
Lunes 11 de febrero de 2008
¿CUÁNTOS CIGARROS te fumaste? ¿Por qué no me llamaste si ibas a llegar tarde? ¡Me quedé sola toda la noche sin saber dónde estabas! ¡Tú te debes preocupar de los niños!... Muchas veces habrá escuchado exclamaciones como éstas, que plasman las quejas domésticas y que sólo son el reflejo de la mala comunicación debido a que no nos conocemos nosotros y tampoco conocemos a nuestra compañía. Cuando decidimos vivir en pareja debemos entender que empezamos un lazo bilateral, no uno unilateral. Esto se refiere a que edificamos acciones y pensamientos que depositamos en el otro. Creemos que tal o cual cosa será hecha por aquél; suponemos qué hará, cómo se comportará, qué es lo que no le gustará y qué lo entretendrá. Pero si no preguntamos y sólo especulamos, tendremos un vínculo antojadizo, creado y edificado sólo para nuestra conformidad.
Somos individualistas en exceso y esto nos impide ver que la relación se construye de a dos, para los dos y en bien de los dos. Como hemos fabricado una vía donde sólo nos acompaña el otro al que no identificamos como proponente y menos le entregamos la autoridad para sugerir salidas a los problemas, terminamos por asfixiarnos determinando que nuestra pareja no nos entiende, que está con nosotros prácticamente para no estar sola. Damos pasos apresurados para salvar la relación que nosotros hemos mal fraguado. Por no tener una comunicación creemos que todo está al borde del abismo ella no me quiere ...probablemente se pasó el cuarto de hora de encantamiento y es hasta posible que nuestra química o nuestro sex appeal haya desaparecido ...si no logro dar un vuelco, seguro que a la vuelta de la esquina encontrará a otro.
Lo que acabo de esbozar son algunas de las muchas problemáticas que hoy viven las parejas. Nada de mucho análisis. Sólo un vistazo de lo que advierto. ¿Han notado ustedes la cantidad de tiempo que se pierde peleando por cosas casi intrascendentes o esa maldita manía de terminar la discusión diciendo la última pesadez? Ése es un juego infantil, que refleja el grado de inmadurez que tenemos y que nos impide progresar. Es tan difícil ponerse por un instante en el papel del otro, vivir para el otro, reencantar la relación con gestos, una flor, una canción, un poema, un perfume, en definitiva esa química que surgía en la conquista del galán que andaba tras su pretendida. No debemos dejar de tener esas conductass. El jardín permanecerá, crecerá y se multiplicará. Estamos llamados a fortalecer nuestras relaciones. Es la única forma de que el entorno sea más armónico. Piense usted que si no está bien consigo y su pareja, es difícil que esté bien con el medio. El saber mantenerse en armonía nos hace felices. Eso nos permite ser libres y más seguros.
Es sabido que tanto el hombre como la mujer experimentan las mismas emociones, pero poseen una cultura emotiva distinta. De eso se desprende que, por muchas razones o mitos, pensamos erróneamente que las mujeres son más influenciables que los hombres y que éstos son menos sociables. De eso desprendemos que la pasividad es femenina y el egoísmo, masculino. Por momentos parece que no hablamos el mismo lenguaje o, en definitiva, que vemos la vida con prismas distintos, todo lo cual nos lleva a encerrarnos en el ermitaño que llevamos oculto y que dificulta que el otro nos entienda.
Ceder es entregar un pedacito de racionalidad ante los absurdos que surgen en la cotidianeidad en que hemos transformado la relación. Ceder es aceptar que tengo razón en mi planteamiento pero que mi pareja también tiene sus motivos para tomar tal o cual postura. No todo es blanco o negro. No todo es según nuestro antojo y discreción. Discernimos y desde ese momento tenemos voluntad. No podemos hacer que el otro la pierda y lastime su carácter. Tú y yo edificamos un complemento, donde yo me convierto en tú y tú eres una parte de mí. A partir de esta premisa, se puede crear ese decir que es tan particular: soy tuyo. Pero esto es un proceso, una batalla que debemos dar día tras día para superar la falta de comunicación que puede llevar a un vacío de afecto. Si logramos triunfar juntos, entonces es el amor el que triunfa.