San Ramón.
CHILENO DE CORAZÓN
-¿En qué está el tema de la nacionalización?-Lo dejé porque tenía una trascendencia que no busqué. No quería yo que la gente pensara que estaba sacando un rédito, como alguna vez pasó con [Horacio] de la Peña. Yo no tengo ningún beneficio más que el gusto de ser chileno.
-¿Le molesta que su hijo vaya por Chile cuando juega con Argentina?
-No, para nada, él es bien chileno. Cuando nació tuvimos la posibilidad de nacionalizarlo argentino, pero preferimos que lo decida él cuando cumpla los 18 años. Es medio feo que no le dé la posibilidad de elegir. Es lo mismo que te bauticen de la religión que sea, y ni siquiera puedas decidir.
-¿Usted es católico?
-Creo en el Dios de los católicos, pero no voy a misa. Si te vas a los mandamientos, generalmente ves gente muy católica apostólica y romana que los está rompiendo.
-¿Cumple con los mandamientos?
-No, es imposible. Por ejemplo, no desear a la mujer de tu prójimo ¿entonces no podría mirar a ninguna mujer?
-¿Y los pecados capitales?
-[Ríe a carcajadas]. Yo soy envidioso. Envidio a la gente que hace cosas mejores que yo, pero no trato de destruirla, sino de mejorarla. Es una envidia sana, cosa que en Chile no es fácil encontrar.
-¿Cómo somos?
-Te pongo un ejemplo: vos te comprás un auto cero kilómetro y nadie te dice "qué bueno, disfrútalo", sino "chuta, este huevón está robando". Todo el mundo duda de lo que hace el otro, aunque se rompa el lomo trabajando 20 horas diarias.
-Deme una mirada de lo mejor y de lo peor de los chilenos.
-El chileno es hospitalario, muy patriota, aunque siempre están renegando, tienen la bandera muy presente. Eso es muy bueno. Lo que pasa es que ustedes mismos no se quieren. Yo digo por ejemplo: ¡qué linda la cordillera toda nevada!, y ustedes dicen: no, te cagás de frío. O: el vino chileno es extraordinario, y dicen: no, el francés es mucho mejor. Siempre piensan que hay algo mejor, siempre están pendientes de otros países.
-¿Qué es lo que más echa de menos de Argentina?
-Los cafés. Si yo voy a un café dos días seguidos y vos también, seguramente nos ponemos a charlar de cualquier cosa. Acá no es tan simple. Que el mozo te conozca es un milagro, que sepa lo que tomas es otro milagro, y hablar con alguien que está a dos mesas de vos, más difícil aún.
LA RABONA
-¿Cómo es eso de la rabona, patea con la pierna derecha por detrás de la izquierda?-Es un defecto, porque nunca pateé con la izquierda, que se transformó en virtud. En Argentina, rabona le dicen a hacer la cimarra.
-¿Se podría relacionar con su postura política?
-No sé. Yo soy más idealista que de izquierda. No soy de la izquierda de la Unión Soviética ni de Cuba, tengo mis ideales y trabajo por ellos. Estoy en contra de algunas cosas que tengan que ver con mandos políticos-militares, no lo soporto, pero no me atrevo a decir que soy ciento por ciento de izquierda.
-¿Es verdad que se toca un testículo cada vez que se nombra a Menem para que no vuelva? (al momento que le hago la pregunta se toca un testículo).
-En Argentina hay una creencia que si nombras a una persona que trae mala suerte me tengo que tocar con la mano derecha el testículo izquierdo. Hay gente que está con la mano en el bolsillo y se está tocando en esa situación. Y las mujeres se tocan el pecho izquierdo con la mano derecha. LND